No hay respirador para el libre mercado

Política / Economía 27/03/2020 Por Facundo Piai
Mientras la lógica del liberalismo económico no puede acercar soluciones a la crisis global generada por la pandemia, los estados toman la rienda y lanzan subsidios, exenciones y “salvatajes”.
Xi Jinping
Xi Jinping

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Especial para La Nueva Mañana

Hace poco más de un mes atrás comenzamos a advertir sobre las consecuencias que la propagación del virus tenía en nuestra economía. En la nota “El coronavirus comienza a afectar a las exportaciones de carne cordobesa” señalábamos que los despachos de carne, y eventualmente también los de soja, eran afectados porque millones de chinos del territorio de Wuhan se encontraban en cuarentena y, en consecuencia, la actividad portuaria de esta activa ciudad se veía seriamente afectada. Las consecuencias de la epidemia nos afectaban indirectamente y el aislamiento social nos resultaba más próximo al relato de la ciencia ficción que una realidad cotidiana. 

Con la pandemia del coronavirus desatada, los contagios se cuentan por cientos de miles, las víctimas fatales aumentan descontroladamente día tras día, en efecto, la crisis sanitaria derivó en un deterioro económico generalizado por la inestabilidad y la parálisis de la actividad que genera. Por tanto, no hay unidad productiva, asalariado, empresario, ni gobierno en el mundo que no se vea afectado por esta situación.

La China comunista de Xi Jinping implementará un salvataje económico que otorgará alrededor de 71.200 millones de dólares en créditos a tasa baja para apoyar al sector productivo y a pequeños bancos, además de exenciones impositivas a contribuyentes y empresas.

Contracción económica prolongada

Hay consenso generalizado en que las consecuencias económicas serán más duras que las aparejadas a la última gran debacle global del 2008, puesto que en la crisis de Lheman Brothers y del mundo especulativo de las hipotecas subprime, las economías menos vinculadas con los mercados bursátiles e inmobiliarios norteamericanos se vieron menos afectadas. Ahora, tras las medidas que demanda la pandemia no hay economía en el mundo que no sufra el congelamiento global de la actividad, ni país que no padezca daños colaterales al intentar controlar la propagación del virus. En consonancia con el FMI y el Banco Mundial, voceros del fondo internacional Unigestion estiman que podría haber dos trimestres de contracción económica con repercusiones en el PBI mundial de hasta 3 puntos. La recesión es un hecho incuestionable, sin embargo, al desconocer por cuánto tiempo se expanderá la pandemia, la cuantía de sus efectos son hoy meras aproximaciones.

La evidencia empírica muestra que la pandemia pone a prueba la fortaleza de los Estados nacionales, como así también la organización social, política y económica de los diferentes países, que ya optan por blindar sus fronteras. En consecuencia, aquellos países con Estados fuertes tienen mayor capacidad de respuesta para controlar los contagios y generar las condiciones para el despegue de la actividad. El ejemplo emblemático en este sentido es China, en donde lograron frenar la tasa de propagación con una fenomenal presencia del Estado en el territorio (según relevamientos de la Universidad Johnson Hopkins en base a datos de la OMS, China es uno de los pocos países que logró amesetar la curva de contagios). Asimismo, el número de muertes y de recuperación de los enfermos está ligado a la solvencia de los sistemas sanitarios, las camas y los respiradores disponibles. Allí en donde la lógica mercantilista domina el sistema de salud, los sistemas sanitarios colapsaron, en parte, por su reticencia a invertir en medicina preventiva, considerada como un gasto innecesario por esta lógica.

Una crisis que pone en jaque al liberalismo económico

Las crisis cuando son profundas sacuden a todas las estructuras y ponen en entredicho a los instrumentos teóricos legitimados para observar, analizar y “predecir”. Así como el racionalismo crítico propone para aceptar provisoriamente una hipótesis haberla contrastado con hechos, previamente, como condición necesaria para que el conocimiento avance; aquí, la epidemia es el hecho (la experiencia concreta) que refuta todo el sistema de preceptos fundados en la libertad de los mercados como criterio neurálgico para organizar las relaciones sociales de producción, en particular, y a la comunidad toda. El liberalismo económico es la hipótesis que este desastre generalizado viene a refutar.

Carlos Melconian, ecléctico economista de formación liberal, otrora defensor del superávit fiscal, dijo recientemente que para que la recesiva economía argentina amortigüe el impacto del parate ocasionado por la pandemia, el Estado debe poner plata “para que la gente en la casa se quede tranquila de que tiene trabajo y salario”, mientras que también debe prever que “no se pare la producción. “No hay lugar a la discusión pelotuda de shock o gradualismo. Esto es shock. No hay ninguna duda de que vamos al gasto fiscal expansivo”, afirmó el economista.

La crisis sanitaria derivó en un deterioro económico generalizado por la inestabilidad y la parálisis de la actividad. Por tanto, no hay unidad productiva, asalariado, empresario, ni gobierno en el mundo que no se vea afectado por esta situación.

“Salvatajes”

Estas declaraciones van en consonancia con la respuesta que no pocas economías están implementando frente a la actual crisis. La China comunista de Xi Jinping, por caso, implementará un salvataje económico que busca alentar tanto a la oferta como a la demanda. El Consejo de Estado chino otorgará alrededor de 71.200 millones de dólares en créditos a tasa baja para apoyar al sector productivo y a pequeños bancos. También decidieron eximir de impuestos a pequeños contribuyentes, a la par que muchas empresas recibirán descuentos en los servicios de energía, según publica la agencia de noticias de la República Popular China Xinhua.

Mientras que en Alemania, la economía más grande de Europa, se debate una significativa inyección de liquidez sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, el ministro de Economía y Energía, Peter Altmaier, señaló en rueda de prensa que esperan un descenso de la actividad al menos tan alta como la del año 2008, cuando el PBI alemán cayó un 5%. Para apaciguar la recesión planean un plan de rescate de más de 800 mil millones de euros, destinado, en parte, para la solvencia de las grandes empresas exportadoras debilitadas por el congelamiento global de la actividad. También prevén un paquete de 50 mil millones de euros para los trabajadores independientes y pequeñas empresas. En declaraciones al sitio de noticias teutón Spiegel, el ministro no descartó estatizar empresas estratégicas y enfatizó que buscaran evitar que caigan en manos de capital extranjero dada la desvalorización circunstancial.

Argentina, en el lote de países con medidas “contracíclicas”

Ya son trece los países miembros del G20 que anunciaron distintas medidas de las llamadas contracíclicas (dentro de este grupo se encuentra Argentina); siendo las más repetidas: exenciones o aplazamiento de impuestos y subsidios directos al capital y al trabajo. Por su parte, el gobierno danés está dispuesto a cubrir el 75% de los sueldos de los asalariados privados cuyos puestos de trabajo peligran por la crisis. Asimismo, Estados Unidos e Inglaterra, quienes aplicaron modelos económicos liberal monetaristas durante los setenta de la mano de Reagan y Thatcher, hoy reducen significativamente el valor del crédito para incrementar la liquidez y darle impulso a la economía. El New York Times señala que la Casa Blanca prepara un estímulo de u$s 850.000 millones, a la par que la Reserva Federal anunció una línea de créditos de emergencia. 

A contramano de esta tendencia desatada por la crisis inesperada en donde los gobiernos se fortalecen y comienzan a dirigir los destinos de la economía en detrimento del mercado en la asignación de los recursos se encuentra Brasil. Jair Bolsonaro emitió en medio de la crisis un decreto de flexibilización para los asalariados que permitía a las empresas dejar de pagar salarios durante cuatro meses, para de este modo “preservar empleos”, explicaba el presidente, antes de tener que bajar el artículo legal por la oposición que cosechó en el Congreso, el Poder Judicial y en la mayoría de la población. 

Entre tanta bruma hay algunas certezas, la lógica del mercado libre no aportará soluciones a la debacle.   

 

 

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