Covid-19: los prejuicios y la “semántica bélica” de las pandemias

Sociedad 20/03/2020 Por Miriam Campos
Un evento social como una pandemia arroja sobre la mesa una serie de desigualdades que muchas veces naturalizamos, y que justamente, como indica el sociólogo Martín Eynard, “forman parte del núcleo duro que estructuran nuestra vida cotidiana”.
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La cuarentena en Argentina es percibida con antagonismos, las condiciones socioeconómicas reflejan los puntos de tensión - Foto: NA

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Algo que puede parecer para todos igual, como una patología como el coronavirus, que lleva registrados más de 215.000 casos de infectados en 164 países, puede ser vivenciado de manera muy diversa, según el lugar que cada persona ocupa en el espacio social. 

Es por ello que un problema epidemiológico sanitario también se traslada a otro plano que puede ser el clasismo, la discriminación o la xenofobia y esto, de alguna manera, “es una oportunidad para llevar a cabo una serie de cambios estructurales porque se está viendo una gran radiografía de cómo funciona una sociedad”, dice el sociólogo Martín Eynard, profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y también docente en la Universidad Católica de Córdoba (UCC). Sus investigaciones se vinculan con los procesos de salud atravesados por una mirada socioantropológica.

En 2009, cuando el dengue se convirtió “en la peor epidemia de la historia argentina”, reflejada así en los titulares de los diarios, Eynard junto a la investigadora Raquel Drovetta comenzaron a estudiar cómo se construía socialmente la enfermedad, las metáforas y las adjetivaciones registradas en la prensa escrita cordobesa. 

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Martín Eynard, es Sociólogo profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC en la materia Medicina Antropológica, y también docente en la UC de Córdoba.

Dengue y la mirada de los medios

“Los medios gráficos hacían imputaciones fuertes. Al hacer referencias al dengue, venían además cuestiones xenófobas y racistas, vinculadas a países hermanos fronterizos como Bolivia y Paraguay. Los migrantes pertenecientes a clases sociales populares o menos privilegiadas aparecían como si fueran los portadores de la enfermedad”, explica Eynard y agrega: “Como si fueran los culpables o los chivos expiatorios de una cosa que afectaba a un conjunto”, cuando en realidad la dinámica epidemiológica era bastante específica y ponía en la misma escala para el caldo de cultivo de reproducción del mosquito, tanto a una pileta de natación de barrio Jardín Espinosa sin mantenimiento como a los cacharros de una villa miseria o un barrio humilde de Córdoba.

Para el docente universitario ese tipo de lecturas más socioantropológica que intentan ser siempre críticas y reflexivas, trata de poner el acento en que los "decisores" politicos estén precavidos de utilizar este tipo de vocablos porque  "si no, un problema sanitario también se traslada al plano de los prejuicios". 

En general, durante un marco epidemiológico o pandémico como ocurre ahora con el Covid-19, Eynard destaca que en la medicina y el campo sanitario hay un uso reiterado de una “semántica bélica” para referirse a estos procesos. Expresiones tales como ‘la lucha contra el coronavirus’ o ‘el combate ante la enfermedad’, se oyen y leen con frecuencia en esos contextos. “Esto puede ser peligroso porque confunde los planos de análisis y confunde también la enfermedad con los enfermos y con el enemigo; hay una serie de procesos que homologan que son bastante peligrosos”, explica el investigador.

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Ver cómo se podría perfilar el coronavirus desde una lectura sociológica o antropológica requiere pensar en términos de clases sociales, de género, de nacionalidad y migraciones. 

Según el lugar desde dónde se transite

Para el académico, ver cómo se podría perfilar el coronavirus desde una lectura sociológica o antropológica requiere pensar en términos de clases sociales, de género, de nacionalidad y migraciones. El lugar donde uno está condiciona la perspectiva, percepción y afección de lo que sucede alrededor.

Fueron los asiáticos el centro de insultos y expresiones xenófobas tras las imágenes que llegaban de Wuhan, en China, donde fue el epicentro del brote. Como también lo fue Carmela, la mujer uruguaya que regresó de Italia y asistió a una fiesta con 500 personas en Montevideo, estando infectada del virus.  En una expresión más local, tras conocerse un posible caso positivo, los vecinos de un barrio salteño difundieron a través de las redes sociales la dirección, nombres  y apellido de una familia puesta en cuarentena. Las pandemias también se alimentan del egoísmo, el miedo y del escarnio social.

En ese encuadre, la cuarentena en Argentina es percibida con antagonismos, las posibilidades de acceder a la opción “home office”, con un empleo en blanco con diferencia salarial, hace transicionar de manera diferente a los ciudadanos. “Romantizar la cuarentena es un privilegio de clases”, se lee en las calles.   
 
“Qué pasa con los trabajadores y las trabajadoras precarizadas, con los trabajadores del cuidado de la salud, con todas las trabajadoras y trabajadores del área sanitaria que incluso está dentro del campo precarizado, cuáles son sus obligaciones”, se pregunta Eynard y agrega: “Ahí va a haber una primera línea de personas que van a estar cara a cara, hay que pensar no solo en su salud sino en sus condiciones materiales de producción de sus servicios. Acá no se puede mirar para otro lado”

Hay un margen donde se puede deslocalizar el trabajo, implimentar el teletrabajo, y hay márgenes donde no, y se sabe que esto va a generar daño económico. Ahí tienen que estar presentes distintos mecanismos, no solo el Estado, que está perfecto interpelarlo como garante de derechos, pero también el sector privado. “Si esto es un problema de todos, todos tenemos que hacer una parte según nuestro grado de responsabilidad en el sistema”, puntualiza Eynard. 

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“Qué va a pasar cuando las aguas bajen, qué va a haber sido de nosotros mismos y sobre todo, para proyectar una sociedad que pueda pensar en un nosotros plural en términos sanitarios y no en una lógica de sálvese quien pueda”.

Cuando el virus llega en avión 

Desde el punto de vista de género, se traman una serie de desigualdades que son bastante complejas, como la doble o triple jornada laboral de las mujeres, donde a la carga laboral, en blanco o en negro –la mayoría de las veces- se suma, el trabajo doméstico y el cuidado del núcleo familiar, una versión compleja en tiempos de cuarentena. “Estas no son cosas que se deberían abordar como situaciones individuales o como una problemática de la mujer sino que tiene que tiene que ver con un problema estructural y lo mejor que podemos hacer ahora es verlo para entenderlo y ver cómo vamos a cambiarlo”, completa el docente universitario. 

Por otro lado, en términos de clases sociales, el sociólogo explica que el hecho de que el coronavirus ‘haya entrado por arriba’ y no por un inmigrante de un país limítrofe, sino que haya llegado por avión y que se haya sentado primero en Puerto Madero y no en una villa, eso marca también un perfil en término de medios y su tratamiento, de abordaje estatal y de cómo se va construyendo lo que se entona alrededor del virus. “Es algo que lo tenemos que sacar, o por lo menos ponerlo un poco en tensión”, reflexiona el investigador ya que la situación nos interpela para pensar en otras problemáticas sanitarias de la región, como lo es el Chagas Mazza, “que se quedó esperando atención por décadas”. 

“Qué pasa cuando las aguas bajan porque en algún momento esto dejará de ser un punto de la agenda periodística”, dice el sociólogo y agrega: “Qué va a pasar cuando las aguas bajen, qué va a haber sido de nosotros mismos y sobre todo, para proyectar una sociedad que pueda pensar en un nosotros plural en términos sanitarios y no en una lógica de sálvese quien pueda”.

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