“Lo peor de la grieta es tratarnos con un odio que parece calculado”

Cultura 05/06/2017 Por
Antes de su presentación en Espacio Quality, donde ofreció una experiencia teatral exquisita con su clásico radial “La venganza será terrible”, Alejandro Dolina recibió a LA NUEVA MAÑANA para hablar de la radio, la pasión, los mandatos y la política.
Alejandro Dolina

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Como un juego de ajedrez, donde cada pieza invita a observar y reflexionar y ningún movimiento es igual al inmediato anterior, así es el arte de Dolina; un pensador incorruptible que desafía el paso del tiempo, reinventa el humor en cada improvisación sin perder la calidad, la autenticidad y la estética.

- Si algo caracteriza tu estilo radial es la capacidad de hacer de la realidad una ficción, con qué tiene que ver este juego… ¿te cansa la información o la falta de arte en la radio?.

- Tiene que ver con mis intereses artísticos, no es que haga algo para contestar lo que la radio no me da como oyente. Tal vez sí, tal vez hago el programa que a mí me gustaría escuchar… está bien lo que decís en el sentido de hacer una mezcla de realidad y de ficción, porque con eso voy construyendo patrones que son propios de mi inquietud artística, mediante ciertas conexiones que a veces son ficticias y ficcionales establezco la conexión de tropos, de metáforas con la realidad.

- Y sin embargo escuché decirte que no existe la magia de la radio, ¿cómo es eso?

- Es que yo no veo que sea mágico lo de la radio, es mágica cuando hay un mago, un buen pianista, una buena orquesta, por ejemplo… Ahora cuando hay siete personas que están comentando el frío que hace eso no es mágico. Algunos, no yo, tienen su magia, tienen su encanto pero lo producen a partir del talento artístico, no creo que la radio como medio pueda por sí sola, por su propia naturaleza producir asombro en quien la escucha.

- Cambian las formas, los soportes, los periodistas y ni tu programa ni vos pierden vigencia, ¿cómo se sostiene una audiencia durante tantos años?

- No sé si la mera permanencia sea un mérito, pero puedo usar la palabra vigencia y sí es cierto que todavía hay gente que se interesa en mi programa. Agradezco que así suceda, pero no es que yo siga una receta o un patrón conforme al cual estoy seguro de que la gente va a seguir interesada. Eso es algo que sucede y a veces le sucede a personas que no son muy meritorias, por qué no pensar que a lo mejor yo soy una de esas personas no muy meritorias que por suerte se mantiene en el interés de la gente. Hay muchos programas que tienen varios años en el aire y no todos son buenos.  

- En tu caso, ¿perdiste la pasión con el tiempo o el paso del tiempo aumentó la pasión? ¿Te seguís identificando con el chico soñador que eras?   

- Sí, bastante… pero me parece que yo soy mejor ahora de lo que era cuando chico, así que calculá lo que habré sido… Hay un poema de Homero Manzi que, a partir de un episodio mezquino que había tenido, dice “si pudiera volver, entonces el niño que llevo en mi hombría mataría aquel hombre que hubo en mi niñez”. Yo creo que a veces con la edad uno puede mejorar, uno se saca ciertas mezquindades, ciertos egoísmos y adquiere una templanza que a lo mejor antes no tenía, no digo que me haya ocurrido a mí pero digo que me hubiese gustado que ese fenómeno se hubiera dado en mí. No lo puedo saber, pero ojalá se haya dado de algún modo.

En cuanto a la pasión yo creo que si uno tiene suerte y se ejercita puede obtener en la edad madura un resultado pasional tanto como en la juventud, pero esto requiere una acción. Hay que correr muy ligero para no dejarse atrapar por ciertos fantasmones que andan por allí. Si uno no corre ligero te atrapa la pereza mental, la televisión, la comodidad, la repetición y uno se convierte efectivamente en alguien mucho más desinflado o mucho menos pasional que antes. Es posible siendo uno mayor, repetir la pasión de la juventud pero hay que trabajar para eso.   

- Sos un hombre de sentimientos y verdades profundas, ¿siempre fue así? ¿cuánto influyó el mandato social en tu vida?.

- Influyó muchísimo en mi vida, tanto que me paso tratando de que no influya… en algún punto me hice conciente de esa influencia pero descubrí que uno puede darse cuenta que hay un mandato social que puede actuar en beligerancia, pero podría ser que haya otros aspectos del mandato que son mucho menos evidentes y que sin saber que los cumplimos, los cumplimos. De manera que, como hay que correr muy ligero para permanecer en el mismo lugar, hay que evitar la pereza y otros males; hay que evitar también que el mandato se nos cuele por donde menos pensamos.

Afortunadamente me parece que ciertos mandatos de nuestra sociedad están empezando a desinflarse y a revelar su verdadera condición, esto ocurre especialmente en el mundo de la mujer, la desagradable propensión del hombre a actuar como si fuera el dueño de la mujer, como si la mujer fuera un bien y el hombre su dueño. Esto muy paulatinamente se va haciendo patente en la sociedad y en algún caso estamos reaccionando con cierta racionalidad, pero a veces el viejo mandato aparece en el discurso, en labios de algunos espíritus que atrasan 200 años y ahí retrocedemos un poco, pero es muy difícil eludir el mandato. Yo creo que decir ‘en mí el mandado social no ejerce influencia alguna’ es pensar que uno tiene a los dioses muy de su lado, porque el mandato a veces es evidente pero a veces no.

- ¿De qué renegás cuando mirás para atrás y llega el momento de la autocrítica?.

- Uno no está conforme con casi nada… pero también es un gesto de soberbia decir yo cambiaría mis decisiones… como la gente que termina de escribir un libro y cuando le preguntan si está conforme dice que nunca está conforme. Creo que es un gesto de soberbia porque significa que si uno se lo propusiera, podría escribir mejor. Yo no puedo ni escribir mejor, ni tocar mejor, ni vivir mejor, esto es lo máximo que puedo hacer. Pongo mi alma en esto y sale lo que sale. Si dijera que estoy disconforme asumiría de algún modo que podría hacerlo mejor y la verdad es que no creo. Sí es cierto que hay muchas cosas que hice y me gustaría hacerlas mil veces más, tengo la pizarra en blanco, quiero hacer todo y si ya lo hice mejor, lo hago de nuevo.

- ¿Qué lectura hacés del escenario político actual?

- Creo que hay una grieta, dos posiciones antagónicas bien claras y bien definidas y yo estoy con una de ellas, mi descripción política de la situación actual es un trazo grueso. Hay un gobierno neoliberal y después hay gente que cree que el papel del Estado debe ser otro, yo formo parte de este segundo grupo. Yo creo que el Gobierno debe intervenir y debe propender al crecimiento del mercado interno, debe favorecer el poder adquisitivo de la gente que no sólo es el que le permite vivir mejor sino que permite el desarrollo de una economía en países como el nuestro. El neoliberalismo puede ser deseable en un país central o si uno tiene los intereses de las grandes empresas, pero si uno es un obrero asalariado no creo que el neoliberalismo le venga a salvar la vida.

- ¿Creés que se demoniza a los artistas por expresar su pensamiento político?

- Siempre ha ocurrido así en momentos en que la discusión política es muy amplia como ahora, a veces parece que no pero cuando la controversia es áspera, enconada y hasta odiosa, como lo es en este momento, entonces la gente tiende a enojarse con el que pertenece al bando contrario, sea un artista, un político o un ciudadano común, hay muchas familias que están enemistadas por esta razón. Eso es lo peor de la grieta, tratarnos todos con un odio que parece profesional, básicamente calculado. Eso es horroroso y yo no soy capaz de jugar ese juego.  

No hay argumentos en el debate político argentino, por otra parte este es un debate sencillo, uno quiere liberalismo o uno quiere un gobierno intervencionista y entonces funciona mucho mejor la denuncia, el descrédito, el odio o el torneo a ver quién acredita menos actos de corrupción, como si la corrupción tuviera un tinte político, como si ser de izquierda significara ser corrupto o ser de derecha significara ser corrupto, no es así. El daño social en realidad es mucho mayor con las políticas equivocadas que con los actos de corrupción.  

 

 

 

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