Un libro com o metáfora de la historia del ser argentino

Cultura 25/05/2019 Por Barbi Couto
“La cabeza de Mariano Rosas” recupera la historia de los indios ranqueles y su cacique Panguitruz Güor. El libro se presentará en pocos días en nuestra ciudad. La Nueva Mañana entrevistó a su autor Sergio Schmucler.
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La novela del escritor, guionista y director de cine Sergio Schmucler atiende a un tema histórico pero desde una ficcionalización de la trama. Foto: gentileza.

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Especial para La Nueva Mañana

El mundo editorial está compuesto por una multiplicidad de géneros, literarios, ensayísticos, informativos, que ofrecen una cierta mirada del mundo desde un código de lectura que autores y lectores comparten acerca de la verosimilitud o no de lo narrado. A veces el autor cruza los géneros en la frontera de la ficción y la no ficción.

La novela atiende a un tema histórico pero desde una ficcionalización importante sobre la trama para contar la historia que se desea. El escritor, guionista y director de cine Sergio Schmucler eligió este camino para su novela “La cabeza de Mariano Rosas”, donde recupera a dos personajes históricos de fines del siglo XIX, la del escritor y militar Lucio Mansilla y la de Panguitruz Güor, cacique ranquel bautizado como Mariano Rosas durante sus años de cercanía a Juan Manuel de Rosas. En entrevista con La Nueva Mañana, Schmucler comparte sus motivaciones, detalles sobre el proceso de investigación y ficcionalización y la recepción que el libro está recibiendo en estas sus primeras presentaciones.

¿Cuál fue tu motivación para investigar y escribir sobre la historia de Mansilla y Mariano Rosas?

- Se me ocurrió pensar en esto a partir de las películas de Belgrano y San Martín, que se hicieron relativamente hace poco, y tuve una sensación extraña: ¿cómo puede ser que nuestros héroes patrios siempre hablen en español, como españoles? Entonces recordé lo que sabía de Mariano Rosas y los ranqueles y me dije que quizá Mariano Rosas podría ser un héroe nacional.

Por otro lado empecé a pensar que un hombre como Lucio V. Mansilla, culto, un dandy, un hombre fundamental en la política de la generación de los 80, amigo de Sarmiento, amigo de Roca, pero a su vez con la desgracia paradójica de haber sido el sobrino dilecto de Don Juan Manuel de Rosas, un hombre como él que en 1870 escribió en “Una excursión a los indios ranqueles…” cosas maravillosas defendiendo la existencia y la importancia de las comunidades ranqueles, un tipo que escribió cosas como: “Yo que he estado en los hoteles más importantes de Londres y de París nunca dormí tan bien como en las tolderías de Mariano Rosas…” Y que siete años después firmó como diputado los decretos que llevan a la última Campaña del Desierto, es decir al exterminio de esos mismos pueblos. En esa ambigüedad, en esa contradicción brutal, me permití descubrir la posibilidad de una metáfora de la historia del ser argentino. Y fundamentalmente una tercera razón es que me permite entrar a reflexionar sobre un tema central en mi vida que es el tema del desarraigo y la idea de patria.

¿Cómo fue el desarrollo de la investigación?

- Fue un tiempo de sumergirme en las obras de Estanislao Zeballos, las primeras que nos traen desde el punto de vista militar la vida de los pueblos ranqueles. También otros libros de historia y toda la literatura que escribió Mansilla, inclusive su obra de teatro, las maravillosas novelas de Eduarda Mansilla, su hermana, y todo el material que pude conseguir del libro que escribió David Viñas que finalmente decidió nunca publicar, que se llama “Mansilla entre Rozas y París” y tuve la suerte de poder revisar con mucha paciencia.

¿Y para ficcionalizar esta historia?

- Con ese material bibliográfico y la relectura insistente de “La excursión a los indios ranqueles” empecé a imaginar la estructura central de la trama, el cuento adonde se iba a vaciar toda esta información histórica y ficcional: una estructura lineal primaria que tiene que ver con esta idea del viejo Mansilla de animarse a imaginar que podía llegar al Museo de Ciencias Naturales de La Plata y robar la cabeza de Mariano y llevarla al Leubucó, de una manera temeraria, alucinada, casi a los 80 años y ciego, acompañado por un extranjero que poco sabía y poco lo podía ayudar...

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Dentro de este monumento reposa el cráneo de Panguitruz Güor, Mariano Rosas. Está junto a la laguna de Leubucó, en La Pampa. En el lugar donde estaba la tumba del gran Lonko ranquel y que el coronel Racedo profanó para robar su cuerpo en la última y feroz batalla contra los pueblos originarios del sur, bajo las órdenes de Julio Argentina Roca. (Fuente: Fanpage La cabeza de mariano Rosas).



En la elección del título optás por nombrar al cacique como Mariano Rosas en vez de Panguitruz Güor, ¿qué determinó la elección?

- Porque me pareció importante que desde el título mismo de la novela el potencial lector supiera que iba a estar frente a una historia profunda, brutal y directamente vinculada a uno de los apellidos centrales del siglo XIX: Don Juan Manuel de Rosas. Tanto Mansilla que fue el sobrino dilecto de Rosas como el propio Panguitruz Güor (que fue adoptado por él, fue su ahijado y recibió su apellido y estuvo secuestrado porque también hay que decirlo de esta manera durante nueve años), tienen como hilo conductor el hecho de ser atravesados por la figura central de la historia del siglo XIX.

Mansilla y Panguitruz son los personajes principales que sostienen la novela, pero Meir Gueiser cumple un papel importante que introduce, además, el tema del anarquismo, ¿cómo llegás a la construcción del perfil de este personaje?

- Respecto a Meir Gueiser de algún modo es una manera de respetar la lógica que tuvo Mansilla al escribir “Una excursión…”, a través del género epistolar usó un personaje que lo  lee, que es Santiago Arcos, chileno de una familia burguesa muy importante que se volvió un hombre muy de izquierda,y compartía con Mansilla ciertas experiencias.

Entonces de algún modo quise jugar con esa idea de que ahora viejo otra vez encontró un interlocutor extraño: Meir Gueiser. En la presencia de un judío anarquista de algún modo repetía el esquema ahora el viejo Mansilla de tener de interlocutor un personaje ideológicamente parecido pero 40 años después. También por supuesto su característica como judío implicaba la posibilidad de comprender la discriminación y la política genocida de un Estado por su propia vida y a través de esto la posibilidad de generar una rápida universalización de la experiencia vivida por los ranqueles, narrada por Mansilla y que atravesó con tanta fuerza a este personaje.

¿Cómo fue recibido el libro por los pueblos originarios?

- Acabo de estar en la Pampa en Santa Rosa, en donde se presentaron varios lonkos ranqueles en la presentación. Sobre todo en Huinca Renancó fue maravilloso, muy interesante. Ellos mostraron la preocupación de que no fuera una novela como las que se pusieron de moda, melodramáticas que hablan de cómo vivían ellos y en ninguna de esas escrituras a los autores se les ha ocurrido primero ir a escucharlos.

Y eso les molesta mucho, que alguien hable por ellos. En ese sentido les pareció muy bien, aplaudieron de algún modo mi decisión de que el personaje narrador central sea Mansilla, que era un blanco como yo y que no metí en boca de Mariano nada más que pequeñas acotaciones o pequeños momentos y muy respetuoso de lo que fui leyendo acerca de la escritura de algunas cartas que sí efectivamente hizo Mariano.

Nota relacionada:

Marcapaginas 24-5Marcapáginas: La cabeza de Mariano Rosas

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