Alta Gracia: la interna del PJ desató una grave crisis institucional

Política / Economía 24/05/2019 Por
El enfrentamiento entre el intendente Torres y el legislador Saieg tiene correlatos bochornosos en el Concejo Deliberante y hace peligrar la continuidad del PJ al frente del municipio.
 Juan Manuel Saieg
- Conferencia de prensa del viceintendente Juan Manuel Saieg.

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Especial para La Nueva Mañana

La ciudad de Alta Gracia es habitual locación para la filmación de películas de todo tipo; sus paisajes y sus edificios jesuíticos son a menudo elegidos para recrear escenas de época, actualmente hay media docena de películas locales en proceso de producción, filmación o estreno. Pero lo que se vive por estas semanas en la ciudad del Tajamar no pertenece a alguno de los géneros del Séptimo Arte, aunque no pocos lo califican como “una película de terror”. La interna del justicialismo local, que estalló el 12 de mayo pasado, suma capítulos nuevos diariamente –cual adictiva serie de Netflix- y desató una crisis institucional de consecuencias impredecibles.

El enfrentamiento entre los sectores que responden al intendente Facundo Torres y el legislador Walter Saieg viene de larga data. Uno más cercano al ex ministro Hugo Testa, el otro referenciado fuertemente con el ex gobernador José Manuel de la Sota, los dos dirigentes han sellado un matrimonio político por conveniencia que duró varios años y que tuvo varios momentos críticos.

En 2011, por caso, algo se rompió la noche en la que Saieg festejó su reelección como legislador departamental y en el mismo acto anunció que iría por la Intendencia, que a la postre ganó. Pero mal o bien la convivencia siguió, hasta que la noche de la pasada elección provincial en la sede del PJ se inició una serie de enfrentamientos que fue escalando hasta tener hoy, a meses de las elecciones municipales, al Viceintendente Juan Manuel Saieg apoyando la carpa que instaló frente al municipio el puñado de empleados que Torres despidió. Algo nunca visto en la ciudad.

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Saieg  apoyó el reclamo de empleados que Torres despidió, los extrabajadores montaron una scarpa que se instaló frente al municipio.

 


Poderes en conflicto

A horas del triunfo arrollador de Schiaretti en la provincia y el Departamento, que depositó a Saieg y a Torres en la Legislatura provincial, las facciones se cruzaron en la sede del PJ local. Desde temprano los militantes del ex ministro de Gobierno del delasotismo “coparon” el edificio e impidieron primero que Hugo Testa accediera al escenario, luego que la militancia que responde a Torres participaran de los festejos, tanto que debieron celebrar la victoria en la calle. 

La sorpresa mayor se produjo a las 9.33 del lunes 13: el bloque radical en el Concejo Deliberante ingresó un proyecto de Código Electoral, que establecía la instauración de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias en el ámbito municipal, una herramienta electoral que en Córdoba sólo tienen Colonia Caroya y Río Tercero.

El concejal radical Roberto Brunengo defendió el proyecto recordando que cuatro años atrás había presentado una iniciativa similar, lo presentó como “un acuerdo con un sector del peronismo” y aseguró que la idea redundaría en “mayor democracia”, una mirada al menos discutible en tanto prevé un piso del 8 por ciento, bastante más que el 1,5 por ciento de las PASO nacionales.

La lectura política era clara: el proyecto radical metía la cuchara de lleno en la sopa interna del PJ. Porque los movimientos de Saieg de cara a la elección municipal de ¿septiembre? próximo estaban orientados, como tantas otras veces, a hacer valer su poder territorial y decidir la cabeza de fórmula a la Intendencia, siendo él mismo si fuese necesario. Y Torres, un intendente joven que encarna la renovación partidaria y goza de buena imagen local, insistía con ir a una interna dada la supuesta ventaja en las encuestas que ostentaría Marcos, su hermano y Secretario de Gobierno.

Así las cosas, el proyecto de PASO presentado por la UCR con aval del Intendente, un tiro en la línea de flotación de las aspiraciones de Saieg, fue aprobado por amplia mayoría en la sesión del 15 de mayo pasado.



Pasacalles
Saieg y Torres, unidos en un pasacalle de la campaña para el 12 de mayo. Hoy las diferencias son insalvables.




Y conflicto de poderes

Lo que sobrevino de esa aprobación exprés encarna ribetes dignos de películas próximas al género de terror. Por considerar que “el trámite legislativo no está concluido”, el viceintendente Juan Manuel Saieg –es obvio que responde a su primo- y el secretario legislativo Javier Almada se negaron a firmar el proyecto y darle el pase al Ejecutivo, mientras partidos locales trinaron públicamente por el piso del 8% -bajo la acusación de “restrictivo”- y Torres respondía despidiendo a un puñado de contratados que él mismo tomó, por estar vinculados al legislador. Así, se produjeron dos situaciones inéditas en la ciudad: la presencia de un viceintendente reclamando al propio intendente en la plaza Solares, junto a los despedidos, y la existencia de una ordenanza aprobada y proclamada pero no promulgada, y por lo tanto carente de vigencia.

En el ínterin, dos gaffes dieron tonos de comedia al escándalo. Torres anunció el veto de la cláusula del 8 por ciento que tanto escozor causó en una decena de partidos y espacios políticos locales –cuando el piso no provino de un análisis fundado sino del acuerdo político que incluyó a su sector- y el Socialismo sacó un comunicado primero apoyando el proyecto, otro al día siguiente criticando el 8% y un tercero días más tarde llamando al “diálogo político” entre las distintas fuerzas.

El round político prosiguió este miércoles 22, cuando una nueva sesión del deliberativo a sala llena volvió a poner sobre la mesa las tensiones sin remedio que afectan al oficialismo local, y que devienen en una crisis institucional sin precedentes.

Los ediles que habían aprobado el código electoral acorralaron al viceintendente para que trajera al recinto el texto sancionado y lo firmara, para pasarlo al Ejecutivo. Saieg se negó y a mano alzada todos los concejales que participan del acuerdo –menos un ausente- votaron suspenderlo y que dos de ellos suplieran a él y al secretario legislativo.

De un lado se acusaba un mini golpe de estado y conflicto de poderes, amenazando con denuncias en la fiscalía; del otro, de interferencia en la tarea legislativa incumpliendo los deberes de funcionario público. Otro concejal, secretario general del sindicato municipal, apenas pasó a saludar: ni se sentó en su banca ni se lo vio apoyando a los empleados despedidos.


Lo cierto es que se decretó un cuarto intermedio, del cual los ediles no regresaron, salvo para dar todos, por separados, tres sucesivas conferencias de prensa que apenas sirvieron para ratificar las insalvables diferencias. Mientras, el código electoral sigue sin ser promulgado, el calendario corre y la sociedad observa atónita cómo una interna partidaria con actores de todo pelaje termina minando la institucionalidad local.

Cuentan algunos libros de Historia que allá en 1974, cuando el Navarrazo, el presidente Juan Domingo Perón dijo que “si no saben resolver sus problemas, que los cordobeses se cuezan en su propia salsa”. Está por verse si intervendrá en este conflicto el reelecto gobernador Juan Schiaretti, pero sí es seguro que este estofado altagraciense ya está tomando un marcado mal olor.

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