Natasha vuela de palo a palo y de sueño en sueño

Deportes 26/04/2019 Por
La cordobesa Natasha Mondino, que se revolcaba en la liga riocuartense y cordobesa, está desde octubre atajando en el fútbol español. Una historia de perseverancia.
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El sol ya se escondió. Pero la pelota sigue picando. Algunas estrellas son testigos en el barrio Jardín Centro de Alcira Gigena, donde a pesar de ser pasada la medianoche, no les importa a los que están jugando en la canchita. Y ella se tira y saca la pelota al córner. Se revuelca en el suelo y está pletórica. Pero esa sonrisa pronto se le borra. Porque observa que a lo lejos viene su mamá con un rostro no muy feliz.

- ¡Natashaaaa! Ya, ya... ¿qué te dije? ¡Mirá la hora que es! – el grito se escucha fuerte. Y Natasha Mondino, con su rostro preocupado, sale corriendo para su casa, que está a unos metros de la canchita. Atrás quedó la pelota, pero sólo por unas horas.

Ya en el comedor del hogar, no hay reprimenda. Solo advertencia. “Natasha, sos una nena. Tenés que tener cuidado que esos chicos no te golpeen”... le pedía, le suplicaba Shirley.

Esa imagen era habitual hace unos años en aquella barriada del pueblo que está a 170 kilómetros de Córdoba Capital, cuando Natasha era una niña que le gustaba ir a jugar con sus primos, pero por sobre todo ir al arco. Y volar. Hoy esa pasión la llevó a atajar al fútbol europeo. Actualmente milita en el Deportivo Monte, de la Segunda división del fútbol español. Vive del fútbol, como tanto anheló. Pero antes hay toda una historia.

“Hacer oídos sordos”

De niña le gustaba a Mondino hacer deportes. Y el arco la atraía de manera especial. Le gustaba tirarse. Por eso a su mamá le preocupaba, temía que la lastimaran. Porque al comienzo de su andar atajando en canchitas de fútbol lo hacía con nenes. Y se escuchaban esos comentarios hirientes. “Esa nena es una machona”. Ella nunca le prestó atención. Era feliz volando de palo a palo, y cuando sacaba una pelota imposible, su felicidad tapaba cualquier mala lengua.

“Me decían que era un juego de hombres... Siempre escuchaba que ‘sos una machona porque jugas al fútbol’... Yo jamás le presté atención. Nunca le di bola a lo que decían”, le cuenta Natasha a La Nueva Mañana desde la ciudad española de Santander. Esa ciudad que le cambió la vida y le permite sentirse una jugadora de fútbol... como soñaba cuando era una niña.

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En Gigena, junto a la Municipalidad, Natasha Mondino tenía el año pasado una escuela de fútbol femenino, donde asistían más de 70 niñas.

Cuando estaba entrando a la adolescencia se le hizo muy complicado seguir jugando al fútbol. No había lugar en la liga. Hizo un tiempo hockey. Pero extrañaba atajar pelotazos. Y a los 14 años decidió regresar. Volvió al fútbol. En el pueblo se hizo un equipo de fútbol femenino y empezaron a viajar a General Deheza, a Río Cuarto, jugando por la zona. El hockey sobre césped quedó en el pasado. Y siguió jugando a la pelota.

Hasta que un día de enero de 2012 la filial de Talleres en Alcira Gigena hizo una prueba. Y allá fue Natasha. Y quedó. Y sus sueños de fútbol crecieron de manera increíble. “Era todo diferente, hacia lo que me gustaba, entrenar en un club, en una cancha grande, y en ¡Talleres!”, narra la arquera.

Y en Talleres vivió momentos de mucha felicidad. Estuvo hasta comienzos de 2018. Tuvo que dejar el club de barrio Jardín por circunstancias económicas. Toda una habitual realidad para las chicas que practican fútbol en Argentina. Remarla y remarla...

Es que Natasha viajaba prácticamente todos los días desde Gigena a Córdoba para entrenar. “Los gastos eran cada vez más grandes. A veces hacíamos rifas con las chicas y el entrenador para poder pagarme el pasaje. Pero después con cómo estaba el país no se pudo más. Al final era trabajar sólo para poder jugar al fútbol...”, contó la guardavallas de 26 años.

Entonces, el año pasado jugó en Estudiantes de Río Cuarto. Y aunque debía seguir viajando, la distancia era más corta y, además, en el “Imperio del Sur” también estudiaba su carrera: profesorado en artes visuales.

La propuesta

El fútbol, los estudios, el trabajo... Pero jamás se resignó a seguir volando de palo a palo y poder vivir de eso. Y en septiembre un representante la habló y le contó de la posibilidad de ir a Europa. ¡Ir a Europa a atajar! Su corazón latió fuertísimo. Y hubo acuerdo. Y en octubre armó las valijas, dejó todo por su sueño, y se fue a España. Se sumó al Deportivo Monte de la ciudad de Santander.

“Yo quería tirarme. Me aburría ir al centro. Siempre me gustó el arco”, relata Mondino, admiradora de Hope Solo, Iker Casillas, Nahuel Guzmán, y claro, como hincha de Talleres, de Guido Herrera. Con Guido tuvieron muchas charlas. Ella siempre le pedía consejos y el arquero del plantel masculino se los daba gustoso.
Más allá de su amor por el arco, Mondino buscó consejos y capacitarse. Por eso, al jugo que le sacó a las palabras de Herrera, mientras estaba en Talleres, le sumó que, también, practicaba aparte en club Lugardi, de su pueblo, con un entrenador de arqueros.

Con un carácter fuerte bajo los tres palos. “Se le nota pasta de líder”, le contaron a este medio. Y esa fortaleza le permitió llegar a España y mantenerse.

“Es muy diferente. La técnica de las chicas de acá es muy importante y al comienzo me costó. Pero le di fuerte al entrenamiento y hoy creo que ya estoy al nivel de ellas”, relata. Y a propósito de ese carácter, Mondino recuerda: “Me defino como una arquera muy loca- se ríe-. En mi tercer partido acá hice un penal. Salí a buscar la pelota y fui con todo, y agarré pelota y jugadora, todo. Así soy. Pero lo estoy trabajando con mucho entrenamiento. El entrenamiento acá es profesional, en cancha sintética…”

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“A la Selección argentina siempre la vi de lejos, porque a las chicas del interior pocas vecen nos ven. El año pasado empezaron a ver a las chicas más jovencitas. A lo mejor ahora que estoy en España se enteran, y me puedan conocer”.

La cordobesa está hospedada en un departamento que le alquiló el club, que, además, le da la comida y un trabajo entrenando a las arqueras de las inferiores.

Admiradora de Cristiano Ronaldo, cuenta su vida en aquellas tierras y explica: “De estar seis años viajando todos los días y trabajando para jugar a este presente me pone muy contenta. Ahora estoy muy bien y tranquila. Te da gusto levantarte a la mañana para ir a entrenar. Los entrenamientos son profesionales, tenemos vestuarios donde nos bañamos todas juntas. En Argentina no se puede, no te podes bañar en un vestuario porque te dicen ‘no, no, ése es para los varones’...”

Aunque, por supuesto, hay días que extraña. Y mucho. Fundamentalmente a su mamá. Porque más allá de la escena narrada al inicio del texto, Shirley siempre la apoyó, la acompañó en todo para que Natasha pudiera hacerse camino en sus sueños de arquera. “De Argentina extraño a mi mamá. Cuando volvía de entrenar, llegaba a casa y ella me esperaba con ropa limpia, con la comida. Siempre me bancó. Al comienzo no le gustaba porque tenía miedo que me golpearan. Pero cuando empecé a jugar con mujeres cambió de opinión. Ella siempre me quería cuidar y me apoyó”.

 

 

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