Una cuestión Capital: la centralidad cordobesa en el reparto del poder

La Ciudad de Córdoba se impone como el único territorio desde el cual los referentes logran construir una proyección provincial. ¿Qué le queda a los intendentes del interior?
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Ilustración: Daniel "Pito" Campos

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Especial para La Nueva Mañana

Desde el principio de los tiempos políticos, la cuestión del centralismo en la República Argentina se supo mantener al pie de las discusiones que se esbozan desde todos los sectores del arco representativo. Córdoba lo ha enfrentado históricamente, a modo de contraataque, levantando una bandera que la supo ubicar, casi siempre desde el retorno democrático, en la vereda política opuesta a la de las administraciones nacionales. Apenas si la convivencia entre Angeloz y Alfonsín y una buena relación inicial entre De la Sota y el kirchnerismo logran sortear esa suerte histórica de las administraciones locales. Algunos también dirán que la convivencia entre Macri y Schiaretti podría sumarse a ese pequeño listado.

Lo cierto es que ni siquiera la isla radical ni el cordobesismo delasotista pudieron romper con esa cultura nacional a la hora de construir referencias políticas en el territorio propio. Sólo basta mirar el listado de candidatos a la gobernación que disputarán por el poder provincial el próximo 12 de mayo para caer en la cuenta de que la mayor parte de los aspirantes o bien nacieron en la capital o bien impulsaron su carrera desde la Ciudad de Córdoba. Sólo Carlos Alberto Bianco (U.Ce.De.) y Eduardo Mulhall (Nuevo MAS) tienen una experiencia política consolidada previa a su llegada a "la docta", los demás se erigieron como referentes desde el centro político cordobés que parece ser el único faro válido para la proyección provincial.

Los gobernadores

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La centralidad de la capital no se contempla sólo desde los ojos del presente. Un repaso histórico por los nombres que condujeron los destinos de la provincia desde el regreso democrático también sirve como ejemplo concreto de dicho fenómeno.

Eduardo César Angeloz había nacido en Río Tercero, pero fue en Córdoba el lugar en el que transcurrió toda su vida política. Su primer cargo partidario fue como Presidente del Comité de la Juventud de la UCR de la ciudad en 1953 y desde allí comenzó una trayectoria que lo llevó a convertirse en senador nacional (por primera vez) veinte años más tarde. Tras la dictadura, se convirtió Gobernador de la Provincia y fue reelecto en dos oportunidades. No pudo terminar su tercer mandato y renunció en 1995, a meses de cumplirse el plazo estipulado por la norma constitucional.

Su sucesor fue Ramón Bautista Mestre, un sanjuanino que había llegado a gobernar la capital cordobesa durante dos períodos entre 1983 y 1991. Heredero de la crisis de su antecesor y hacedor de sus propios fantasmas internos, anticipó la convocatoria a elecciones a diciembre de 1998 y vio caer sus deseos reeleccionistas en manos de José Manuel De la Sota, que en su tercer intento lograba llevar al peronismo al lugar que le era esquivo desde la elección que Obregón Cano había ganado en 1973.

El resto es historia reciente y, por ello, más conocida. De la Sota alternó en el poder con Juan Schiaretti, también cordobés, y juntos construyeron una unidad al interior del justicialismo que les permitió dar vuelta la taba de la historia mediterránea: la otrora provincia radical se convirtió en la actual provincia peronista.

Los opositores

La centralidad histórica de la capital no se observa sólo en la enumeración de los gobernadores, sino también en un repaso por quienes fueron, en cada elección particular, los principales oponentes a los candidatos triunfantes.

En 1983, el candidato del PJ fue Raúl Bercovich Rodríguez, un peronista ortodoxo que había llegado a ser interventor de la provincia reemplazando al Brigadier Raúl Lacabanne entre 1975 y 1976. Lo había designado Ítalo Argentino Luder, justamente el hombre que lo acompañó desde lo más alto de aquella boleta peronista que inauguró la democracia moderna en la Argentina.

José Manuel De la Sota fue candidato en 1987 y 1991, cuando tras su segunda derrota comenzó a perder poder al interior del partido que lentamente fue desplazándolo de su liderazgo. En 1995, con un radicalismo en aparente retirada por los escándalos de corrupción que iban a terminar empujando a Angeloz a desprenderse del mando provincial, el peronismo decidió postular al Juez Guillermo Johnson. No alcanzó.

Según cuenta la historia, la decisión se tomó en el despacho del entonces Secretario General de la Presidencia, Eduardo Bauzá. Se le llamó “el acuerdo de los cuatro” al ser fruto del encuentro de todas las líneas internas del peronismo de la provincia, lideradas entonces por Leonor Alarcia, Julio César Aráoz, José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti, todos cordobeses.

En 1998, Mestre perdió la elección con De la Sota y abrió el camino para la historia del peronismo triunfante en el centro del país. Los principales oponentes que tuvo a lo largo de sus carreras electorales fueron Oscar Aguad (en 2003) y Luis Juez (en 2011), ambos dirigentes cordobeses fueron también los rivales que tuvo que vencer Juan Schiaretti en sus dos mandatos como gobernador: el ex Intendente capitalino fue su inmediato perseguidor en el 2007 y el radical fue el segundo candidato más votado en el 2015.

Los intendentes

En este contexto, el lugar aspiracional para los jefes comunales que dejan sus administraciones en el interior provincial es la Legislatura de Córdoba. Generalmente recalan allí luego de completar los mandatos permitidos por sus cartas orgánicas, tras un puñado de gestiones que obligan a la renovación, motorizados por algún tipo de estrategia partidaria o por apuestas puramente personales. Ocupan espacios trascendentales en las listas por distrito único o, lo que suele ser más común, son enviados a imponer su influencia en las disputas por las bancas departamentales. El salto alternativo puede ser una promesa en alguna secretaría de Estado, pero casi nunca una aspiración entre los dos lugares que ocupan las fotos centrales durante las campañas que se replican cada cuatro años.

Sólo tres intendentes del interior provincial llegaron al Ejecutivo cordobés: Edgardo Grosso, el primer y último vice de Angeloz, fue Intendente de General Cabrera entre 1963 y 1967; Alicia Pregno, primera y única mujer vicegobernadora en la historia de Córdoba durante el tercer mandato de De la Sota venía de gobernar la Ciudad de Laboulaye; y Martín Llaryora, compañero de fórmula de Schiaretti en el 2015, había estado al frente de la Municipalidad de San Francisco en dos oportunidades entre 2007 y 2015.

Salvando la elección por venir, sólo en el año 2007 hubo una fórmula integrada por dos Intendentes en funciones al momento de la elección. Casi por la naturaleza política que venimos describiendo, el cordobés Luis Juez encabezó el binomio que se completaba con Antonio Benigno Rins, titular del Ejecutivo de la Ciudad de Río Cuarto, casualmente capital alterna de la Provincia.

En esta historia, esa compulsa fue la que batió el récord en materia de políticos con experiencias al frente de municipios participando por un lugar en el Ejecutivo: tres. La nómina se completaba con Miguel Ángel “Chicharra” Abella, el dos veces Intendente de “el imperio del sur” en los primeros años del retorno democrático, que fue el aspirante a vice de Oscar Aguad.

En el 2015, el intendente de Villa María Eduardo Accastello fue el candidato a gobernador que intentó romper, sin suerte, la tendencia histórica en la suerte de los mandatarios del interior. Ocupó el tercer lugar en una elección que se terminó por polarizar entre el gobierno provincial y el ensayo de Cambiemos que se llamó Juntos por Córdoba. En la elección del 12 de mayo, sólo el radicalismo pone a pelear a un intendente no cordobés en la batalla por el Ejecutivo provincial: Carlos Briner, actual intendente de Bell Ville, es el compañero de fórmula de Ramón Mestre.

Región Centro

Si la forma en que Córdoba reparte el poder provincial se compara con sus dos pares en la Región Centro, la afirmación de la centralidad ejercida por la capital mediterránea se hace más evidente.

En Santa Fe el poder estuvo territorialmente más repartido. A José María Vernet, Víctor Reviglio y Carlos Reutemann, tres gobernadores de militancias e incursiones en la política de distinta naturaleza, le siguieron un Intendente de la capital santafesina (Jorge Obeid), dos titulares de la poderosa Municipalidad de Rosario (Miguel Lifschitz y Hermes Binner ) y un ex Intendente de Las Parejas (Antonio Bonfatti).

Una situación similar se da en Entre Ríos, en la que desde el regreso democrático sólo un Intendente de la capital llegó a ser Gobernador: Mario Armando Moine, que gobernó Paraná en el período 1987-1991 y se hizo cargo del poder de la provincia entre 1991 y 1995. Además, al frente de la Casa de Gobierno estuvieron dos Intendentes de Concordia (Jorge Busti y Gustavo Bordet) y uno de General Campos (Sergio Urribarri).

  

 

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