Carlos Bettiol: el hombre al que la dictadura terminó de matar en el 2012

Sociedad 25/03/2017 Por
Fue secuestrado el 30 de junio de 1977 mientras cursaba la carrera de Filosofía, en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Pasó tres meses en Mansión Seré y tres años detenido en la cárcel de La Plata. Las huellas de la tortura lo mataron 35 años después.
carlos bettiol
Marcela, hermana de Carlos Bettiol, detenido y torturado en Mansión Seré, sostiene su retrato.

Carlos Bettiol fue secuestrado el 30 de junio de 1977 cuando tenía 22 años y cursaba la carrera de Filosofía en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Estuvo tres meses en Mansión Seré y tres años detenido en la cárcel de La Plata.

La picana, durante esos 90 días en Mansión Seré, le imprimió huellas imborrables que ni él sabía que tenía.

Recién 35 años más tarde, cuando los médicos revisaron su cuerpo, descubrieron que su corazón estaba atravesado de cicatrices producto de numerosos y antiguos infartos. Las rayas angostas crucificaban el músculo muerto yendo de derecha a izquierda, de arriba hacia abajo. 

La muerte que reinaba en el centro clandestino de detención le había quedado impregnada, latente, agazapada.

Cuando su hermana Marcela tenía nueve años viajó a Buenos Aires junto a sus padres para buscarlo: “Estuvo desaparecido tres meses hasta que lo blanquearon, como se decía en la jerga militar. Durante el tiempo donde no supimos nada de él estuvo secuestrado en Mansión Seré. Después lo trasladaron a la cárcel de Haedo y por último a de La Plata”. 

Para ese entonces, Carlos ya había sufrido los tres infartos, con sus respectivas cicatrices. "Por el dolor de la tortura, no alcanzó a sentirlos, ni a recordarlos. Falleció a los 57 años, consecuencia de las heridas de aquellos años", cuenta Marcela, docente de la Escuela Normal de Río Cuarto.

Carlos Bettiol murió en el 2012, víctima de la última dictadura cívico militar argentina. Su caso deja al descubierto cuán presente está el pasado y cuán abiertas las heridas.

En su memoria y la de cuatro estudiantes del Normal de Río Cuarto desaparecidos, se descubrió una placa que el 23 de noviembre de 2015, un día después de que en la escuela se realizara el balotaje presidencial del que resultó presidente Mauricio Macri, desapareció. Un espacio en blanco y cuatro orificios vacíos fue todo lo que quedó. Cuatro orificios, como una metáfora de esas cuatro vidas truncadas por la violencia institucional.

“Cuando suceden estas cosas es cuando más entendemos que hay que seguir trabajando para construir un futuro desde la defensa de la libertad y de la justicia.  Desde la escuela se ha apoyado la iniciativa de trabajar especialmente con actividades que fortalezcan los derechos humanos”, concluye Marcela.

Hasta su muerte, Carlos fue un militante activo por los derechos humanos. Junto al esposo de Marcela, también preso político, participó en el proyecto “Derechos humanos, ayer, hoy y siempre” compartiendo su testimonio con estudiantes de la primaria y la secundaria de la Escuela Normal y participando en los talleres de formación de jóvenes de la agrupación HIJOS.

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