"No se puede prescindir del fútbol para estudiar nuestro tiempo"

El escritor y periodista mexicano Juan Villoro dialogó sobre el mundo del fútbol y las letras relacionadas a este deporte. (*)
JUAN VILLORO

El fútbol es apasionante desde su juego hasta de las tertulias que este deporte provoca; y escuchar o leer a aquellos que tienen un pensamiento reflexivo tiene un gusto especial. En este ciclo de charlas sobre pensar el fútbol desde la literatura, dialogamos con el premiado escritor y periodista mexicano Juan Villoro.

En sus libros se destaca la calidad de su prosa, su ojo clínico para la observación, capaz de pasar por el relato más alocado al ensayo más detallista. Su pluma se destaca tanto en una obra periodística, como en los relatos o en sus afamadas novelas. Por ende, esta conversación disparó distintos tópicos, donde el mexicano regaló conceptos por doquier.

- "Supongo que el paraíso de los delanteros está lleno de balones"... No soy delantero, pero esa imagen que usted le hace decir al protagonista en el cuento El Silbido, la tuve tantas veces. ¿Usted también?
- Depende, porque yo creo que el cielo de los delanteros es uno, y el cielo de los arqueros es otro. Para un jugador de campo el paraíso son los balones, en cambio para los porteros el paraíso es despejarlos. Eso es interesante en el fútbol, porque cada posición define una psicología. Los que defienden quiere expulsar los balones del campo, los que atacan quieren adueñarse. El publico privilegia a lso artífices que se quieren quedar con la pelota, pero creo que hay distintos cielos para el fútbol y difícilmente los arqueros vayan la mismo cielo. Lo bueno es que ambos coinciden en ese purgatorio provisional que es la cancha.

- A propósito de arqueros, me hace acordar al cuento El Césped de Mario Benedetti, donde el arquero toma esa decisión fatal de quitarse la vida. Es un puesto muy particular...
- Sí. En el cuento de Benedetti está un tema que es muy importante que es ‘qué tanto debe pensar un jugador’ o qué tanta intuiciones debe tener. El tema del arquero es complicado porque es el que tiene mas tiempo para pensar, suele ser el intelectual del grupo, muchas veces es el más viejo, porque puede ser arquero a los 40 años, tiene mas experiencia, mas recuerdos. Es un hombre trabajado por una vida interior que en ocasiones puede perjudicarlo y desgraciadamente al arquero lo recordamos muchas veces con la mayor injusticia, como a Barbosa, el celebre arquero del “Maracanazo”, el primer arquero negro de la selección brasilera pagó muy caro el precio de no haber detenido el tiro de Ghiggia en 1950. Fue un gran atleta, pero todo el mundo recordó esa pifia. Es el que es más susceptible de ser afectado por los nervios.

- Y siguiendo con los protagonistas de un partido, pocas veces he leído a alguien que defienda tanto a los árbitros como lo hace usted.
- Soy un gran (abogado) de los árbitros.
- Es alguien muy solitario y corre grandes riesgos. Le cuento: yo quería ser futbolista profesional y cuando llegué a cierta edad y no llegué me pregunté: ¿qué hago? Quería estar en el mundo del fútbol. Me quedaban dos opciones: periodista deportivo o árbitro, y mi mamá no se lo merecía...
- Justamente en la anécdota que me cuentas está el núcleo central de lo que es el árbitro. Él originariamente quería ser futbolista, es un hombre que tiene una buena condición física, le gusta entrenarse, le gusta estar dentro del campo y le gusta el fútbol. Pero no tuvo las suficientes facultades para ser futbolista y entonces se resigna a ser un testigo menor de la gesta y a intervenir por la muy cuestionable justicia que imparte en el campo. ¿Por qué lo hace y se arriesga a lo que tú acabas de decir, a que le recuerden a su madre cada vez que sale? Creo que acepta ese calvario voluntario porque es el mayor aficionado al fútbol. Ama tanto el juego que está dispuesto a participar en él en las más humilladas de las posiciones. Y eso creo que lo debemos honrar. Por otra parte, el fútbol trata sobre 22 tipos ambiciosos que tratan de ser semidioses, pero solo uno trata de ser hombre, solo uno acepta la fatalidad del error humano y la posibilidad de equivocarse, haciendo el juego mucho más atractivo.

- Tal cual, ¿qué sería de muchos programas deportivo sin la polémica del error del árbitro?
- Claro, es que si le quitamos al fútbol lo imponderable y tratamos de ‘robotizarlo’, como piden muchos comentaristas de televisión, que lo piden, entre otras cosas, porque eso les daría más poder a las repeticiones en TV, empobrecemos mucho el juego. Uno de los grandes atractivos del fútbol es que seguramente es el deporte que más se parece a la vida, y la vida está llena de injusticias que no mereces, buenas o malas, pero te tocan. Si ha tenido tanto éxito hasta la fecha con este sistema de jurisprudencia tan cuestionable es un horror modificarlo. Sería muy aburrido robotizado.

- ¿Se hubiese “animado” a hacer lo que hizo Soriano con Maradona, de hacerse el que lo ignoraba? Debe ser uno de los actos más difíciles para cualquier ser humano “ignorar” la presencia de Maradona.
- Si la recompensa hubiera sido ver a Maradona dominar una naranja o una mandarina, creo que me hubiera atrevido a hacerlo. Pero no creo que tener la sangre fría de pasar por alto a Maradona. Tal vez podría pasar por alto a Messi, porque creo que todos estamos convencidos que la genialidad de Messi se expresa en la cancha y fuera de ella es difícil conectarse emocionalmente con él.

- ¿Usted cree que Maradona es el mejor de todos?
- Creo que sí. Es un juego inútil. Pero si podemos afirmar que el ser humano es un sujeto que compara. No hay manera de evitarlo, la gente siempre se pregunta qué prefiere el vino tinto o blanco, la rubia o la morocha... y en el fútbol nos lleva a preguntar si Pelé o Maradona. Es un deporte irrenunciable. Puesto a jugar, me decanto por Diego, porque ha sido el jugador que más ha influido en un equipo en la historia del juego. Nadie ha influido en esa dimensión de liderazgo y transformación de juego. La Argentina de Bilardo no era la mejor de las selecciones, pero Diego hizo que lo fuera y lo mismo ocurrió con el Napoli. En alguna ocasión lo converse con Jorge Valdano y se ofendió. “Nos haces quedar mal a todos”, me dijo. Brasil en el ‘70 sin dudas, aun sin Pelé, hubiese sido campeona; aquella selección necesitaba a Pelé pero no era imprescindible. En cambio Maradona era imprescindible, es más si México lo hubiese tenido, era México el campeón. Esa capacidad de liderazgo, de ser el Espartaco del fútbol, liberador de energías insospechadas, solo la ha tenido Diego.

- ¿Por qué hay más literatura sobre Maradona que sobre Messi, por ejemplo? Es más, esto no lo tengo confirmado, pero escuché que en Brasil hay más relatos sobre Garrincha que sobre Pelé.
- Garrincha es una figura trágica, que terminó muy mal, tuvo una enorme cantidad de hijas, tratando de tener un hijo que lo imitara, de joven padeció poliomelitis, no llegó a ser discapacitado, pero tenía los pies torcidos. Tenía todo en su contra, se sobrepuso a la desgracia y luego volvió a caer en la desgracia. Eso es una novela. La vida de Pelé es un cuento de hadas, un triunfo tras otro, ha tenido problemas... pero es una historia tan feliz que no se presta tanto para la literatura. Y Diego... Diego se presta para la literatura y para la opera. Es una figura descomunal, totalmente desaforada, una persona capaz de hacer cosas increíbles en la cancha y una posibilidad de engrandecer las acciones con lo que declara. Es absolutamente emotivo, en muchos momentos primitivo, efusivo, en otra humano, leal, contradictorio. Es un personaje para Puccini, para Verdi...

-¿Quién sería el Maradona de la literatura sobre fútbol?
- ¡Uh, qué difícil! Diría que el Negro Fontanarrosa, por la gran cantidad de cuentos notables que escribió de fútbol, es el que más supo jugar desde la palabra al fútbol. Ha habido otros, por supuesto, en distintas lenguas, pero me quedo con él.

villoro

- Tal vez es una tontería, pero se la comparto. ¿Qué hubiese sido de Borges si de niño le hubiese gustado el fútbol y se hubiese sido fanático de algún equipo? ¿Nos perdimos grandes cuentos de fútbol o rescatamos grandes cuentos universales?
- Borges es impensable de otro modo, sin lo que él fue. Dijo siempre que el primer acontecimiento fundamental de su vida fue descubrir la biblioteca de su padre. Para él fue su punto, su universo. Y su vida estuvo hecha de libros, la ceguera incluso contribuyo al tipo de escritor que él fue, por esa maravillosa introspección que tuvo. Para un escritor de esa magnitud creo que es un poco ocioso pensar en cómo hubiera sido si le gustaba el fútbol. Tal vez hubiera dejado de escribir. El estuvo más cerca del fútbol de lo que pensamos.
- ¿Sí?
- Además, Borges tenía cierto rechazo actoral, le divertía afrontar un personaje, entonces ciertas cosas que eran populares para otros, le gustaba hacerlas a un lado. Su mejor amigo, Adolfo Bioy Casares, era un aficionado al fútbol.
- Durante mucho tiempo en muchos lugares académicos se renegó de la literatura sobre fútbol, y Fontanarrosa o Soriano, por ejemplo, no fueron reconocidos en vida. ¿Cambió?
- Creo que ese prejuicio ya se rompió. Sí existió hace algunos años. Creo que se rompió por los estudios culturales. En muy diversos países ha habido ensayistas de la talla de Umberto Eco ocupados de la cultura popular, entonces ya el hablar de formas de representación de la realidad que no necesariamente pertenecen a la llamada alta cultura... Por ejemplo en Argentina toda la literatura de Manuel Puig es una puesta en práctica de la cultura popular donde intervienen las mitologías populares. Pero ya en los años ‘60 se va fraguando los caldos de cultivos que permiten entender mejor la realidad en todos sus componentes. No se puede prescindir del fútbol para estudiar nuestro tiempo. No podemos conocernos a nosotros mismos sino sabemos cómo hemos organizado la industria del entretenimiento.

- ¿Por qué cree que en Argentina hay tanta literatura sobre fútbol y en otros países no es tal?
- Tiene que ver con la jerarquía argentina en el fútbol; y con la jerarquía argentina en la literatura. En cualquier concurso literario del mundo, me ha tocado ser jurado en varios, suele haber bastante participación de escritores argentinos y suele ser bastante buena. El nivel medio de la literatura argentina es muy alta, y si esto se conecta con la extraordinaria pasión que hay en el país por el juego y la jerarquía que ha tenido, es lógico que se exprese más. En su libro Boquita, Martín Caparrós hace una reflexión que es muy argentina. Dice que ¿Por qué otros países se interesan por el fútbol, sino tiene posibilidades de ganar un mundial?. Es una reflexión objetivamente correcta porque dice que los argentinos siempre tienen la duda de hasta dónde llegarán en el mundial, cuan lejos llegarán; y a él le entusiasma que un hondureño o mexicano o japonés esté apasionado por el mundial si no tiene posibilidades de ganarla. Es una pregunta legítima, y es cierto, Argentina es actualmente subcampeona del mundo. Entonces, todo eso influye. Hay una larga tradición de escribir bien, desde las crónicas de Borocotó en la revista El Gráfico.

(*) Entrevista rescatada de la desaparecida web de La Mañana de Córdoba. Fue publicada originalmente el 12 de febrero de 2015.

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