“El fútbol es para contar”

El licenciado en filosofía, escritor y periodista español Juan Tallón reflexiona sobre lo que provoca el fútbol y las letras en nuestras vidas. (*)
Juan Tallon

Sus sentencias rompen con cualquier equilibrio, te dejan pensando. Sus textos no te pasarán jamás desapercibido, te hacen movilizar. Y esa es la razón por la que pretendimos en este ciclo de PENSAR EL FÚTBOL DESDE LA LITERATURA dialogar con el español Juan Tallón. ¡Y fue un disfrute!

En España afirman que “es de lo mejor que ofrece el nuevo panorama narrativo”. No hay dudas. Tallón es licenciado en Filosofía, escritor, periodista y apasionado por el fútbol.

- "La literatura es boxeo”, supiste escribir. ¿Crees que también el fútbol tiene, en su concepción, literatura?
- Me gusta pensar que el fútbol no es un deporte, sin más. Bueno, puede que lo sea. No quiero ser categórico. Pero para mí, tal como a mí me gustaría que fuesen las cosas, el fútbol es para contar. Es un relato. La belleza se escribe. Ahí, en la crónica de lo que
ocurrió en el estadio tal o cual día, cuando los milagros eran asuntos mundanos, como una jugada de Messi, es donde el fútbol se vuelve una leyenda, el asunto más importante que te traes entre manos en toda la semana. Y quizá para eso se necesitan escritores.
- Particularmente entiendo que hay más literatura en la pasión del hincha que en el juego en sí. Y allí voy a una frase que leí que escribiste: «Algunos días la grada es el único refugio del hombre común». ¿Puedes ampliar sobre esa genial definición?
- El hombre común está toda la semana esperando al partido, porque sólo ahí halla la felicidad. Hay pueblos enteros que viven para esos noventa minutos cada quince días. Es como ir a la guerra. Les gusta la guerra. Pena que sólo sea quincenal. No digamos sí la guerra te enfrenta a tu rival preferido. Guerra doble, o triple, en el sentido de whisky doble, o triple. Este tipo de batallas y su significado íntimo, se entienden mejor lejos de los grandes derbis de las ligas punteras. En el pueblo de un amigo, la semana que hay derbi en su pueblo, Campelo (Pontevedra), Serafín el Fijo, al volante de un Lada Niva, y micrófono en mano, se pasa la semana antes del match, dos veces al año, anunciando el partido. Con los acordes de El negro no puede de Gorgie Dann sonando detrás, como cortina, Serafín va repitiendo la letanía por todo el contorno: «El próximo domingo, en el estadio municipal de A Seca y a las cinco de la tarde, duelo de máxima rivalidad entre la S.C.D Campelo y S.C.D Campañó. Habrá pelea, como de costumbre». Eso es lo que espera la grada: calor y comprensión. La grada no es muy distinta del salón de tu casa, salvo por las dimensiones, y porque en el campo siempre hay alguien que enciendo un cigarro sin pedirte permiso.
- ¿Qué significa en tu vida el fútbol?
- No lo sé exactamente. Pero no es raro. Llevo toda la vida escribiendo, y tampoco sé por qué escribo. Me conformo con saber que si no pudiese escribir, y además no pudiese ver partidos, y además no sé hace otra cosa, no me quedaría mucho que hacer en esta vida. Creo que acabaría suicidándome por razones naturales.

- ¿Quién fue tu ídolo futbolístico de niño y quién es actualmente tu referente deportivo? ¿Y por qué?
- En mi infancia yo quería ser Arconada, portero de la Real Sociedad, que acababa de ganar dos veces la Liga, a comienzos de los ochenta. Era un mocoso. Cuando crecí, bebí, follé, tomé drogas, leí, y me hice una idea aproximada de lo bonita que era la vida, mi ídolo absoluto fue Frute. Ver correr al jugador portugués, recién fichado por el Atlético, como si acudiese a salvar a su mamá de un edificio en llamas, pero sin dejar de jugar con el balón, me ponía el corazón a mil. Nada de títulos. Futre corriendo: eso es mi recuerdo más salvaje y feliz del Atlético.

- Hacía referencia a la niñez, y voy a una sentencia de Javier Marías que dice que “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia. ¿Coincides?
- Esa es una definición magnífica, pero obsoleta. Se murió de viejecita. El fútbol ya no es un asunto semanal. Ahora el fútbol es todo el tiempo, todo el día, toda la semana. Tal vez un día explote. Apunte ahí. Si explota finalmente, quiero que me reconozcan el presagio.

- ¿Como hincha del Atlético Madrid, ¿qué significa Diego Simeone para ustedes?
- Estábamos muertos, y nos sacó de la tumba, y no contento, nos hizo campeones. ¿Le parece poco significado? Si algún día se va, y espero que ese día no llegue nunca, yo pediré que me devuelvan al hoyo voluntariamente. Porque a la postre, acabaremos allí de todas
formas, solo que sufriendo y arrastrándonos.

- En la misma sintonía, ¿cuál es la diferencia entre ser del Atlético y ser del Real Madrid?
- Ser del Madrid es fácil. Casi todo el mundo lo es. La realidad te empuja a ese club. Se trata de un equipo que gana. Quién no se apunta a ese carro. Le contaré que a los nueve años casi me hacen del Madrid, y pude morir. En cambio, ser del Atlético es dificilísimo. Por qué es uno del Atlético, veamos. Es como si no existiese la respuesta. Me gusta pensar que ser del Atlético es algo incausado. En todo caso, es una ruina que te buscaste y eres feliz con ella. No tuvimos otra salida. Te sentiste acorralado por algo y te hiciste del Atlético. Como cuando te hacías del Partido Comunista en la dictadura. No tuviste más remedio que saltar por esa ventana.

- ¿Cambió la pasión en los españoles luego de la obtención de la Copa del Mundo de 2010?
- ¿La pasión por el fútbol? No creo. Aunque los triunfos de la selección de tu país puedan producirte una satisfacción, nada se parece a la pasión de un club. A mí no ponga en la tesitura de qué prefiero, si el campeonato mundial o la Champions, porque lo tengo muy claro. Entiendo que un jugador quiera ser campeón del mundo. Pero yo no soy jugador. Los jugadores pasan. El club no. El amor, el amor verdadero, eterno, el único, es el que le profesas a tu madre y a tu equipo. Lo demás es sexo pasajero.

- ¿Qué jugadores de fútbol crees que serían ideales para una novela. Alguna vez hablando con el mexicano Juan Villoro coincidíamos en Maradona y Garrincha. ¿Te sumas? ¿Agregas alguien más y por qué?
- Podrían servir. Me gustan los personajes desarbolados por la realidad, que luchan por seguir adelante, a veces sin conseguirlo. Yo añadiría a esa lista al Negro Jefe. Obdulio Varela es una debilidad personal. Algún día escribiré una novela sobre esos tres minutos que pasan entre que Brasil marca en la final del 50, y la selección de Uruguay saca del centro del campo, en busca de la remontada. En eses minutos en los que no pasó nada, no se jugó al fútbol, pasó de todo, pero aún hay que escribirlo para saberlo.

- Durante mucho tiempo se menospreció la literatura que tenía referencias al fútbol. En Argentina cambió, debido a las plumas de Fontanarrosa y Soriano, y ya no es tan criticada por la “academia”. ¿Crees que Bolaños con su cuento Bubba o Benedetti con El césped y Puntero Izquierdo contribuyeron a que esa mirada “clasista” se extinguiera?
- Tumbar ese prejuicio fue una obra de demolición que llevó décadas, y que no fue posible gracias a alguien en concreto, sino a todos aquellos que amaron la literatura y se pusieron a escribir de fútbol con el mismo respeto que si lo hiciesen de la muerte, el amor, la venganza, la huida, porque en el fondo escribir de fútbol no es escribir de fútbol sino de la muerte, el amor, la venganza, la huida y mil cosas más.

- ¿Alguna novela futbolera que te haya gustado?
- Mis libros y mis películas de fútbol preferidos son los de boxeo. Ya sé que es raro, incluso ridículo, pero es que a menudo el fútbol no tiene nada que ver con el fútbol. Pero si tengo que citar una novela, citaría El regate, de Sergio Rodrigues.

- ¿Quién sería el Maradona o Messi de la literatura?
- No soy partidario de tender esas conexiones, pues acaban en exageraciones.

- Tienes un libro que se titula "Manual de fútbol. Un libro en fuera de juego". No lo he visto en Argentina aún, imagino que pronto llegará. ¿Una breve referencia?
- Hace años leí Caja de herramientas, de Fabio Morábito, que a su vez remite a De parte de las cosas, de Francis Ponge. En ambos obras la palabra poética va en busca de las cosas, los objetos simples (una lija, un martillo, un cigarro, una naranja), hasta hallar dentro su metafísica exacta. Por alguna razón extraña pensé que se podía hacer algo parecido con los elementos simples que, sumados y combinados, forman el fútbol. Eso es mi libro, una metafísica de la portería, el balón, el gol, las porterías, las áreas, el penalti, la vestimenta, el banquillo, en fin, nada que tenga que ver con un manual para jugar al fútbol, y a la vez algo que sea propiamente un manual para “leer” el fútbol. Creo que no me he explicado, y eso me pasa porque todavía no entiendo del todo lo que he hecho al escribir el Manual de fútbol. Pero ha sido hermoso horadar en los elementos del fútbol lentamente, y descubrir lentamente, a medida que perforaba, secretos que nunca antes había imaginado que albergase este deporte, que, ni que decir tiene, no es un simple deporte.

- Leyendo a Bracelli o Sacheri, coincido con una frase tuya: «El fútbol es para contar. No es un deporte, contra la evidencia, sino un relato». ¿Crees que el fútbol sin las “anécdotas” por contar perdería un poco su brillo popular?
- Tal vez, pero no sólo el fútbol, sino la vida entera. En la anécdota está la épica, el drama, el renacimiento, todo. Nada hay menos anecdótico que la anécdota.
- Por último, si viniera el Doc de la película “Volver al futuro” y te invita con su DeLorean a ir a un momento específico que tenga que ver con el fútbol. ¿Cuál elegirías?
- La semifinal entre Italia y Alemania en el 70. Aquello fue droga linda.

(*) Entrevista rescatada de la desaparecida web de La Mañana de Córdoba. Fue publicada originalmente el 25 de enero de 2016.

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