La "patrona" de Córdoba

En este recorrido por la figura de Luisa Martel de los Ríos, la valiente esposa de Jerónimo Luis de Cabrera, compartimos un fragmento de "Malaventura" el retrato novelado que Mabel Pagano escribió sobre ella.

En su novela “Malaventura”, Mabel Pagano nos permite descubrir que el corazón y el espíritu de esta joven que a los 14 años se casó con el conquistador Sebastián Garcilaso de la Vega (lo que la transformó en la madrastra del famoso El Inca Garcilaso). A los 20, viuda y atravesada por el dolor de perder también a su hija, volvió a contraer nupcias con Jerónimo Luis de Cabrera con quien tuvo cinco hijos.

En este fragmento de la mencionada novela, nos adentramos a lo más profundo de esta mujer cuya historia ha quedado atada a las raíces identitarias de  Córdoba.

 “En los atardeceres, acompañada de Cusi, suelo pasear por la ciudad, que ya aparece importante, con sus sesenta viviendas, sus comercios, sus iglesias y el convento de los franciscanos. En ocasiones me atrevo a ir sola a recorrer un poco las afueras, y desde alguna elevación contemplo este sitio tan soñado, tan amado, y que naciera de una desobediencia. Mientras mis ojos pasean por los alrede­dores, le digo al fantasma de Tuma tenías razón ¡qué le­jos me trajeron los pasos! y, al mismo tiempo, siento el convencimiento de que es el lugar que me corresponde. Aquí moriré cuando Dios lo decida, llevándome sin de­velar la mayor parte de las dudas que me atormentaron en la vida sobre la justicia, el poder, la ambición y el pun­to preciso donde se encuentra la verdad. También me acompañarán las preguntas que nadie ha sabido con­testarme: ¿Por qué los atropellos, por qué las traiciones, por qué los abusos? ¿Por qué el hombre es como es? Cuando llego a esa encrucijada me siento como si estuviera balanceándome en la orilla de un vacío infinito, del que me aparto aspirando el aire puro y levantando los ojos al cielo. Después vuelvo la mirada a la distancia para en­contrarme con la imagen querida de Jerónimo, que sigue entibiando mi alma y mis entrañas, todavía... todavía... Mi viejo corazón acelera sus latidos y el llanto me cierra la garganta; entonces, en medio del silencio, escucho su voz amada repitiéndome aquellas palabras que él dijera una vez: fundaré una ciudad en tu homenaje. Le pondré el nombre de la tierra de tus mayores, Córdoba, y llevará en su escudo los ríos de tu nombre”.

(Columna relacionada con la nota "Luisa Martel de los Ríos, el amor del fundador"). 

Fernanda Pérez

fperez@lmdiario.com.ar

Te puede interesar