Luisa Martel de los Ríos, el amor del fundador

No estuvo presente en el acto emblemático de aquel julio de 1576, pero su historia está enlazada a la de Jerónimo Luis de Cabrera, quien nos dejó como legado -entre otras cosas- un santo patrono con su nombre para nuestra ciudad. Hoy en medio de las celebraciones por el Día de San Jerónimo, ahondamos sobre el rostro femenino de la Fundación.
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Retrato de Bronzino.

Dicen que fue una de las primeras medidas de Jerónimo Luis al fundar la ciudad: otorgarle un santo patrono. La elección recayó en uno que llevaba su propio nombre. Aquel Jerónimo había sido un sacerdote de los siglos IV y V y se había destacado tanto por su inteligencia como por su vida sacrificada. Así, el nombre de Jerónimo quedó enlazado para siempre en nuestro ADN.

Pero, como suelen decir, “detrás de todo hombre hay una gran mujer”. Junto a ese Jerónimo que nos dio identidad y patrono, estaba una mujer que acompañó a su esposo en esas locas aventuras de la conquista. La misma que tras su muerte llevó adelante una gran batalla legal para recuperar lo que le pertenecía.

Hoy, en medio de una jornada que invita a reflexionar sobre nuestra Córdoba, ahondamos en la figura de Luisa Martel de los Ríos, el amor del fundador.

Ella no estuvo presente en aquel 6 de julio de 1576, sin embargo fue la fuente de inspiración de Jerónimo Luis de Cabrera. Cuando él y su desobediencia decidieron dar nombre a esta nueva ciudad del virreinato, el militar, explorador y adelantado eligió llamarla como el lugar de origen de su mujer: Córdoba.

Luisa era una joven viuda cuando contrajo matrimonio con Jerónimo Luis. Con amor incondicional lo siguió en ese camino cargado de peligros e incertidumbres que representaba la conquista. Se quedó en tierra segura, mientras él avanzaba al sur. Pero luego decidió acompañarlo dejando a sus hijos a cuidado de terceros. Debió tolerar con estoicismo las duras acusaciones a Cabrera y luego su muerte. Debió observar -seguramente con dolor y rabia- como Gonzalo de Abreu y Figueroa se adueñaba de sus bienes dejándola en la miseria.  Pero Luisa jamás se dio por vencida. Con valentía, y desafiando todas las reglas de la época, decidió llevar adelante una batalla legal para recuperar lo que le fue “robado” y sobre todo para limpiar el buen nombre de Jerónimo.

Hace algunos años, la escritora Mabel Pagano publicó con el sello local Ediciones del Boulevard “Malaventura”, una biografía novelada sobre Luisa Martel de los Ríos. Hoy, acompañando este Día de San Jerónimo que nos invita a mirarnos como ciudad y ciudadanos, ella habla de esta mujer cuya tenacidad quedó una marca distintiva de los cordobeses.

En Luisa está la otra historia de aquellos años fundacionales. Una historia femenina, tierna y poderosa, atravesada por las traiciones y el amor.  

- A  través de la investigación realizada para “Malaventura”, ¿cómo definirías a la mujer de Jerónimo Luis de Cabrera?

- Definiría a Luisa Martel de los Ríos, como una mujer esforzada, valiente y apasionada. Esforzada porque en cada uno de los destinos de su marido, afrontó los trabajos propios de los traslados y el establecimiento de la familia en un nuevo sitio. Valiente, porque no vaciló en seguir a Jerónimo a lugares que no garantizaban mínimas seguridades. Y apasionada porque el amor por el Fundador fue más fuerte que todo, la lejanía, los desencuentros, el pasado de él. Inclusive, si bien la decisión fue dura de tomar, se separó de los hijos cuando Cabrera comenzó su marcha hacia el sur. No quiso arriesgarlos y los dejó a buen resguardo, pero no dudó en seguirlo a él a un destino desconocido.

- ¿Cuanto influyó ella en el proceso de la fundación de Córdoba? ¿De qué manera participó?

-En realidad, Luisa no llegó a Córdoba junto a su compañero, dado que él, con muy bien criterio y, en este caso, imponiendo su autoridad, le prohibió abandonar Tucumán, pidiéndole que esperara allí sus noticias. Marchaba a la aventura, pues ignoraba qué podía encontrar en su camino. La participación de ella estuvo, en este caso, en el alma y en el corazón del hidalgo que, ni bien fundó la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía, le escribió un cariñosa carta anunciándole la buena nueva y ya anticipando el reencuentro.

- ¿Qué aspectos de la personalidad de Luisa crees que quedaron tal vez marcados en la impronta de la mujer cordobesa?

-Creo que el rasgo más notorio de Luisa que ha perdurado en la mujer cordobesa es la tenacidad y el valor frente a las dificultades. El “ponerle el pecho” a la adversidad.

-Es sorprendente cómo defendió sus bienes y el buen nombre de su esposo.

- Es admirable su valor y el desafío que representaba, con todas las circunstancias en contra, ir en rescate del buen nombre de Cabrera y, como consecuencia, el recupero de los bienes que les correspondían por derecho. Hay que tener en cuenta que las expediciones eran costeadas por los conquistadores, de manera que el patrimonio de la familia había sido invertido en esa misión, cuyo origen, recordemos, era la fundación de una ciudad en el actual Valle de Lerma. Cabrera no hizo caso a la orden y continuó su camino hacia el sur. Por eso se dice que Córdoba nació de una desobediencia.

Ahora, en un terreno más personal, me encantó recrear ese amor que unió a esta pareja y por el que Luisa se jugó entera.

(Para conocer más sobre la esposa de Jerónimo Luis de Cabrera, podés leer en esta misma sección un fragmento de la novela “Malaventura” de Mabel Pagano).

Fernanda Pérez

fperez@lmdiario.com.ar

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