“Los dibujantes debemos replantearnos qué quiere decir ‘hacer cómic’”

Cultura & Espectáculos 11/06/2018 Por
El dinujante español Javier Olivares visitó Córdoba en el marco de la cuarta edición del evento Docta Cómics. La Nueva Mañana habló con él.

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Por: Mirco Sartore - Especial para La Nueva Mañana

El célebre historietista e ilustrador español Javier Olivares visitó la Capital cordobesa en el marco del festival Docta Cómics. Charlamos con él sobre sus influencias, su biografía Las Meninas (Premio Nacional del Cómic de España 2015), las enseñanzas que le dejó su truncado proyecto de cómic sobre el héroe anglosajón Beowulf y su opinión sobre la actualidad del cómic.

Corben y Moebius: los maestros

Sé que David Rubín lo tiene entre sus referentes. ¿Usted qué inspiradores tenía y cuáles tiene ahora? ¿Cambiaron?
Van cambiando con la edad. Lo que pasa es que hay unos referentes troncales que están allí, muy fijos, que te han enseñado mucho desde un principio y que luego te acompañan durante toda la vida. Cuando empecé tuve dos personas que seguí durante mucho tiempo. Una de ellas era Richard Corben. También seguía a muchos dibujantes españoles como Carlos Giménez o Alfredo Pons, tratando siempre de picar un poco de todo. Luego, el otro pilar fue Moebius. Él fue una gran revelación. Me sentó en la silla, digamos, me puso los pies en el suelo. Era un creador de mundos que tenía un dibujo muy clásico, pero su manera de utilizar este dibujo clásico no era nada convencional. Moebius, siendo un dibujante convencional, tenía una forma de usar su dibujo que era la gran revolución.

Las Meninas y Beowulf: una lección

¿Cómo fue el proceso de confección de Las Meninas?
Desde el principio yo me di cuenta que era un libro con una idea muy atrevida. No era un libro histórico. El mismo Santiago (García) lo dice: no es un libro de historia. Es un libro de ficción basada en hechos reales. Los hechos históricos están alterados e incluso nos hemos inventado algunos más. Nadie sabe lo que hizo Velázquez en muchas etapas de su vida porque dejó muy pocos testimonios, hay partes de su vida que son enormes agujeros en los cuales nadie sabe que pasó. Lo único que sabemos es lo que pintó, eso es lo que ha quedado para la historia. La idea del libro es contar la biografía del cuadro de Las Meninas, no de Velázquez en sí. La reflexión del libro es un poco acerca de cómo se crea una obra maestra. ¿Quién crea una obra maestra como Las Meninas? La pintó Velázquez, pero, ¿quién decide que es una obra maestra? Allí entra en escena toda la gente que se siente fascinada por una obra de arte. Es un poder inmanente a la obra, es algo que ésta no tiene, sino que se la da alguien. Eso es algo que a Santiago le apetecía mucho explorar: ¿cómo se convierte un cuadro pintado por alguna razón en otra cosa fuera de su alcance? Pasa con toda obra de arte: el autor lo deja dicho, pero luego el público, los historiadores, los fans opinan y la convierten en otra cosa. Para Las Meninas necesitaba un dibujo que se pudiese leer, porque son muchas páginas con mucho texto y una estructura muy compleja. Me pareció que el dibujo lo que tenía que hacer era facilitar la lectura.

Con relación a esto podemos situar lo que dice la periodista María Moreno sobre que hay tener una idea más interesante de la verdad, que ésta no es sólo lo fáctico.
Claro. Una de las cosas más interesante que está ocurriendo en el cómic desde hace unos años es la nueva trayectoria que han empezado autores como Chris Ware o Daniel Clowes, con mucha otra gente detrás, en la cual el cómic se empieza a ver una vez más como un medio que tiene sus propias mecánicas, narrativas y herramientas. Es darse cuenta que el cómic no necesita coger los planos del cine ni su ambiente para ser creíble. Ellos han vuelto a la época un poco anterior a The Spirit de Will Eisner, del cómic influenciado por el cine negro y su planificación cinematográfica. Los dibujantes tenemos que replantearnos un poco qué quiere decir hacer cómic. Debemos preguntarnos un poco si hemos explorado todo el potencial del medio o si nos hemos limitado a copiar planos del cine y ponerlos uno al lado del otro. Me interesa que tengamos un medio en donde cada uno pueda elegir el terreno en que se quiera mover. Que el cómic pueda ser Chris Ware, Emmanuel Guibert, Alex Toth o Frank Miller; que pueda llegar a muchos sitios distintos con muchas narrativas distintas.

¿Cómo fue el proceso de trabajo con Beowulf? Usted dijo que sin Beowulf no podría haber hecho Las Meninas.
Lo que pasa es que las cosas que no terminas haciendo también te ayudan mucho. Los fracasos te enseñan mucho. Yo tengo muchas historietas que podría considerar un fracaso, pero Beowulf ha sido quizá la más conocida. Mi principal enseñanza con Beowulf es que aprendí a manejar los tiempos dentro de una obra larga, a cómo estructurar el esfuerzo. Esto era una cosa que yo no sabía hacer, por eso estropeé el libro y no pude terminarlo. Me puse a trabajar tanto en Beowulf que me pasé como tres años haciendo la preproducción del mismo, dibujando no el cómic, sino bocetos, storys, pruebas de color...Ahora veo todo lo que hice con Beowulf y me parece la obra de un demente, de alguien que no está midiendo bien sus fuerzas. Cuando llevaba tres o cuatro años y todavía no había empezado a dibujar ya estaba cansado porque llevaba mucho tiempo encima con ese proyecto.

Olivares-Garcia-Las Meninas - Edición en inglés
Aparte, otra cosa que también pasó es que cambié yo mismo. Cuando volvía a Beowulf ya se me había escapado el personaje y el dibujo: ya no era capaz de dibujar igual, de alguna manera estaba incómodo y no estaba metido en el libro. Creo que esa incomodidad fue producto puro del agotamiento. En ese libro trabajé cuatro años, mientras que en Las Meninas trabajé año y medio Beowulf no hice. Con Las Meninas hice una preproducción más corta. La gran pregunta a la cual encontré respuesta es: ¿qué necesito ahora? Cuando ya estás cansado de dibujar, lo mejor es tomar las menos decisiones posibles y para eso me simplifico el proceso a medida que avanzo. Gracias a Beowulf aprendí a manejarme como los arquitectos, de una manera lógica digamos: primero empiezas por los cimientos, luego pones otro tipo de material, etc. En el cómic también hay una lógica de construcción, pero varía de autor a autor. A David Rubín le dan el guion y dibuja página por página. Yo, por otro lado, me leo el guión entero, tomo notas, planifico, hablo con Santiago, movemos páginas, viñetas...hasta que me pongo a dibujar y tengo toda la estructura del cómic clarísima en mi cabeza. Quizá lo que más disfruto es toda la parte de planificación. Luego disfruto del dibujo, mientras que la tinta y el color muchas veces son pura mecánica

España, “un hervidero de talento”

¿Cuál es el estado actual del tebeo español?
A partir de finales de los noventa, que fueron un erial, la situación cambió y ahora mismo España es un hervidero de talento. Ahora tenemos gente más mayor que yo, de mi generación y, sobre todo, más joven, que tienen un talento que nosotros no teníamos en absoluto: están mucho más preparados. Además se han incorporado muchísimas mujeres a dibujar, hay un montón de dibujantes estupendas y que tienen un talento brutal. El Premio Nacional del Cómic ha hecho mucho por eso, por sacar un poco al cómic del gueto en el que estaba metido en los noventa.

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