Pequeños grandes mundos: donde dibujar es una forma de jugar

Cultura & Espectáculos 22/05/2018 Por
Ivanke y Mey, responsables del proyecto que recorrió las escuelas rurales en todo el país, llegan a Córdoba a dictar talleres de ilustración para grandes y chicos.
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1 / 8 - - “Pequeños Grandes Mundos”, nació como un viaje financiado con una campaña de crowdfunding, que duraría dos años y lo llevaría por el mundo para dar talleres de ilustración en escuelas rurales

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Iván Kerner y Mey Clerici son ilustradores y docentes de arte. Se conocieron hace varios años dando talleres juntos en escuelas públicas en Buenos Aires junto al canal infantil PakaPaka, y según sus palabras “pegaron gigantísima onda” haciendo eso. En aquellos tiempos Ivanke emprendía el primer tramo de “Pequeños Grandes Mundos”, un viaje financiado con una campaña de crowdfunding, que duraría dos años y lo llevaría por el mundo para dar talleres de ilustración en escuelas rurales, algo parecido a lo que hicieron con Mey por la Argentina el año pasado, pero él solo y con el plan de recorrer 32 países de cuatro continentes. No pasaron muchos meses hasta que en las redes empezaran a tramar un plan que, también a través de una campaña colectiva, le permitiera a Mey reunirse con él en China para continuar el viaje juntos. Cientos de fotos, relatos, ilustraciones iban documentando cada etapa de sus viajes, mezclando las experiencias, las nociones de infancia y la cultura de todas esas latitudes con su historia de amor. Con generosidad grande y mucha complicidad siempre fueron compartiendo su vida y los planes que no paran de fluir con toda la comunidad virtual que los acompaña, a quienes les consultan por lugares y escuelas, y quienes les ofrecen o encuentran alojamiento o alguna información útil. Como contrapartida siempre habrá un momento de encuentro rebosante de anécdotas, relatos de viaje y, según dicen los chicos, una muy digna tortilla de papas como agradecimiento. Seguir las redes de Ivanke y Mey es a la vez seguirles el rastro y volverse cómplices de un plan divertido para convertir el mundo en un lugar más hermoso.

-Acaban de terminar un año intenso de viaje por toda la Argentina dictando talleres en las escuelas rurales de todos los puntos cardinales: ¿Por qué eligieron escuelas rurales?, ¿qué fue lo que más los sorprendió de estas escuelas?, ¿qué se llevan en el corazón de toda la experiencia?
Ivanke: Fuimos a 23 escuelas rurales, una por cada provincia de Argentina, entre marzo de 2017 y abril de 2018. Elegimos escuelas rurales porque nos interesa generar espacios donde no los hay. Esas escuelas, por lo general, están bastante alejadas de las zonas más pobladas. Fuimos a lugares muy diversos, a comunidades originarias, escuelas interculturales y bilingües. En la mayoría de las escuelas a las que fuimos los pibes no tienen Plástica, en algunos casos sí música pero muy poquitas tenían plástica, así que ése es un espacio a cubrir que nos parece interesante. Por otro lado, la idea es después contar lo que vivimos y generar puentes, contarle a gente de las ciudades cómo se vive en esa otra Argentina no tan visibilizada y generar espacios de intercambio entre chicos de diferentes escuelas.

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Mey: Nos sorprendió que, en lo edilicio, las escuelas estaban bastante bien. En los últimos años, algunos habían podido mudarse de esa primera escuela chiquita a una nueva, cerca de ahí; o algunas pudieron agrandar la que tenían. También en el equipamiento como compu, proyector, libros. Por otro lado, una cosa que está totalmente por fuera de las cabezas urbanas, de las escuelas urbanas, o de lugares más grandes, es esta cosa que pasa en la ruralidad, que las escuelas tienen aulas plurigrados, tienen matrículas chicas, así que no están divididos por edades. Nos dimos cuenta que se da algo muy genial en esta mezcla de edades, que funciona muy bien: vimos una dinámica muy colaborativa entre los chicos, donde los más grandes ayudan a los más chicos. Se rompe un poco esta estructura del docente adulto a cargo de un aula. En una época en que se habla tanto de bullying y de la agresión entre los chicos, es algo que no vimos en estas escuelas y se lo adjudicamos a esto del plurigrado.

I: Nos llevamos mucho aprendizaje, un gran trabajo de campo que nos da ganas de seguir profundizando. También aprendizaje en la diversidad, de ver cuántas Argentinas hay dentro de Argentina, esto se ve reflejado en las escuelas interculturales bilingües, donde están hablando en pilagá en una comunidad originaria en Formosa, o los chicos hablando entre sí en guaraní en Misiones, particularidad de estilos de vida, chicos llegando a caballo o caminando muchísimo, bajo la nieve, con frío, o calor extremo. Hay un trabajo enorme de las familias y de los maestros para que los chicos se eduquen. Además, muchas historias de vida, gente que extrañamos, que queremos. En cada escuela que visitamos nos quedábamos una semana y estábamos viviendo muy cerquita de la comunidad. Aprendimos cómo se vive en esos lugares e intentamos dejar una huella para que algunas actividades se repliquen. Dejar una semilla que siga creciendo para que los chicos puedan expresarse a través del arte desde lo que son, y amigarse con su identidad y con lo que son y tienen para decir.

-Como artistas y docentes que trabajan especialmente con los más chicos, ¿cómo viven ese encuentro con ellos, desde qué conceptos de infancia encaran sus proyectos?
I: Es un gran espacio para jugar. El modo de los chicos es desde el juego. Y desde ese mismo lugar también entendemos, entre comillas, el arte. Siempre tratamos de generar propuestas donde dibujar sea como jugar y los chicos lo entienden desde ahí, en lugar de tener una pelota, tenemos un pincel.

M: La escuela es un lugar donde hay que estar callados y se va a aprender, sin demasiado lugar como para escucharlos a ellos. Nosotros siempre arrancamos los talleres desde un lugar de intercambio, charlando primero, mostrándoles cosas que los hagan abrir los ojos o interesarse, ya sea que conozcan a chicos de otros lados, o que conozcan cómo se vive en otro lugar a través de los dibujos de otros chicos. No nos interesa que los chicos estén callados, todo lo contrario. Los chicos tienen millones de cosas para decir, para preguntarse y, a partir de la observación de ellos, se abre un mundo, entonces pedirles que se queden callados es perderse un montón de cosas. En el viaje anterior, cuando estábamos fuera del país los entrevistábamos y cuando le preguntábamos qué significaba para ellos dibujar, en los más diversos lugares todos los chicos respondían muy parecido: ‘dibujar es como soñar’, ‘es como entrar en un mundo donde vale todo’, y cuando les preguntábamos qué era jugar, la respuesta era casi la misma. Entonces es como medio indivisible en la infancia el dibujar y el jugar. Tratamos justamente de propiciar eso, de que no se transforme en un momento de ‘aprender a dibujar’, sino de jugar a dibujar.

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-¿Cómo es mezclar y sumar sus trabajos como ilustradores y como docentes, trabajando con la infancia y todo eso, hacerlo viajando?
M: Trabajar como ilustradora cuando estás en viaje es una historia aparte: en principio, está genial porque uno puede dibujar en cualquier lado, necesitás tus materiales, y mientras haya un poquito de internet para entregar los laburos, uno puede trabajar desde cualquier lado como ilustrador independiente. Es cierto que es toda una aventura en sí mismo. También surgen cosas como por ejemplo estar en Nepal, sin luz, tener que entregar un libro al día siguiente y estar pintando con acrílicos en una habitación a oscuras iluminándome con una linterna. O casi perder un micro porque tenía que enviar una ilustración y el internet era tan malo que tardaba un siglo en cargar, cosas así, muy bizarras pero divertidas también.

I: Para nosotros dar talleres a chicos y chicas y a la vez ilustrar, es lo más, porque estamos todo el tiempo empapándonos de los dibujos de los chicos que son para nosotros grosos maestros del dibujo, tienen una serie infinita de desprejuicios a la hora de dibujar. En la formación vas perdiendo cierta espontaneidad y las cosas más intuitivas del dibujo y es un camino re jodido volver a desestructurarte y animarte a jugar más dibujando. Entonces, estar compartiendo talleres de dibujo y pintura con chicos y chicas es estar todo el tiempo aprendiendo a volver a dibujar como chicos. Es la combinación perfecta.

-Recién llegados de toda esta experiencia reciben la noticia de que su libro “Palo palito eh” acaba de recibir un “Destacado Alija” en la categoría Libros para bebés. Este libro es el primer libro que hacen juntos, ¿no? ¿Cómo recibieron la noticia?
I: Fue una sorpresa. Ese proyecto lo hicimos juntos, los dos nos dedicamos a lo mismo, a dibujar y a dar talleres, nos convocó Pequeño Editor con esa idea de transformar en un libro esa canción-juego que veníamos haciendo con los chicos en tantos lugares, que nos servía para romper el hielo y comunicarnos, sobre todo en sitios donde no compartíamos la lengua así que “Palo, palito, eh” se convirtió en una bandera y algo muy divertido de hacer. Lo arrancamos cuando estábamos de viaje, arriba de una montaña en Turquía. Fue una alegría que se convirtiera en un libro premiado.

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Pequeños Grandes Mundos llega a Córdoba para quedarse

A mitad del viaje rural por Argentina, Ivanke y Mey anunciaron en sus redes que habían encontrado su lugar en el mundo: Travesía, en Traslasierra. Así que ahora ya están instalados en tierras cordobesas. “Cuando empezamos a conocer tantos lugares de Argentina por fuera de las grandes ciudades, conectamos mucho con ellos. Llegamos a Córdoba después de las vacaciones de invierno, dimos los talleres en Los Molles, en Traslasierra, y empezamos a sentir algo especial, muchas ganas de quedarnos, y mucha familiaridad”, cuenta Mey. “De repente estábamos preguntándole a la gente cómo era vivir acá. Justo antes de ir a la escuela en San Luis, pasamos por Travesía, paramos dos días y sentimos que era el lugar donde queríamos estar, así medio mágicamente y sin ningún misterio”.

En unos pocos días, el sábado 26 de mayo, vendrán a la ciudad de Córdoba, a la librería En un lugar de la Mancha, a dictar talleres de ilustración para chicos, pero también para adultos, sobre todo a gente grande que tiene ganas de dibujar pero está desconectada del dibujo. “Generalmente, cuando preguntamos por qué dejaron de dibujar, las respuestas tienen que ver con el momento en que se dieron cuenta que ‘dibujaban mal’ o que alguien les dijo que no era bueno dibujando. ¿Quién dijo que hay que hacer las cosas que uno hace bien? Si es que hay un bien y un mal. Se trata de hacer las cosas que nos divierten o nos hacen bien, más allá del juicio o la valoración. Dibujar porque me siento feliz haciéndolo. Nos interesa tratar de rescatar esa sensación”, concluye Mey.

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“Pequeños Grandes Mundos” se sostiene principalmente a través de una tienda virtual , donde Ivanke y Mey ofrecen cuadros con series de ilustraciones y frases que han ido recolectando a través de sus viajes y experiencias. Ellos eligieron sostener su proyecto colectivamente, con el abrazo de todos los que se animen a sumarse a esos mundos en los que ellos ponen su trabajo, su vida y su pasión. El proyecto ya suma años y promete no parar. La propuesta es generar espacios de expresión artística vinculados con la identidad, los deseos, los sueños en diferentes lugares, generar puentes entre mundos, trabajar el concepto de la empatía, la idiosincrasia de cada comunidad y la divulgación de todo eso para conocer más el mundo y achicar las distancias.

Enlaces:

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Cómo colaborar con el proyecto

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