Una leyenda mágica suelta en Barrio Jardín

Recuerdos de la visita de Jorge “Mágico” González a la Boutique, cuando Talleres le ganó al seleccionado de El Salvador en la previa de la Copa del Mundo de 1982.

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“...Duendes de luna lo vieron llegar con el silencio de un amanecer...”

Córdoba, otoño de 1982. Y ya se sabe que en Córdoba el otoño es especial. El pincel amarillento le da ese toque desde tiempos inmemoriales. Y por eso el recuerdo hacia aquellos días de marzo en el barrio Jardín nos hace viajar. Porque un “Mágico” estuvo en el verde césped. Una leyenda eterna del mejor fútbol de todos los tiempos.

La silueta desgarbada de Jorge González, con sus melenas al viento, visitó la Boutique el 25 de marzo de 1982, con motivo de un partido amistoso entre la Selección de El Salvador y Talleres.

Llegó a la ciudad un día antes, a las 9.30 pisó suelo cordobés y junto a sus compañeros se alojó en un hotel céntrico. Ya estaba en Argentina, donde días antes en la cancha de Ferro se midió ante San Lorenzo, un club que le faltó el respeto. Así lo narran las crónicas de la época. ¿Por qué? A ese partido los salvadoreños lo asumieron bajo un tremendo cansancio tras casi 30 horas de vuelo, lo que indudablemente atentó contra su estadio físico y fueron derrotados por 2-0. Habían pedido que el partido se jugara unos días después, pero los azulgranas no aceptaron.

El día que la Selección centroamericana llegó a Córdoba, La Voz del Interior titulaba en tapa: “La Junta dio prioridad al incidente en las Malvinas” y en otras de sus noticias informaba sobre que “se mantendrá el estadio de sitio. Libertad y cese de arresto a 81 personas. Quedan 627 detenidos a disposición del PEN. Esclarecen numerosos casos de desaparecidos…”. En tanto, el día del partido, el jueves 25 de marzo, el diario LOS PRINCIPIOS titulaba en su portada: “Prevén cerca de diez mil cesantías en industrias de producción automotriz”... “Suspendidos también en Volkswagen”.  Contexto de un país convulsionado.

Por su parte, a nivel mundial se hablaba sobre El Salvador, pero no por su seleccionado, sino por la muerte de cuatro periodistas holandeses en aquel país. Lo que provocaba que desde diversos países solicitaran información al gobierno salvadoreño.
Así estaban dadas las cosas por aquel otoño de 1982.

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Y en el medio un partido amistoso que, realmente, de acuerdo a los medios de ese momento, no despertaba mucho interés.

El partido se jugó ese jueves otoñal. Un día antes la Selección argentina, con Diego Maradona, empataba 1-1 ante Alemania en el estadio de River.

Talleres alineó a: Guibaudo; Ocaño, Oviedo, Artico y Pavón; Juan José López, Coudannes y el “Hacha” Ludueña; Pedro Gonzalez, Morete y la “Pepona” Reinaldi. El técnico del elenco “Albiazul” era don Ángel Labruna, que tenía una sentencia tan acertada que vale la pena rememorar. ¿Qué sentencia? “El fútbol es el juego más difícil del mundo, porque se hace con los pies obedeciendo a la cabeza…y miren la distancia que hay…”
Por su parte, El Salvador, dirigido por Mauricio Rodríguez, salió al terreno de jugo de la boutique con: Luis Mora, Osorto, Francisco Jovel, Carlos Humberto Recinos y Ramón Fagoaga; Elías Alfaro, José Luis Ruganas y José Huezo; Jorge González, Zapata y Ever Hernández.
El primero en abrir el marcador fue el equipo visitante. ¿Y quién hizo el gol? Sí, el “Mágico” González a los 19 minutos del primer tiempo.

En la previa del partido, el DT del seleccionado visitante había contado a la prensa: “A ellos les gusta jugar, pero cuando se les manda a realizar una tarea específica, la cumplen diez o quince minutos y luego la abandonan. Entonces es inútil gritarles porque no vuelven a ordenarse. Además, prefieren jugar para sí y se olvidan del equipo”. Tenían algunos defectos, sin dudas, y el entrenador no andaba con casette a la hora de exponerlos públicamente.

Sin embargo, a Talleres, que en esa época era un equipo muy reconocido mundialmente, debido a que en sus filas había jugadores campeones del mundo y otros como Luis Galván y Daniel Valencia se estaban preparando para afrontar su segundo Mundial, no les fue fácil el partido. Todo lo contrario.
La crónica de La Voz del Interior sobre el partido contó en uno de sus párrafos: “Más allá de sus defectos, El Salvador mostró la habilidad del puntero derecho Jorge González (autor del gol, un tiro libre bien puesto a la derecha de Guibaudo) y la capacidad del volante izquierdo Huezo”.
Ojo, después el “Mágico” tuvo otra chance de ampliar el marcador, pero su remate se fue por arriba del travesaño.

El diario Los Principios relata en un muy breve comentario del partido: “En un tiro libre desde afuera del área, la rara trayectoria de la pelota impulsada por González, sorprendió a Gibaudo que no atinó a ninguna defensa. Este balde de agua fría sirvió para despertar a los de Talleres...”.
Después a “T” logró dar vuelta el resultado, con tantos de Pedro González a los 36 minutos de la primera etapa y en el último minuto del partido, a través de un penal, Lucco marcó el 2-1.
El árbitro fue Julio Heredia. Artico fue uno de los mejores del partido, el “Hacha” Ludueña estaba retornando de una lesión y J.J. López no hizo un gran juego. Talleres venía de empatar el fin de semana anterior ante Boca en la Bombonera. Dos meses después, en el viejo Chateau Carreras, los dirigidos por Labruna con 9 de los 11 que habían enfrentado al “Mágico” y compañía, goleó al mismo Boca por 4-0.

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Cuando el salvadoreño Jorge González piso tierras cordobesas todavía no era el “Mágico”. Era “El Mago”. Con su juego había logrado algo impensado: que su selección clasificara a la Copa del Mundo que se disputaría en un par de meses en España.

Por ese entonces, el “Mago” González jugaba en el Club Deportivo FAS. Por ende, en nuestro país no llamó mucho la atención su presencia. No se encontró fotos en los medios cordobeses de la época que lo haya registrado. Aunque se sabía que el mejor de los centroamericanos que enfrentaba a aquel Talleres reconocido, era el ruludito de andar desgarbado.

Después del Mundial de España, donde Italia se consagró campeón, Diego Armando Maradona jugó su primera Copa del Mundo con la selección mayor de Argentina y uno de sus rivales fue, justamente El Salvador, el “Mago” pasó a ser el “Mágico”.

González dejó destellos de su gran juego en aquel mundial y por eso fueron varios los equipos europeos que quisieron hacerse con sus servicios. Entre ellos, Atlético Madrid y el Paris Saint Germain. Sin embargo, después de muchas idas y vueltas, el salvadoreño optó por el humilde Cádiz español.
El debut oficial en la Liga española fue el 11 de septiembre de 1982 en un Cádiz-Murcia.
Su nombre y apellido, y nacionalidad, comenzaba a retumbar en cada lugar futbolero; y su leyenda iniciaba un proceso sin final.

Córdoba, otoño de 2018. Han pasado más de 36 años de aquella visita. En un café de la peatonal un par de amigos hablan de fútbol. Afuera llovizna. Cientos de paraguas contextualizan la tardecita amarilla teñida de gris. Uno de los amigos le cuenta al otro que todos los miércoles en Café del Alba hay un ciclo de debate sobre los rebeldes del fútbol. Y entre tantos nombres, por supuesto, surgió el de Jorge González. El “Mágico” fue un rebelde a su manera. Con la pelota en sus pies regaló locuras teñidas de sueños a un país relegado del centro de América. Los hizo sentirse importantes. Porque, parafraseando a Ariel Scher, él no jugaba como los dioses, sino que los dioses querían jugar como él. Y con ese fútbol rebelde y sin amo les hizo creer a sus paisanos que se puede ilusionar con una pelota en los pies. No le ganó a Talleres esa jornada. No fue campeón del Mundo en España. No levantó títulos. ¿Importa? A veces se “gana” más con otras virtudes que con vueltas olímpicas. ¡González jugaba por el placer de jugar! Y por eso, el “Mágico” González es una leyenda.
Y pasó por Córdoba, con ese placer por el juego... “duendes de luna lo vieron llegar con el silencio de un amanecer...”


“Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el futbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme.”


Fragmento de una entrevista con el diario El País, de España

- Cierta noche, en un hotel de EE UU, donde se hallaba invitado en una gira con el Barça de Menotti, sonó la alarma de incendios. Todos bajaron a la recepción menos usted, que siguió en la cama con una chica.
- Sí, es verdad. Fue Maradona que, en broma, activó la alarma. Me enteré de la jugada y no quise bajar, pero al final me hicieron bajar porque allí la seguridad es muy estricta. Y les dije que yo no había sido.

- Usted, como jugador, fue muy frágil.
- Sí, sí, era muy flaco y esquivo. Evitaba el choque y eso me hacía buscar la tangente más adecuada para salir y ganar la espalda del contrario. Cosas que uno hace sin saber por qué ni cómo. Sí sé que era rápido con las piernas y con la mente. Ahora sólo me queda la segunda.

- La vaselina fue una de sus especialidades.
- Sí, estaba pendiente del arquero, y si te daba un poco de vidilla en ese aspecto y era confiadillo, uno probaba y a veces salía. Tuve suerte con ella. Recuerdo un gol a Sempere en Mestalla.

- También tuvo un regate característico.
- Sí, uno que en mi pueblo le decían la culebra macheteada: cuando recibía, encaraba y, con un movimiento de tobillo, enseñaba el balón por un lado y me lo llevaba por el otro. Y luego venía la velocidad para ganar la espalda al adversario.

- El fútbol es el único deporte en el que un gordito (Maradona) y un flacucho (usted) han estado entre los mejores.
- Maradona puede ser rechoncho, pero era un superdotado. Fue el más grande, junto a Johan Cruyff y su Naranja Mecánica. Fueron mis ídolos. Para mí, en cambio, el fútbol fue una forma de pasársela bien y disfrutar.

(*) Este artículo apareció en la edición impresa del domingo
9 de febrero de 2003.

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