Más de medio siglo de la obra de Enrique Agilda sobre la doctrina cooperativa

Opinión 04/05/2018 Por
“Es muy grande el salto imaginario que habría que dar para trasladarnos desde esta sociedad de bases egoístas, a una sociedad asentada en la cooperación”, escribió el autor allá por 1959.
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"Para el autor la razón del progreso radica en que cada hombre se esfuerce en ser superior a lo que es, para tender una mano".

Es común escuchar hablar de cooperativas. El problema es el desconocimiento profundo de la doctrina cooperativa que se observa en nuestra sociedad. Enrique Agilda, en su obra La Cooperación, doctrina de armonía (Intercoop Editora Cooperativa Limitada, Buenos Aires, 1964), nos ayuda a comprender claramente esta doctrina ubicándonos en nuestra condición de simples seres humanos integrantes de una sociedad a la que se desea ver evolucionar.

En su capítulo introductorio nos dice: “Es muy grande el salto imaginario que habría que dar para trasladarnos desde esta sociedad, organizada sobre bases egoístas, a una sociedad asentada en la cooperación con firmes bases económicas, morales y espirituales”. Expresa también que, al margen del quehacer cotidiano, que se desarrolla dentro de una órbita individualista, el hombre puede circunstancialmente, realizar acciones tendientes a demostrar su capacidad para cooperar con otros seres, que es la forma superior de trabajar en favor de sí mismo.

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Hace mención al clima social en que vivimos donde ya es hábito pensar en forma individualista, bastándose a sí mismo y derrotando a sus semejantes para sentirse un triunfador, marcando con razón las frustraciones que esto trae aparejado en cuanto a fé, amor, esperanzas y anhelos de cada uno, pues los esfuerzos deben ser dirigidos hacia el logro de cosas materiales. El cálculo de cuánto gano y cuánto tengo son las razones del diario trajín, concibiendo la felicidad en la posesión y no en el aporte.

Para el autor la razón del progreso radica en que cada hombre se esfuerce en ser superior a lo que es, para tender una mano al que quiera alcanzar lo que él alcanzó.

Desde la cuna el hogar y la escuela nos imponen la consigna de luchar por la vida, propia de animales inferiores. No venimos a este mundo a luchar, pero sí a trabajar porque el trabajo es el esfuerzo útil que engendra solidaridad, mientras la lucha es acción que presupone hostilidad, división y pelea.

La desdichada situación del ser humano es que ha creado una sociedad en la que debe convivir con enemigos de su propia especie, considerándose, a la vez, enemigo de sus iguales.

En las cuarenta y una páginas que abarca esta pequeña obra el autor también se refiere a las bases económicas, morales y espirituales de la cooperación. Lo llamativo es que a cincuenta y nueve años de su primera publicación (Marzo 1959), el pensamiento de Agilda goza de una vigencia indiscutible. Guerras, hambre, miseria, etc. etc.: el resultado de la lucha por la vida.

(*) Jefe de Sección Registro y Sistemas de la Subsecretaría de Cooperativas y Mutuales de Córdoba

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