La clase media, seducida y abandonada por Macri

Opinión 03/05/2018 Por
Se agiganta la brecha entre las promesas de campaña del presidente y la realidad. La nueva suba de tarifas consumirá hasta el 19% de ingresos en un hogar tradicional.

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Cada vez es más frecuente escuchar en la fila del supermercado o en la parada del colectivo frases como: “son todos iguales: unos ladrones y otros inútiles y los que pagamos los platos rotos somos siempre los laburantes” o “seguirá todo igual en este y en los próximos gobiernos: todos te prometen la solución en campaña y cuando asumen es más de lo mismo”. Incluso jubilados, un sector que acompañó masivamente al macrismo, reclaman angustiados porque “en este país sube todo menos las jubilaciones miserables”.

Esta amenaza de divorcio entre l sectores de clase media y la gestión de Mauricio Macri se ve reflejada en algunos sondeos recientes de la opinión pública. Por ejemplo, la consultora Isnomía señala que “para el 50 por ciento de la población el Gobierno no está en capacidad de controlar la inflación”. Y según Synopsis “el 51% de los argentinos consideran que la economía es el principal problema del país” e, incluso, que su situación personal está peor este año que el anterior y el próximo año será peor que el actual (en este ítem llegan al 57% los pesimistas).

Las tarifas públicas consumirán hasta el 19% del ingreso de los hogares de clase media. Ese mal humor social tiene asidero en la realidad y brota desde una entraña tan sensible como lo es el bolsillo. Es que el nuevo aumento en las tarifas públicas consumirá hasta el 19% del ingreso de los hogares de clase media.

Veamos: las subas en los servicios públicos de luz, gas y agua, sumado al 35% de aumento que llevan las naftas (que han sido liberadas, y por lo tanto han impactado en la suba del transporte público y el peaje) acumulan montos que requerirán entre $1.500 y $6.000 extra mensualmente.
En una familia de clase media (C3) con ingresos promedios de $32.000 pesos mensuales esto significará un nuevo gasto de entre 10 y 19% del dinero que ingresa a la casa. Para los sectores de clase media alta, que perciben en promedio $63.000 mensuales, deberán sacrificar para estos fines alrededor del 5 al 10% del total de sus ingresos.

¿Y los jubilados? ¿Y los sectores de clase media más postergados que cobran $20.000 mensuales y no alcanzan a ingresar en la tarifa social cuyo corte es en hogares con ingresos de hasta $19.000?
El efecto secundario del aumento en las tarifas, que es uno de los 5 precios relativos de nuestra economía, probablemente impacte en la economía llevando la inflación más allá de la meta del 15% anual y encareciendo el costo de vida. Esto, sumado a paritarias que fijaron aumentos salariales del 15%, hace que volvamos a recordar aquellas épocas tristemente célebres en las que “los precios subían por el ascensor y los salarios por la escalera”.

Existen otros caminos más beneficiosos para la clase media argentina

El Presidente declaró en un spot filmado desde el yacimiento de Vaca Muerta que el déficit fiscal de 2017 fue de 400.000 millones de pesos, de los cuales, 125.000 millones de pesos de ese déficit corresponden a subsidios a la energía. Insistió además en recordarnos que los subsidios no son gratis: “los pagamos todos con inflación y con deuda”. Y concluyó: “elegimos el camino del cambio con gradualismo para que ningún argentino se quedé atrás y para que ese gradualismo sea posible, todos debemos hacer un esfuerzo”.

¿O sea que no había otra opción?

Sin lugar a duda que la Argentina tiene otro camino para solucionar el problema grave que representa el sistema de tarifas y abastecimiento de energía sin perjudicar solamente a la clase media argentina.
Por empezar, nada parece indicar que el aumento de las tarifas nos encamine hacia una política de autoabastecimiento que haga valer la inmensa riqueza de recursos naturales que tiene el territorio nacional. A principios de año, la consultora Idesa realizó un informe en el que advirtió que el ahorro que representa en las cuentas públicas la reducción de los subsidios a la energía fue utilizado para aumentar el gasto público en otros rubros (subsidios al transporte y programas nacionales que se superponen con funciones provinciales y municipales).
Asimismo, en 2 años ha caído la actividad petrolera de YPF (Chubut perdió 80 millones en regalías y Santa Cruz, 88 millones) y destruyó puesto de trabajo, mientras que aumentó la producción de Shell, empresa vinculada al ministro de Energía, Aranguren.

Fuerte fuga de divisas permitida por el Gobierno

Por otro lado, recordemos que de acuerdo con datos del Tax Justice Network solo en 2016 el gobierno argentino permitió que las grandes empresas fugarán 21.400 millones de dólares del país. Impedir la evasión impositiva de esta enorme cifra (que representa un número mayor que todo el déficit fiscal del 2017) sería un excelente camino para que al esfuerzo realmente lo realicemos todos.
Por otro lado, en una entrevista a José Nun, publicada por el diario La Nación, sugiere algunas recetas para avanzar en un régimen impositivo que reemplace esta matriz vetusta diseñada durante el gobierno de la última dictadura militar. Nun, que ha estudiado los sistemas tributarios de las naciones más desarrolladas, afirma que si aumentásemos la presión impositiva, pero no a la clase media sino a las grandes fortunas personales, no haría falta ni siquiera el endeudamiento.
Por ejemplo, sugiere que apliquemos el impuesto a las ganancias, que bien aplicado es el más progresista que hay. En Estados Unidos o la Unión Europea representa entre un 14 y 16% del PBI. Acá hoy rasguña el 5%. En todo el mundo desarrollado el 70% del impuesto a la ganancia lo pagan las personas físicas y el 30% las empresas: eso se debe a que las empresas trasladan el costo a los precios y eso termina afectando a los consumidores finales. En Argentina es exactamente al revés: 70% lo pagan las empresas y 30% las personas físicas. De ahí que no sea un impuesto realmente progresivo y que termine impactando en la formación de precios.

¿Por qué no se toca el Inmobiliario Rural?

Otras vías de ingreso posible sin tocar el bolsillo de la clase media serían actualizar el impuesto inmobiliario rural (Argentina recauda la mitad de lo que recaudan Canadá o Australia y además eliminamos las retenciones a la minería, el trigo y bajamos la de la soja); un impuesto a la herencia y al patrimonio neto que exceda, por decir, los 2 millones de dólares; un impuesto a los bienes suntuarios y un control real de la evasión de grandes empresas. Por ese camino, cerraríamos la brecha del déficit fiscal y evitaríamos en 3 ó 5 años el endeudamiento externo (en 2016 Argentina tomó la mayor deuda registrada por un país emergente).
Este camino se podría compensar con la promoción para que las pymes y los emprendedores tengan mayores facilidades para la contratación de trabajadores en blanco. De esta forma, aumentaría el trabajo formal, fortalecería el sistema fiscal, aumentaría el ingreso real en la clase media y, por lo tanto dinamizaría el consumo y la producción.

Una matriz que acrecienta la desigualdad

Esta matriz hace que siempre aumente la desigualdad. Y si no hay ciudadanos plenos, en plena capacidad de ejercer sus derechos a la alimentación, la educación y el trabajo, nunca tendremos democracia plena. Por lo tanto, los que en 1983 gritaban reclamando el retorno de la democracia hoy deberíamos levantar la voz reclamando para que se deponga la última vergüenza vigente de aquella época: el régimen fiscal. Así podremos avanzar en la mejor calidad de vida para la clase media y ayudar a que el núcleo duro de ese 30% de argentinos que viven en la pobreza pueda salir adelante.
¡Este realmente sería un camino para que ningún argentino se quede atrás! ¿Se animan a que lo intentemos?

(*) Licenciado perteneciente a la Fundación Proyecto Argentina

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