Horacio Banegas: “No hago folclore sino música nativa de mi tierra”

Aferrado a las raíces del pago, profundo en su poesía musical autóctona e innovadora a la vez, lejos de las ataduras del marketing y cerca del principio de la libertad, el santiagueño se sumerge en los recuerdos de su infancia, los comienzos en la música y su presente laboral en una entrevista para conocer al hombre detrás del creador.
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El Mono, Horacio y Jana, unidos por la sangre y la música.

En el marco de su visita a Córdoba, donde semanas pasadas presentó en la Sala del Rey su espectáculo “El color de la chacarera 2” junto a sus hijos Jana y el Mono además de artistas invitados, Horacio Banegas dialogó con La NUEVA Mañana y repasó capítulos importantes de su obra, su vida en Santiago y la lucha “encarnizada” con la palabra que lo llevó a convertirse en un referente clave de nuestra cultura popular.

- ¿Cómo fueron tus comienzos en la música?

- Como todo niño en Santiago, en el norte es algo tan natural que uno se críe en un ámbito de música y empiece rasgueando una chacarera, tocando el bombo o bailando con la tía o con la mama. Eso es algo muy fuerte que se instala en uno.

Con mi hermano ‘Coco’ Banegas arrancamos en el año ‘65, cantábamos en los asados, en las reuniones familiares y a alguien se le ocurrió que debíamos hacerlo en público, ese alguien es Julio Rodríguez Ledesma, un conocido escritor y compositor. Él nos llevó a una biblioteca del barrio a cantar en una peña, a LV11, la única radio de Santiago, a los programas infantiles los fines de semana, así empezamos con nuestro derrotero. El primer festival llegó en el ’67, fue en Jujuy integrando una delegación oficial donde ganamos como dúo vocal. Esos fueron los comienzos.  

- Tus letras hablan del pago, de la tierra, de la infancia ¿qué significó esta etapa en tu vida?

- A quienes hemos nacido en lugares con tantas carencias la infancia nos marca. Yo he nacido en un hogar muy humilde, mi viejo era albañil y mi madre vendía verduras y frutas. En el año ’60 nos sacaron del barrio 8 de Abril donde nací porque vivíamos en un rancho y peligraba todo, el rancho de lonas blancas del que hablo en “Huayno de mi Infancia”. Fuimos a parar a un barrio que se había construido en el ’56 y estaba sin habitar pero no teníamos luz eléctrica, sólo agua. Mi madre nos llevaba a los cinco hermanos a las quintas donde compraba las verduras, a la noche preparaba los ataditos a la luz de un mechero con nosotros alrededor tomando mates, comíamos espaciado y a veces una cena excelente era un mate cocido con pan duro. Salía a las 4 de la mañana con tres canastos, dos en el brazo y uno en la cabeza, caminaba cinco kilómetros hasta el centro para vender en el mercado y de vuelta volvía golpeando puertas y compraba el alimento diario. Esa fue mi infancia y eso me ha marcado mucho, por eso hablo de ella con amor, respeto y recupero lo que para mí ha sido una etapa de aprendizaje de la vida, de lo que es no tener y saber diferenciar dónde está parado uno, quién es.

- Además de un gran músico, sos un enorme poeta, ¿qué te inspira?  

- Uno viene con un don, con un chip, es inexplicable. Yo he sido curioso desde niño, tenía necesidad de la lectura, con mi situación económica no podía acceder a nada. Cuando íbamos a las fiestas a donde nos llevaban a guitarrear hacía un recorrido por las casas buscando algo para leer. Una vez que empecé a ganar unas monedas lo primero que hice fue comprarme libros de autores rusos, españoles, latinoamericanos. Esa fue para mí la escuela porque no pude ir a la Universidad, pero esto no ha sido un impedimento para leer, reflexionar, cultivarme; desde ese momento tengo una lucha encarnizada con la palabra bien hablada, bien escrita, y la misión de vencer eso.

- ¿Cuál fue la gran bisagra en tu carrera?

- Yo he hecho un proceso totalmente tradicional, cuando no había enchufes de guitarra con mi hermano ‘Coco’ cantábamos con un micrófono chiquito en un acoplado que servía de escenario, y así hasta que ingresé a “Los Tobas”, uno de los conjuntos más tradicionales de Santiago, donde aprendí a hacer música de un modo más profesional. Después Sixto Palavecino y Alfredo Ávalos me enseñaron cómo había que comportarse arriba del escenario y la bisagra fue hacer el ciclo musical “Mi origen y mi lugar” para el que convoqué a músicos, pintores, artesanos, fotógrafos, toda gente ligada a las distintas ramas de la cultura. Hicimos seis fechas exitosas y llegó la posibilidad de  grabar mi primer disco “Mi origen y mi lugar” con el que la gente me descubrió y descubrió un formato de banda que no existía. Así también me cuestionaron los tradicionalistas diciendo que eso no era folclore y hasta el día de hoy yo sostengo que no hago folclore, hago música nativa de mi tierra, no estoy agrediendo ni desvirtuado ninguna obra clásica, solo canto y expreso mi música libremente y la gente me ha aceptado, eso es lo lindo.

- ¿Por qué decidiste ser independiente?

- Porque toda la vida me costó todo y consideré que si algo de valor tenía lo que hacía no necesitaba ayuda de ningún tipo, siempre he tenido la tranquilidad y la paz interior de no buscar nada que no me corresponde y de hacer con libertad, que es un verbo que está permanentemente adentro mío, después que suceda lo que tenga que suceder. Las cosas me costaron mucho sacrificio y no estoy para tolerar que alguien por brindarme un espacio mucho más grande me diga qué debo hacer.

- ¿Esto explica tu ausencia en algunos de los grandes festivales?

- Totalmente, porque todos se manejan con agencias, con representantes, y yo no. Para hacer un show me tienen que hablar a mí personalmente y no es lo mismo que hable un representante y diga que sos Dios y que hable yo y diga que soy Dios, está mal. Tal vez me cuesta convencer al otro porque no intento venderle nada, si me llamas es porque supuestamente sabés algo de mí, yo no tengo que decirte quién soy.

- Con 19 años viviendo en Buenos Aires, ¿qué es lo que más se extraña de Santiago?

- Todo. La familia, los olores, el lenguaje de la gente, los modismos pero yo he sabido aislarme cuando es necesario, he sabido sostener mi discurso y mi lenguaje santiagueño. Buenos Aires es una locura, todo el mundo reniega de la dinámica, yo convivo con eso y bien, mantengo mi pulsación santiagueña.

- Tu presente laboral y personal te encuentra haciendo música con tus hijos, ¿cómo vivís este momento?

- Es maravilloso, es el premio al sacrificio, creo que el de arriba está viendo permanentemente esas cosas y me dio el regalo de que ellos miren de la misma forma que miro yo, quieran hacer lo mismo que yo y sean libres. Me encuentro en uno de los mejores momentos de mi carrera, disfrutando de ellos, aprendiendo porque son de otra generación con cosas mejores que las mías. Encima tengo hijos profesionales, talentosos, con amor hacia lo que hacen, celosos de sus cosas, autocríticos y que no intentan pisar a nadie para lograr sus objetivos.   

Natalia Guantay

nguantay@lmdiario.com.ar

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