Hijos del cordobazo

Opinión 25/09/2016
El sábado último el Frente de Unidad Agustín Tosco le arrebató la Federación Universitaria de Córdoba a la agrupación Franja Morada, luego de 28 años de mandatos radicales ininterrumpidos.
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Foto: Gentileza Marteen Lemma.

Los que hemos transitado la militancia universitaria jamás olvidaremos lo ocurrido el sábado. La gesta histórica estuvo a cargo de jóvenes, de estudiantes, que se sintieron interpelados por los desafíos de un presente doloroso para las mayorías argentinas y alumbraron el camino de la victoria con dos actitudes que merecen la atención de todos quienes queremos un país más justo que el que vivimos por estas horas: vocación de unidad en la diversidad y generosidad política para priorizar líneas de acción antes que protagonismos individuales.

Aún resuena en las paredes de la Universidad Nacional de Córdoba el canto eufórico, libertario, atragantado por décadas: “La FUC la recuperan los hijos del Córdobazo”.  Hijos del Cordobazo, al unísono. En esa consigna encontraron la síntesis los más de 600 militantes de distintas fuerzas políticas de centro-izquierda abrazados en la explanada del Comedor Universitario, luego del triunfo. La escena no tenía ensayos, ni libretos marcados por el marketing político. Lo que allí se estaba expresando colectivamente era una marca identitaria, genuina, un lugar de pertenencia desde el cuál pararse como sujetos históricos, desde el cual defender un legado que no es la conmemoración de un día de Mayo, sino de banderas políticas, de un proyecto político. Uno que no ha sido el hegemónico en Córdoba, que tiene como insignias la emancipación de los pueblos, la justicia social y la lucha por sociedades que no convivan con las desigualdades obscenas que tienen lugar aquí en nuestra Provincia. Quienes acaban de fracasar y denuncian este gesto de unidad, no lo hacen por convicción, lo hacen por temor a enfrentar por primera vez en mucho tiempo una alternativa política que promueva con acciones cotidianas ese programa que es económico, que es social, y que es cultural. Eso los inquieta.

Las claves de la victoria del Frente de Unidad Agustín Tosco

28 años ininterrumpidos llevaba el radicalismo universitario, la Franja Morada, al frente del máximo órgano de representación de los estudiantes de la UNC. Una eternidad para quienes gustan hablar maravillas de la alternancia. El primer hito fundamental para que esto ocurriera, sin duda se encuentra en la histórica elección que realizaron las fuerzas del campo Nacional y Popular en los últimos comicios de centros de estudiantes que tuvieron lugar en junio. Los electorados de 9 de las 15 facultades, eligieron masivamente propuestas políticas alternativas al modelo de educación que propone la versión local de Cambiemos que gobierna la Casa de Trejo desde abril. Nunca el campo popular había obtenido esa cantidad de Centros de Estudiantes en una misma elección. Todas sus conducciones, sin excepción, han denunciado explícitamente el ajuste al presupuesto universitario iniciado desde que Mauricio Macri asumió el Gobierno nacional; parándose en defensa de la educación pública y la inclusión educativa como pilares decisivos de la democracia actual. Con sus matices naturales, a todas preocupa por igual el avance voraz de una derecha que, sin pruritos, denosta la Universidad Pública, que trabaja con sobrada conciencia desde una matriz cultural que pone a la meritocracia como principio rector del ingreso a los estudios superiores, invisibilizando desigualdades sociales y económicas muy marcadas entre distintas poblaciones en relación a las posibilidades reales para ese acceso (máxime en tiempos de recesiones económicas como los actuales); en síntesis que cree que estudiar una carrera universitaria no es un derecho que debe estar garantizado a todos los jóvenes y adultos de este suelo. Esa gran coincidencia en el plano nacional fue el punto de partida para que las agrupaciones empezaran a pensar un esquema de unidad.

En segundo lugar, viniendo a la realidad local, ocurre que el gobierno de la UNC también muestra ese sesgo, y su brazo estudiantil, no es la excepción. Existe la sensación para todos los que conocemos la política en la Casa de Trejo, que el oficialismo ha roto todos los códigos de convivencia posibles, pasando por encima, literalmente, a los opositores. El debut en la gestión rectoral de Hugo Juri fue con intentos de despidos de personal técnico formado y con años de experiencia en distintas dependencias claves para la inclusión de los sectores populares, como la Secretaría de Asuntos Estudiantiles (práctica que nunca había tenido lugar en los traspasos de mando anteriores); con medidas que concentraron la suma del poder público en muy pocas manos (decanos de facultades que, sin dejar de serlo, al mismo tiempo pueden ser vicerrectores o secretarios de las áreas claves del gobierno central), con intervenciones directas en las nuevas facultades de Ciencias Sociales y Cs. de la Comunicación violentando prácticas y tradiciones de sus comunidades, e intentando imponer una reforma en los mecanismos de elección de autoridades cuyo proyecto nadie conoce a sólo dos semanas de la Asamblea Universitaria en la que se votaría. Tales arbitrariedades no encuentran antecedentes de esa magnitud en la historia contemporánea de la UNC. Las mismas han generado un malestar creciente con el oficialismo, aglutinando a la mayoría de las fuerzas estudiantiles para repudiarlas y proponer formas de gobierno alternativas.

No es que el radicalismo en la UNC se comporta como Cambiemos a nivel nacional, es que el radicalismo universitario ES Cambiemos a nivel local. Y como se dijo más arriba: todas las agrupaciones que componen el Frente Tosco, creen en otros valores más nobles y bien distintos a los que ostenta el macrismo en cualquiera de sus niveles. Por último, ha sido muy dañina para la construcción estudiantil de Franja Morada, la conducción del propio Juri y sus dos alfiles, Marcelo Conrero y John Boretto, decanos de Agronomía y Ciencias Económicas respectivamente, pidiendo organicidades en la votación de verdaderos mamarrachos institucionales a los estudiantes, exponiendo de manera brutal a la agrupación reformista.

Los desafíos de la unidad

La ejemplar vocación de unidad de La Bisagra, La Mella, Movimiento Sur, y el resto de los aliados, ahora deberá emprender un camino unificado en la práctica. La defensa de los derechos estudiantiles, en la cual la FUC estuvo ausente durante 28 años, seguramente ocupará un trazo grueso de la agenda de la nueva conducción. Pero por la composición de este frente, la esperanza de muchos cordobeses está puesta en que esta herramienta sea parte de la lucha cotidiana frente al avance arrasador como nunca de las políticas neoliberales. Por mi actividad política fuera de la UNC, me consta el compromiso social y político de todas las agrupaciones del Frente Tosco, a quienes encuentro a diario participando activamente en conflictos con sede en Córdoba, como los ocurridos a raíz del tarifazo, de los despidos masivos y la caída estrepitosa del poder adquisitivo de los trabajadores, de la construcción en el Ex Batallón 141, o de los recortes en las jubilaciones locales. Esta poderosa unidad de las distintas expresiones estudiantiles del campo popular lograda para la FUC, puede convertirse en una oleada progresista y transformadora, si es capaz de construir, con idéntica generosidad, una alianza con el movimiento obrero organizado también en sus distintas variantes. Allí habita, cada vez menos escondida, la llama viva de lo mejor de la historia revolucionaria de Córdoba, cuyo capítulo actualizado a los tiempos que corren, merece ser escrita por los hijos del Cordobazo.

(*) Presidente de la Fundación Córdoba de Todos y egresado del Movimiento Universitario La Bisagra. 

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