El “Caribe entrerriano” en el río Uruguay

Entre la ciudad de Colón y el país vecino, moldeados por el manso oleaje del Río de los Pájaros Pintados, bancos de arena se ofrecen como para relajar al ritmo de la naturaleza.
Ver galería Río Uruguay00004
1 / 3 - Los bancos de arena se convirtieron en un lugar de relajación en el medio del río, tranquilo y seguro para los niños. - Foto: Gentileza Dirección de Turismo de Colón

chapa_ed_impresa_01

El “caribe entrerriano”, como lo llaman los colonenses, ofrece playas en estado natural para el disfrute de la familia. Complementando los casi 10 kilómetros de playa territorial, que constituyen la continuidad de los balnearios de agua dulce más importantes del país, los bancos de arena de Colón son, al mismo tiempo, un oasis para tomar distancia del ritmo citadino y la oportunidad ideal para practicar deportes náuticos.

La nutrida y diversa flora autóctona de selva en galería aporta colores que, en conjunción con el río que abraza a las islas, componen una paleta única que cada año atrae a familias enteras sobre todo en verano y a los amantes del ecoturismo.

En las asimétricas extensiones de los bancos de arena, la corriente suave del río de temperatura cálida permite que los niños construyan sus castillos de arena cerca de los adultos, que se ubican en reposeras sobre los manchones de agua que se cuelan entre los minúsculos granos de amarillo mineral.

Alrededor, el cuadro se complementa con el peregrinar constante de kayaks, veleros, windsurfistas, nadadores y esquiadores prolongando el paso de las lanchas, que trasladan desde la costa colonense a quienes buscan entrar en contacto con las cristalinas aguas que provee este sector del río.
El viaje es ya un atractivo en sí mismo: desde el río, las islas parecen manchas multicolores que se confunden con el agua, como tejiendo sutilmente un telar digno de fotografiar.

Qué otros lugares se pueden visitar en Colón este verano:
Termas de Colón: junto a su monumental Parque Acuático ubicado frente a las playas, ofrece un entorno singular de riquezas naturales, donde agua, flora, fauna y paisaje se conjugan para formar un microclima especial que despierta en el visitante una sensación de bienestar y relax. Cuenta con excelente gastronomía, clases de aquagym, juegos y todos los servicios para una estadía muy confortable. Más información en www.termascolon.gov.ar.

Parque Nacional El Palmar: cuenta con 8.500 hectáreas y fue creado en 1966 con el objeto de conservar el sector representativo del Palmar Yatay. Se pueden realizar diferentes recorridos como senderos vehiculares, senderos peatonales, sitio histórico, miradores y centro de visitantes. Más información en www.parqueelpalmar.com.ar.

Más información:
Dirección Municipal de Turismo +54 3447 423000 / 421233
www.colonturismo.tur.ar
[email protected]

Colonias y parajes rurales, la otra cara de Colón

En los alrededores de la ciudad, la propuesta de turismo rural está compuesta por historias de inmigrantes, un hermoso paisaje y una tierra con gente de tradición aferrada al trabajo artesanal. Al indagar sobre las raíces históricas de las colonias es posible vivenciar experiencias de campo únicas, todo en un entorno paisajístico delineado por el río Uruguay como corolario de una pintura impresionista de Charles-François Daubigny.

La “tierra de palmares” es un ambiente natural, entendido éste en el sentido amplio de la palabra, con una geografía agreste donde conviven familias rurales que abren las tranqueras de su terruño para compartir entre mates la esencia de un turismo responsable a través de un intercambio cultural respetuoso entre el visitante y el anfitrión.

Colonia Hughes y el Falansterio Durandó. Ubicada al sudoeste de la ciudad, a tan sólo 13 kilómetros se encuentra esta pequeña colonia rural que nació en 1871 por iniciativa de Luis Hughes. Al ingresar al poblado, en una de sus viejas casonas existe una exposición y venta de antigüedades que le dan la bienvenida al mundo rural: sulkys, carruajes, arados, muebles, entre otros elementos, permiten comprender la vida en estas latitudes hace más de 145 años. En el pueblo existe también una capilla de 1895 dedicada a San Luis Gonzaga.

Pero Colonia Hughes atesora una extraña historia, poco conocida por el común de las personas que eligen el Litoral argentino para vacacionar pero que se atesora en los libros y le da un sello particular al lugar. Se trata del Falansterio de Durandó, una pequeña comunidad con reglas estrictas que funcionó por casi 30 años.

De origen suizo, Juan José Durandó se radicó en un campo de esta colonia en 1888, iniciando un establecimiento agrícola en el que llegaron a convivir hasta 120 personas, pero en forma de comunidad que se autoabastecía y en la que se practicaba la modalidad del trueque.
Los falansterios surgen de la obra del filósofo francés Charles Fourier sobre el socialismo utópico, que tenía como ideal una sociedad agrícola donde las personas habitaran en un único edificio rodeado de tierras cultivables y a cada una le correspondería un trabajo según su inclinación. El Durandó contaba con sembradíos, frutales, una gran huerta, invernáculo, herrería, carpintería, zapatería, sastrería, escuela de primeras letras, artes y oficios.
También en Hughes es posible visitar una granja educativa para conocer sobre la cría de aves ornamentales de gran atracción por su plumaje colorido como los faisanes, pavos reales, entre otras especies.

La capilla de San Anselmo. San Anselmo es una colonia situada a 16 kilómetros al sur de Colón y que por su ubicación cercana al río Uruguay ofrece alternativas turísticas en torno al río mismo, como kayakismo, paseos en lancha, cicloturismo y senderismo. Sin embargo, el turismo rural está presente a través de la cría de caprinos y producciones de queso y dulce de leche de cabra.

Una de las particularidades de San Anselmo es su capilla, una construcción de piedra que es una rareza para la zona. Se trata de una pequeña joya arquitectónica que data de 1939 con paredes irregulares y un sistema francés de 110% de pendiente por metro cuadrado en su techo. La piedra utilizada se obtuvo de una cantera de la zona que también se empleó para la construcción de la Basílica de Luján.

El Molino Forclaz. A cuatro kilómetros al noroeste de la ciudad y a medio camino hacia San José, se alza esta magnífica obra de fines del siglo XIX construida entre los años 1888 y 1890.

Este particular molino de estilo holandés fue levantado por el inmigrante suizo Juan Bautista Forclaz, cuya finalidad era moler granos de trigo y maíz. Necesitaba vientos muy potentes para funcionar y dada la escasez de estos en la región nunca llegó a hacerlo plenamente, por lo que su dueño volvió al viejo sistema de molienda llamado malacate.

La base del molino es de 25 metros de circunferencia y sus paredes de un metro de espesor. En 1985 fue declarado Monumento Histórico Nacional y en 2003 Patrimonio Arquitectónico de la provincia de Entre Ríos.

Hoy es posible visitar todo el conjunto: la antigua vivienda, los galpones de depósito, el malacate, el aljibe, que junto al molino conforman la expresión de las chacras de inmigrantes de la Colonia San José. En períodos de vacaciones y durante los fines de semana largos se realizan visitas guiadas teatralizadas y visitas nocturnas.

Fotos: Gentileza Dirección de Turismo de Colón

Edición Impresa

Seguí el desarrollo de esta noticia y otras más,
en la edición impresa de La Nueva Mañana
 
Todos los lunes en tu kiosco ]


Te puede interesar