Murió el príncipe Enrique de Dinamarca, esposo de la reina Margarita

Mundo 14/02/2018
Según indicó la casa real danesa en septiembre, sufría "demencia". Falleció en la residencia oficial, el castillo de Fredensborg. Se casó en 1967 con la heredera del trono de Dinamarca, que fue coronada en 1972.
margarita enrique
La reina Margarita de Dinamarca y el príncipe Enrique. - Foto: AFP

El príncipe Enrique de Dinamarca murió anoche a los 83 años. Estaba casado con la reina Margarita II, y, según había indicado la casa real danesa en septiembre, sufría "demencia".

El príncipe fue trasladado a su casa, en el castillo de Fredensborg, para "vivir sus últimos momentos", comunicó el palacio. En la residencia oficial, situada a unos 40 kilómetros al norte de la capital danesa, estuvo acompañado por su mujer y sus dos hijos, según publicó la agencia AFP.

Desde el 1 de enero de 2016, el príncipe estaba oficialmente jubilado. Un año después hizo saber públicamente que no quería ser enterrado junto a su esposa en la necrópolis real de la catedral de Roskilde, como es tradición en las parejas reales, por no haber obtenido el título, un papel que siempre anheló, y argumentaba que no había sido tratado como tal en vida y que no deseaba serlo en la muerte.

Nacido el 11 de junio de 1934 en Talence, cerca de Burdeos (Francia), Henri Marie Jean André de Laborde de Monpezat se casó en junio de 1967 con la heredera del trono de Dinamarca, Margarita, que fue coronada en enero de 1972.

Tras estudiar Ciencias Políticas, vietnamita y chino, abrazó la carrera diplomática. Tenía un puesto en Londres cuando conoció a Margarita, entonces heredera de la corona danesa.

Al casarse con ella, cambió de nombre, renunció a su nacionalidad francesa para convertirse en danés y cambió su fe católica por el protestantismo. Pero sobre todo se resignó, a regañadientes, a caminar tras los pasos de Margarita, adorada por sus súbditos.

"Acepto jugar el juego. Pero es muy duro para un hombre no ser considerado en el mismo plano que su esposa", reconoce en sus memorias, "El destino obliga", publicadas en 1997.

Más duro aún cuando el "francés" amante de las rimas, del vino y de la buena mesa, encarnación de la arrogancia meridional en tierra luterana, tardó en hacerse aceptar.

"Todo lo que hacía era criticado. Mi danés era flojo. Prefería el vino a la cerveza, los calcetines de seda a los de lana, los Citroën a los Volvo, el tenis al fútbol. Era diferente".

En 1984, 12 años después de la llegada al trono de su esposa, obtuvo su propia asignación, deducida de la partida presupuestaria de la reina.

Enrique, que también era escultor, publicó varios libros de poemas, algunos de ellos ilustrados por la propia Margarita, artista respetada.

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