La leyenda del embrujo en el estadio de Alta Córdoba

Pequeños relatos 15/02/2018 Por
A fines de los ’80 a Instituto le habrían hecho un “trabajo” sobre el arco que da la espalda al sector norte del Monumental. Recordamos qué pasó y cómo hicieron para romper el "maleficio".
Estadio-de-Instituto

Historias de arcos embrujados en el fútbol argentino hay muchos y muy recordados. De todos los gustos, aromas y demás especies... Y en nuestra Córdoba no es una excepción. 

Por estas horas, Instituto está lejos de lo añorado en el año de su centenario; y hubo quienes, más allá de la producción futbolítica, le echaron la culpa a la mala suerte. Así, sin casette ni vueltas, la mala fortuna estaba en Alta Córdoba, expresaron en un bar frente a la plaza del barrio.

Y entonces, regresó una vieja anécdota que tiene al hincha de la "Gloria" bien presente.

Es que el arco que le da la espalda a la hinchada “gloriosa”, en el sector norte del Monumental de Alta Córdoba, tuvo un tiempo de recuerdos ingratos por un supuesto embrujo, que incluso dicen que provocaba mareos en los arqueros que iban a defenderlo.

“Ese arco estaba embrujado, no hay dudas”, recuerda un hincha de Instituto de los que no se pierde un partido y anhela los tiempos en el que había goleadores como Mario Kempes u Oscar Dertycia.

La leyenda cuenta que el embrujo comenzó a gestarse a comienzos de 1988 por unos hinchas de Talleres. La “Gloria” y la “T”, junto a Racing, por ese entonces representaban a Córdoba en la Primera División del fútbol argentino. Una noche de otoño, de luna tapada por intrépidas nubes, habrían ingresado al Monumental un grupo de simpatizantes albiazules y en un acto “oscuro” enterraron un sapo muerto con la panza hacia arriba.

“Es tal cual, desde ese momento entramos en desgracia, comenzaron a suceder una serie de inconvenientes en Instituto”, confirma éste simpatizante. Y entre esas desgracias llegó aquella recordada bomba en el vestuario visitante que provocó la lesión del jugador de San Lorenzo Claudio Zacarias.

Cabe recordar, que el defensor perdió sensibilidad en su brazo y, por ende, llevó a juicio, posteriormente, a la institución de Alta Córdoba.

A propósito, otra versión de la historia del “embrujo del arco de Instituto” vincula que la misma fue realizada por un pariente muy cercano al ex jugador de Boca. Aunque en ambas versiones hay diferencias con el inicio de la “maldición”.

Síntomas extraños
Pero lo curioso sucedía en el arco donde estaba el “hechizo”. Durante mucho tiempo, fundamentalmente posterior al ingrato incidente con Zacarías, se dijo que los arqueros sufrían extraños síntomas cuando iban al arco que daba a la cabecera norte.

Y también de esa forma justificaban los goles que recibía por entonces el arquero “glorioso” Ramón Benito Álvarez. No obstante, el propio ex portero desmitifica aquella leyenda. “La gente comentaba esas cosas, todos en la hinchada decían que había algo en el arco, pero en realidad yo nunca sentí nada”, le narró en su momento al desaparecido diario LA MAÑANA DE CÓRDOBA; y agregó entre risas: “Decían que por eso me hacían los goles, en realidad me los hacían porque yo era malo”. Aunque en Alta Córdoba nadie cree ese calificativo y traen a la memoria que en el viejo Chateau Carreras una tarde de octubre de 1989 le atajó un penal al mismísimo Gabriel Omar Batistuta.

Los memoriosos y activos hinchas “gloriosos” recuerdan que hicieron de todo para terminar con el maleficio.

Fueron con una pala e hicieron pozos en el arco buscando el sapo, incluso una noche llevaron oculto de la dirigencia a un brujo. Aparentemente nunca tuvo gran efecto e Instituto siguió penando en la Segunda División con resultados muy raros que le impedían el ascenso. Pero la leyenda dice que el “hechizo” concluyó cuando se dispersaron en el terreno de juego las cenizas de un legendario hincha fallecido que soñaba con volver a ver al albirrojo en Primera.

Al poco tiempo, en 1999, desde el más allá, ese hincha cumplió su deseo.

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