Dólar, inflación y deuda condicionan el rumbo económico

País 05/02/2018 Por
El plan del Gobierno nacional de dejar todo al libre albedrío del mercado comienza a chocar contra la evolución de variables de peso para el funcionamiento del país y para la vida cotidiana de los argentinos.
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Nada indica que reduciendo la tasa se activará la economía haciendo que crezca al ritmo que necesita para cumplir con los compromisos de deuda.

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Por: Facundo Piai - Especial para La Nueva Mañana

La suba del dólar tiene fuerte incidencia en los precios internos de nuestro país. Recordemos que cuando Cambiemos asumió, la moneda estadounidense cotizaba en torno a $9 y hoy oscila entre $19 y $20. Por el motivo que fuere: extranjerización de la estructura económica, especulación o desconfianza en el devenir de la economía; lo cierto es que la realidad dicta que a lo largo de nuestra historia económica los aumentos de la divisa norteamericana han repercutido fuertemente en nuestra economía. En otras palabras, las devaluaciones han sido poco exitosas, puesto que al trasladarse a precios, como ocurrió en 2014 y 2016, la inflación licuó la competitividad del incremento del tipo de cambio.
Si bien las devaluaciones implementadas por Roberto Lavagna durante los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner fueron consideradas “de las más exitosas”, hay que tener en cuenta que aquél incremento de la moneda estadounidense se dio en un contexto de postcrisis social, política y económica donde el consumo estaba deteriorado.
De este modo, el quebranto económico disciplinaba a los actores de la economía, quienes optaban por no aumentar o subir los precios lo justo y necesario, asimilando los costos de un dólar más alto, por temor a tomar decisiones que afectaran a la desanimada demanda.
Algunos analistas económicos sostienen que, en aquel momento, lo que ocurrió fue una postergación de la inflación que se manifestó con vigor cuando la economía y el consumo empezaron a crecer.

Energía dolarizada
Hay un nuevo aspecto a tener en cuenta con la cotización del dólar. La dolarización de la energía implica que se trasladen a la tarifa los aumentos de los costos para producir gas, naftas o electricidad luego de una devaluación del peso. Subas que se suman a los incrementos de la tarifa ya pautados como consecuencia de la quita de subsidios. Es innegable la repercusión que las naftas o los servicios tienen en la estructura de costo de la economía, afectando a la competitividad de la misma, y a quienes perciben ingresos fijos.

Inflación sin freno
A todo esto, enero fue un mes de alta inflación, se estima que rondó el 2% y febrero no se quedará atrás. Se prevén aumentos en la tarifa de luz y de las empresas de medicina prepaga, estas últimas en un 4 %, que se sumarán al aumento de 31.3% del año pasado. Estos datos poco alentadores repercuten en los precios alentando a una mayor inflación de la prevista. Y cuando la expectativa inflacionaria es alta, aquellos sectores que tienen la posibilidad de ahorrar recurren al dólar, puesto que el peso no es resguardo de valor dado a sus oscilaciones constantes, y el recalentamiento del dólar no hace otra cosa que aumentar su cotización generando un círculo vicioso del cual es difícil salir.
De este modo, el Gobierno se encuentra en una situación delicada, de compleja resolución: tomar las medidas adecuadas o mantener los compromisos asumidos con los sectores que representa, como el complejo agroexportador, las multinacionales energéticas y el poder financiero.

Un rumbo incierto
Estas contradicciones se ven reflejadas en la interna que el Banco Central mantiene con el gabinete económico del Presidente. El BCRA propone bajar la inflación reduciendo la base monetaria, lo cual enfría el consumo y atenta contra el objetivo del crecimiento. En contraposición, el Jefe de Gabinete plantea bajar la tasa de interés para incentivar el consumo y la producción, pero esto dificultaría la renovación de Lebacs y generaría una corrida al dólar aumentando su cotización.
Ahora bien, creer que el crecimiento económico depende exclusivamente de la tasa bancaria o del precio del dólar es de una visión simplista. Nada indica que reduciendo la tasa se activará la economía haciendo que crezca al ritmo que necesita para cumplir con los compromisos de deuda. Por el contrario, el eje del crecimiento de los países “exitosos” lo marca el modelo de desarrollo elaborado en función de las capacidades productivas que el país dispone y en busca de incluir a la totalidad de la población. En este aspecto, Mauricio Macri ha decidido esquivar la discusión, liberalizar las fuerzas productivas y dejar en manos del mercado la asignación de los recursos.

Financiamiento encarecido
El panorama se pone más complejo frente al aumento del rendimiento de los bonos a diez años del Tesoro de Estados Unidos, que desde septiembre vienen aumentando considerablemente y amenazan con dar un gran salto este año. Naturalmente, esto, al igual que la suba de la tasa de interés de la Reserva Federal norteamericana, encarece el financiamiento externo de nuestro país, lo cual obliga a la economía a expandirse más que el raquítico crecimiento del año pasado y de manera más sostenida para no caer en default. Vale decir que los dólares producto de la inversión de empresas extranjeras aún son poco significativos y no nos encontramos en una crisis de restricción externa sólo por las divisas producto de endeudamiento (a elevada tasa). Durante el primer año de Cambiemos, pese a implementar políticas “mercado friendly”, la IED (Inversión Extranjera Directa) fue sólo de 3.687 millones de dólares, y el año pasado llegó a la cifra de USD 8.280 millones. Aún no logra superar los 9.577 millones de dólares que llegaron durante el último año de la gestión anterior, según el Informe de Política Monetaria del Banco Central. Desde el Gobierno alegan que las inversiones no llegan por los elevados costos locales, particularmente por el costo del salario y la efervescente actividad sindical, motivo por el cual pretenden flexibilizar las condiciones de trabajo.
Sin embargo, como ya explicitamos en notas anteriores, en los sectores más importantes de la economía los salarios ocupan el segundo o tercer lugar en la estructura de costos. Pese a ello, desde Cambiemos quieren disciplinar a los trabajadores presionándolos para que cierren paritarias con un techo de 15%, cuando la expectativa inflacionaria para este año ya está ubicada muy por encima de esa cifra.

Canasta cordobesa
Ahora bien, teniendo en cuenta los datos oficiales que Indec publica luego de hacer la Encuesta Permanente de Hogares, hemos realizado una canasta básica total estimativa para un trabajador tipo de Córdoba para dimensionar cuánto repercuten los aumentos de las tarifas en su poder adquisitivo. Los gastos mensuales serían: $250 de agua; $150 de luz; el gas se paga de modo bimensual pero estimamos $150 por mes; telefonía celular, el plan más económica de cualquier empresa no baja de $290; si se moviliza ida y vuelta en colectivo paga diariamente $30, durante enero (22 días laborales) los trabajadores destinaron $660 para trasladarse; y de comida $2.150 de acuerdo a la Canasta Básica de alimentos publicada por INDEC en diciembre último confeccionada de acuerdo a los requerimientos nutritivos imprescindibles para un varón adulto de entre 30 y 60 años. Si nuestro trabajador decide tener internet en su hogar deberá destinar otros $750 (es lo que cuesta Arnet o Fibertel). Lo cual hace un total de $4.400 de gasto fijo. Si a eso le sumamos un alquiler módico de $4.000 y el impuesto inmobiliario que deben pagar la mayoría de los inquilinos ($290), nos encontramos con que el gasto mensual del trabajador es de $8.690, estimativo.
A todo esto, si tenemos en cuenta que el Mínimo Vital y Móvil pautado para este año es de $9.500, a nuestro trabajador le quedará, luego de afrontar los compromisos corrientes, la suma mensual de poco más de $800. Lo que equivale a cuatro slips en Falabella. Si le queda ese remanente, debería de considerarse afortunado, puesto que poco más de la mitad de los argentinos que perciben ingresos está por debajo del Mínimo Vital y Móvil, de acuerdo a datos aportados por la Encuesta Permanente de Hogares. En caso de quedarle un remanente mayor, con el ingreso señalado y la estructura de gastos mensuales confeccionada, será producto de ajustar en algunos de los egresos mencionados, como puede ser internet o en la dieta cotidiana. Posible al reemplazar alimentos proteicos por aquellos que son ricos en hidratos.

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