Caso “Güere”: pericias indican que no hubo enfrentamiento

Policiales 25/11/2016
Peritos balísticos demostraron que el proyectil que apareció en la camioneta no fue disparada por los jóvenes. El informe forense sostiene que Fernando Güeré Pellico tras ser baleado agonizó y murió por un shock hipovolémico.
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Foto: Facebook Justicia por Güere.

En la Cámara Octava del Crimen, integrada por los vocales Eugenio Pérez Moreno (presidente), Juan Manuel Ugarte y Marcelo Nicolás Jaime, y los jurados populares, se reanudó el debate que investiga el homicidio agravado por el uso de arma, doblemente calificado de Fernando Güeré Pellico.

Un médico y dos especialistas en balística presentaron sendos informes. El forense explicó la trayectoria de la bala y el daño que le produjo la agonía y muerte. Dos peritos balísticos demostraron que la bala encontrada en la camioneta policial no fue disparada desde la posición de las víctimas.

Carlos Alberto Pellico, abuelo de los jóvenes, aportó información sobre los hechos y trazó un perfil amoroso de un chico “emprendedor y guapo” con el que trabajó y ahora visita en la tumba.

Cuando concluyó la audiencia el abogado querellante Luis Giacometti le dijo a este medio que los informes periciales son contundentes y confirman la acusación. Por ello, evalúa, no será necesario llevar a cabo una reconstrucción in situ.

Desde esa perspectiva consideró que  “afortunadamente Maximiliano Peralta fue herido porque si hubieran acertado el caso quedaría impune”. Apuntó que la policía actuó de manera corporativa toda vez que “ha tratado de ensuciar, embarrar la cancha, plantar armas, y apretar testigos que debían declarar y que se encuentran en el exterior haciendo cursos”.

Valoró el  testimonio conmovedor del abuelo de las víctimas. “He visto a más de un jurado derramar una lágrima, como me pasó a mí, comprendiendo la situación y el dolor por lo absurdo de una muerte, a manos de funcionarios policiales que debían cuidarlos”, dijo, convencido.

Autopsia

El fiscal Amorín le pidió al médico forense que explique la trayectoria del proyectil, la causa eficiente de muerte y la agonía.

El profesional aseguró que el orificio de entrada de la bala se ubica en la  espalda, precisamente, en la región paradorsal izquierda. Entra a la cavidad torácica y sale por la clavícula izquierda, ingresa por la cara anterior del cuello y luego sale  por la pera. El trayecto indica que la víctima estaba agachada hacia delante.

Aseguró que por la morfología del orificio el disparo no fue realizado a corta distancia. Que afectó el pulmón produciendo un hemotórax (hemorragia interna) que desencadena un shock hipovolémico que el organismo intenta compensar con  diferentes mecanismos. Dijo que hubo un periodo agónico lo que explica que haya seguido manejando la motocicleta, llegar y pedir ayuda. Aclaró que cuando el cerebro no recibe más sangre se produce la pérdida de la conciencia y sobreviene la muerte.

No hay forma

El intento de disfrazar la ejecución como enfrentamiento quedó pulverizado por los peritos que demostraron que la bala 9 milímetros que impactó en la camioneta policial no partió de la posición de las víctimas. No hay ningún ángulo que lo demuestre. El proyectil ingresó en sentido descendente de arriba hacia abajo.

Los peritos brindaron detalles sobre la metodología empleada y explicaron que tras observar el vehículo y el impacto de bala fueron al lugar del hecho donde habría ocurrido el intercambio de disparos. El sitio fue calificado como complejo porque presenta una hondonada y una lomada. La pendiente es el paso de ingreso al campo. Escanearon con láser el lugar y la camioneta, que ya estaba en policía judicial. Realizaron un relevamiento y mediciones, y calcularon el ángulo de la trayectoria del tiro suponiendo que partió de la motocicleta.

El cuaderno de prueba, con láminas y gráficos fue exhibido en el recinto. La tarea les llevó más de tres meses. Aclararon que además debía tenerse en cuenta que las víctimas estaban en movimiento. Todo fue graficado con dibujos en un pizarrón. Con los escaneos de la camioneta, del lugar y de la motocicleta ensayaron diferentes posibilidades que relacionaron distancia, posición y altura. Con los jóvenes parados y arriba de la moto. Ninguna indica que el impacto se haya originado desde la posición de los jóvenes.

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No creo en la Policía 

El último en testimoniar fue Carlos Alberto Pellico (64), abuelo de los jóvenes. Contó que esa noche les prestó el quincho para que coman un asado con unos amigos. Compartió unos 20 minutos con el grupo y se retiró a descansar a eso de las 11 de la noche.

Horas después se despertó cuando su nieto Maxi le golpeó la puerta de chapa y le decía “Abuelo, abuelo…Salgo, y veo a mi nieto tirado en el suelo, boqueando, pobrecito”. Alcanzó dejar la moto y cayó. Instantes previos le había dicho a Maxi que no lo dejara morir. 

Su esposa llamó a la policía. El se dirigió hasta el diario La Voz del Interior a buscar a algún periodista pero no encontró a nadie. Uno de los abogados de la defensa le preguntó por qué fue a los medios – Canal 10 y La Voz del Interior-  y no a una unidad judicial. Y si creía en la Justicia. Respondió que lo hizo porque “lamentablemente la vida es así;  si iba, no harían nada porque son agentes… Creo en la Justicia, pero, no en la policía”, Y aclaró que en el barrio los policías desprecian a los jóvenes que vienen trabajar embarrados.

Guiado por el fiscal contó que habló con un policía de civil (Walter Ferreyra) que estaba a cargo de un gran operativo montado con patrulleros, armas y hasta bomberos. Ante esa situación le pidió que los retiren porque anoticiados de lo ocurrido habían llegado a la casa familiares, amigos y la madre que lloraba desconsolada.

De armas plantar

También recordó que a días de lo sucedido un muchacho (Marcelo) Flores se acercó y le dijo: “Bocina ¿Puedo hablar con vos? Pero no te vayás a poner mal. Vos sabés que estuve comiendo un asado en Los Bulevares en el taller de un amigo. Golpearon el portón y el dueño de casa sale. Cuando vuelve dice está loco, está loco. Vino Leiva y me pide un revólver para ponerle a un chico que mataron en Los Cortaderos”.

Otro dato se lo acercó un tal Julio que trabaja en una estación de servicio de la zona. Le dijo que Chávez y Leiva anduvieron pidiendo un arma, cuenta, mientras se toma un respiro y bebe unos sorbos de agua.

Un adicto al trabajo

Luis Giacometti, el abogado de la familia, le pidió que diga quién había sido Güeré. Lo describió como un chico “alegre, respetuoso, guapo, muy trabajador, muy querido en el barrio”.

Cuando el padre -su hijo- le comentó que no quería estudiar le pidió que lo mande a su casa para que trabaje. Al poco tiempo quiso quedarse a vivir ahí para ahorrar y poder comprarse una moto y el televisor. Logró esos objetivos y después se  volvió a vivir con los padres que habían ampliado la casa.

La defensa de los imputados a cargo de los abogados Juan Manuel Riveros y Héctor Hugo Luna. Alternativamente, le preguntaron al hombre respecto a  su memoria, antes y ahora. Advirtió uno de los letrados que había una variación relacionada con Leiva. Tras la lectura, la cuestión quedó resuelta con la declaración actual.

Esto le dio pie a uno de los jueces para preguntarle si conoce a los acusados. Giró a la izquierda y señaló a Leiva a quien incluso lo dejó pasar al campo.

Pellico afirmó que no le gusta mentir. Con un nudo en la garganta expresó que Güeré era adicto al trabajo. Confesó que cuando está triste va al cementerio y le habla. 

El 30 de noviembre continuará el juicio con más testimoniales.

Fuente: www.prensared.org.ar

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