“Me pegaron, Negro, no me dejés morir”, las últimas palabras del Güere a su primo

Córdoba 23/11/2016
Fueron las últimas palabras dichas por Pellico tendido en el suelo y abrazado a su primo, Maximiliano Peralta. El testigo y víctima declaró ante las partes cómo ocurrieron los hechos. También lo hicieron los policías Guillermo Ruiz (33) y Walter René Ferreira (40). “Hasta ahora se va confirmando la hipótesis acusatoria”, evaluó el fiscal. Mañana, declaran peritos balísticos.
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Hoy declaró en el juicio el primo de Pellico. - Foto: Facebook Justicia por Güere.

En la Cámara Octava del Crimen se realizó ayer la segunda audiencia que indaga el homicidio de Fernando Alberto (a) “Güeré” Pellico, fusilado durante la madrugada del 26 de julio de 2014, cuando regresaban de comprar bebidas en barrio Los Bulevares. Están imputados el agente  Lucas Gastón Chávez y al sargento 1° Rubén Alfredo Leiva.

El hecho está siendo investigado por los vocales Eugenio Pérez Moreno (presidente),  Juan Manuel Ugarte y Marcelo Nicolás Jaime, junto a  12 jurados populares. Ayer declararon tres testigos. Maximiliano Peralta, testigo y víctima y los policías Guillermo Ruiz y Walter René Ferreira, los primeros en acudir a los llamados de la patrulla que denunciaba un enfrentamiento.

Al final de la jornada donde las partes y los jueces indagaron puntillosamente sobre los hechos, el fiscal de la causa le dijo a Prensared  que “Hasta hoy lo que se ha ventilado en la sala de audiencias, va confirmando la hipótesis acusatoria”. Se mostró prudente y sostuvo que los próximos testimonios irán revelando la verdad de los hechos.

Testigo directo

“Me cambió la vida totalmente. No soy el de antes. Me duele la pierna y no tengo más a mi primo. Me lo arrancaron. Cambió mi vida, totalmente”, le dijo al fiscal.  El joven se encuentra al cuidado del  Departamento de Protección de Testigos  luego de que su madre Sonia Bustos presentara un hábeas corpus preventivo acompañada por la Dirección de Derechos Humanos de la Ciudad. Días previos al inicio del juicio fue intimidado en la calle por personal policial.

El testigo contó que el 26 de julio de 2014, con su primo Güeré Pellico, se encontraban en la casa del abuelo de ambos en barrio  Los Cortaderos comiendo un asado con un grupo de amigos. A eso de las dos de la madrugada se quedaron sin bebidas. Los primos salieron en la moto a comprar coca cola para mezclar con el fernet. Como no consiguieron, compraron una caja de vino y una Prity. Eran cerca de las dos de la madrugada.

Todo sucedió vertiginosamente. “Cuando nosotros veníamos por el campo, venía un patrullero sin luces, y sin dar la voz de alta. Nunca nos pararon. Seguimos. Entramos al campo. Y sentí que frenó un vehículo detrás mío y empezó a disparar. Me caí de la moto. Estoy en el piso, me levanto, y salgo corriendo hasta llegar a la casa de mi abuelo. Lo despierto y le digo: me pegaron un tiro. Mi primo iba adelante en la moto. Lo veo en el patio tirado en el piso. Lo agarro y lo abrazo”, relató con enorme valor, sobreponiéndose al llanto.

-Me pegaron Negro, me pegaron, no me dejés morir, primo-contó que le dijo la víctima desde el suelo.

-No me abandonés, le digo. Estando conmigo se me fue de mis brazos. Sin motivo, sin nada, me lo quitaron de mis manos- reflexiona Maximiliano.

El cuerpo seguía tirado. Dos policías se acercaron en ese ínterin y hablaron con unos familiares. Después lo trasladaron en la ambulancia 107 al Hospital de Urgencias donde fue curado de la herida de bala.  Tras ser interrogado por las partes y los jueces se quedó en el recinto.

El fiscal Hugo Antolín Almirón lo interrogó en detalle sobre los recorridos realizados desde que salen de Los Cortaderos hacia Los Bulevares y viceversa. Las puertas de ingreso de la casa, la tranquera, la ubicación del sendero que toman como atajo para llegar al almacén. Luego puso el foco en el regreso, la visibilidad del patrullero, las luces de la moto, y las cuadras recorridas.

Los almacenes visitados, distaban seis cuadras. Iban en la moto roja, propiedad de Güeré,  con las luces encendidas. No había tránsito, cuando lo sorprenden los disparos. El primero le pasa de refilón por la capucha de la campera y el  segundo le pega en la pierna, a la altura del muslo.  “Sentí que me silbaban las balas en el oído”, grafica.

Nervioso y temeroso

Guillermo Ruiz, un ex compañero de trabajo y amigo de los imputados, declaró que los conoce desde hace 9 años. Esa noche, mientras hacía sus tareas, escucha por la radio que el sargento Leiva pedía refuerzos porque se había producido “un enfrentamiento”. Cuando llega, dice, que  ya estaba presente el subcomisario Ferreira, en la rotonda, dialogando con la familia. Afirmó que se quedó con Leiva que “estaba bastante nervioso y se tocaba el pecho”, dando a entender alguna  dolencia. También estaba Chávez con ellos.

El fiscal le pidió información sobre la ubicación del lugar, la rotonda, la visibilidad  y el lugar donde ocurrieron  los hechos. Respondió que él iba en el CAP 9. No recordó si el móvil policial tenía  o no las luces encendidas. Tampoco inspeccionó el vehículo.

Expresó ante otra pregunta de la fiscalía que durante el trayecto que media entre el lugar y la Central de Policía, no hablaron de nada.  Insistió en el nerviosismo de Leiva. Ante la insistencia de los jueces sostuvo que “tenía miedo a no ver más a su familia”.  ¿Por qué?, le repreguntaron.  Confesó que  seguramente era porque “uno sale y no sabe si va a volver”.  Le solicitaron mayores precisiones sobre las comunicaciones radiales y le refrescaron la memoria con la lectura de una declaración anterior realizada durante la instrucción.

Ante la pregunta de la defensa sobre la situación del imputado aclaró que se encontraba cumpliendo un servicio adicional y que ya estaba de licencia, paso previo a la jubilación.

El patrullero

ferreyra

El actual comisario Walter René Ferreyra describió cómo ocurrieron los hechos. Sobre el procedimiento manifestó que según le informaron los policías, dieron la voz del alto y que el sujeto que venía atrás en la moto -Peralta-les había disparado. En una declaración anterior dijo que según Leiva “al  momento que intentaban controlar el vehículo tras haber hecho las correspondientes indicaciones con el móvil policial: con luces, sirenas, y voz de alto, el acompañante que en modo alguno se pudo identificar se dio vuelta y comenzó a  hacer disparos contra el móvil policial”.

Le tomó cinco minutos llegar al lugar para entrevistar  a los subalternos. Dijo que la persecución a la motocicleta en fuga se dirigió según lo explicado por Leiva por la calle Spilimbergo, en dirección norte sur, en un descampado que no tenía  iluminación, había un montículo de tierra y que de lejos se veía el cartel de la Universidad siglo XXI.

El funcionario aseveró que ingresó un llamado al 101 desde Los Cortaderos pidiendo ayuda para  un chico herido. Luego, se aproximó un hombre en un automóvil por la misma causa. “Yo lo sigo. Cuando llegamos a la casa había personas ofuscadas con el personal policial y no pude llegar”, señaló. Por eso, dijo, pidieron ayuda al 107.

La bala en el guardabarros

Uno de los jueces apelando a su experticia habida cuenta de los 20 años de antigüedad en la fuerza le preguntó “cómo es que no consideró necesario hacer una declaración testimonial sobre lo que acababa de constatar. Esto es, la presencia del orificio de bala detectado al otro día pero denunciado ocho meses después.

Tanto la fiscalía como los jueces hicieron hincapié en este punto. Cuando le preguntan porque no reportó ese detalle respondió que controlaba más der 30 móviles y que después lo hizo constar en el acta de secuestro. Agregó que alguien cuya identidad desconoce  le dijo por teléfono que no era necesario el secuestro del vehículo. Tampoco sabe quién trasladó el coche desde el playón donde lo dejó hasta la jefatura.

También recordó que mientras escuchaba el informe de la patrulla sobre el  intercambio de disparos oyó una detonación por la radio.

La querella le preguntó sobre el estado de ánimo de Leiva. Manifestó que estaba nervioso pero negó que le haya expresado “miedo a no poder ver a su familia” como lo manifestó Ruiz.

El citado cuaderno de registros que se encuentra en la base del CAP será solicitado.

En la primera audiencia tras la lectura de la acusación declaró el imputado Rubén Alfredo Leiva, quien intentó despegarse. El jueves próximo declaran los peritos.

Fuente: ww.prensared.org.ar

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