Jesús María: cuatro siglos del legado jesuita del norte cordobés

Turismo 23/01/2018 Por
Este conjunto arquitectónico es el reflejo del pasado indígena y africano de la zona, y testigo de la huella evangelizadora, educadora y productiva que dejó la Compañía de Jesús tras su paso por Córdoba.
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1 / 15 - - Desde el 2000, la Estancia fue declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO junto con todo el complejo de Estancias Jesuíticas de Córdoba que proponen un recorrido por la historia y recrean los espacios productivos de la época.

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La Estancia Jesuítica de Jesús María se encuentra a la vera del antiguo Camino Real al Alto Perú y a orillas del río Guanusacate. El pasado 15 de enero se celebraron sus primeros 400 años de historia.
El histórico parque y el Museo Nacional que se erigen en su interior son el reflejo del pasado indígena y africano de la zona, y testigos del legado que dejó la Compañía de Jesús en el norte de la provincia de Córdoba.

Testimonio del pasado

El 15 de enero de 1618, la Compañía de Jesús adquiere a través de la firma Don Gaspar de Quevedo más de 9000 hectáreas que, posteriormente, rebautizaron como “Jesús María”. En ese lugar, establecieron una importante unidad productiva destinada al mantenimiento económico del Colegio Máximo, que funcionaba en la Capital cordobesa.
“La Estancia surge como un establecimiento productivo fundamentalmente creado para sostener el Colegio Máximo de Córdoba, con la singularidad de que toda la producción tenía que ver con la mano de obra esclavizada y los indígenas que trabajaban como peones en la Estancia. Creo que esos son los tres ejes culturales que fueron determinantes para su historia”, señaló Belén Domínguez, investigadora y coordinadora del área de Registro y Documentación del Museo, en diálogo con La Nueva Mañana.
En la Estancia llegaron a vivir más de 270 esclavos africanos que habían sido comprados en el Puerto de Buenos Aires. Junto con los nativos, los esclavos fueron fundamentales para el desarrollo económico de la zona, ya que se encargaban de las tareas referidas al mantenimiento de la tierra, la construcción de molinos, bodegas y todos los edificios que se encontraban en el predio.

Desde la expulsión de la Compañía hasta 1775, la Estancia fue administrada por la Junta de Temporalidades, comisión creada para la administración de los bienes de los jesuitas. Luego salió a remate en tres oportunidades y en todas ellas, los interesados eran integrantes de la familia de Félix Correa, originario de la provincia de Mendoza. Más tarde fue adquirida por Pío León quien loteó la propiedad y, en 1873, la convirtió en la Villa Primera, conocida actualmente como Jesús María.

Patrimonio de la humanidad

En 1941, la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos declara a la estancia Monumento Histórico Nacional a través del decreto Nº 90.732. Posteriormente, comienzan las tareas de restauración y puesta en funcionamiento del edificio y el 18 de mayo de 1946 se instala en su interior el Museo Jesuítico Nacional, que actualmente cuenta con 18 salas de exposición distribuidas entre planta baja y primer piso.
En la colección permanente resaltan las obras dedicadas al arte sacro colonial de los siglos XVII y XVIII y el material de arqueología y etnografía del noroeste y centro argentino. Se destacan además las muestras de ornamentos sagrados: casullas, manípulos, báculos, estolas, alzacuellos, mitras, cubre cálices y otros; de grabados de distintos períodos y paisajes; la de numismática y medallística; mobiliario civil y religioso europeo-americano, así como una colección de platos de los siglos XIX y XX; una cocina con fogón y enormes bateas y ollas que sirvieron al Ejército del Norte, y fregadero y comedor. Es considerado por la Dirección Nacional de Museos como el tercer museo más importante por su diversidad y cantidad de objetos.

Desde el 2000, la Estancia fue declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO junto con todo el complejo de Estancias Jesuíticas de Córdoba que proponen un recorrido por la historia y recrean los espacios productivos de la época. A eso se suma el hecho de que ostenta una doble declaratoria ya que también integra la “Ruta del Esclavo”, un proyecto llevado adelante por la UNESCO y promovido originalmente por Haití.
Al respecto, Domínguez destacó que “a diferencia del resto de sus iguales, la Estancia es doblemente jesuítica: es una obra de la Compañía de Jesús pero además lo que se exhibe tiene que ver con objetos que fueron parte de la obra evangelizadora, educadora y productiva de la época. En ese sentido somos jesuíticos al cuadrado”.
Actualmente, la construcción se presenta en dos plantas: en el ala noroeste, en planta baja, tiene galerías y en planta alta galería y habitaciones. Del mismo modo, el ala noreste incluye en planta baja el amplio local de la vieja bodega y sobre ella, las habitaciones de los sacerdotes. La planta de la Iglesia es clásica en cruz latina, con una nave principal robusta dividida en tres cuerpos. El transepto está coronado por una gran cúpula sin tambor pero con linterna. El tajamar que remata el parque es una muestra de las magníficas obras de infraestructura de la Hermandad.

Revalorización del legado

Par las celebraciones por los 400 años, desde la administración del Museo en conjunto con el Ministerio de Cultura se impulsaron una serie de proyectos con el fin de rescatar el legado jesuita y colocar a la Estancia a la vanguardia del siglo XXI.

En primer lugar, se resolvió la necesidad de revalorizar la antigua bodega del lugar para que los visitantes puedan observar las dimensiones y las características de la arquitectura. En la época jesuita, la Estancia fue distinguida por su producción vitivinícola a pesar de que su principal actividad económica fue la producción de harina de trigo. Con la comercialización del vino, no sólo se abastecía a los miembros de la Compañía, sino que también se recaudaba dinero para la compra de esclavos que eran los encargados de labrar la vid. Su producción alcanzó, en poco tiempo, un alto grado de desarrollo y llegó a los 13 mil litros por año.
“Desde que la Estancia se convirtió en museo en 1946, la zona de la antigua bodega siempre estuvo ocupada por alguna exhibición de objetos de arqueología lo que provocó la invisibilización de este espacio. La idea es revitalizarlo para nuestros visitantes”, contó la coordinadora del área de Registro y Documentación del Museo.
En segundo lugar, durante el período 2018-2019 se pretende desarrollar un plan de accesibilidad física y comunicacional en el edificio de la Estancia. “En su primera etapa, el proyecto de accesibilidad se implementará en los siguientes museos nacionales: la Casa Histórica de la Independencia en Tucumán; el Museo Histórico Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo en Ciudad de Buenos Aires; el Museo Jesuítico Nacional en Jesús María y el Palacio San José, Monumento Nacional Justo José de Urquiza en Entre Ríos”, detalló Domínguez.

Con este proyecto, se pretende lograr la movilidad independiente, la orientación espacial, el acceso a cada elemento, la comprensión del mensaje expositivo y las vivencias personales en torno al museo.

Por último, se programa encarar la restauración edilicia del patrimonio de la humanidad de Jesús María. “Sabemos que es un proyecto que se encuentra avanzado, sólo necesitamos la definición del presupuesto por parte del Gobierno nacional”, culminó.

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