Trump vuelve a jugar en el laberinto de Irán

Mundo 09/01/2018 Por
Desde el 28 de diciembre, una ola de manifestaciones contra el gobierno que preside Hassan Rohani y el ayatolá Alí Khamenei, mantiene en vilo al gobierno iraní. Una gota que agitó las aguas en las que Estados Unidos y Rusia, una vez más, decidieron a zambullirse.
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- La relación entre Irán y Estados Unidos encontró su punto de calma durante la gestión de Barack Obama. Con Trump, volvieron las acusaciones cruzadas. Foto: WAVEUPTRAVEL

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Según los historiadores, el fin de la Guerra Fría fue fechado con la caída del muro de Berlín en 1989. No obstante, las dos grandes potencias que mantuvieron en alerta a la comunidad internacional por la escalada armamentística nuclear, Estados Unidos y Rusia, siguen midiendo sus poderíos a través del apoyo a diferentes gobiernos, diplomática y militarmente. Este es el caso de Irán, nuevo lugar elegido para el debate mundial.

El antiguo país persa es gobernado por una teocracia. Esta palabra, que proviene del griego (teo ‘Dios’ y cracia ‘gobierno’), designa una forma de gestión estatal donde conviven los líderes de la religión oficial con la dirigencia política, los libros sagrados con la Constitución Nacional.

Irán es el país con la minoría chiíta musulmana más grande del mundo al poder. Esta fracción de la fe en Alá es diferente a la mayoritaria sunita, predominante en Arabia Saudita, Yemen, Omán, Jordania, Egipto, gran parte del norte africano y este de Asia. Distinto es el caso de Siria, cuyo presidente Bashar al-Ásad pertenece a la rama chiíta alawita en un país con mayoría sunita.

Al fin y al cabo, más allá de las creencias espirituales, la religión deviene en una forma de sellar acuerdos y apoyos con países afines, además del control social y moral. Por eso mismo, los conflictos en Medio Oriente deben ser leídos con su trasfondo religioso ya que tanto las decisiones que se toman como las alianzas que se crean tienen esta base en común.

El pasado 28 de diciembre, miles de iraníes comenzaron una ola de protestas contra el gobierno teocrático que encabeza el presidente Hassan Rohani y el ayatolá –máximo líder religioso- Alí Khamenei. Al momento, mil personas fueron detenidas y 21 perdieron la vida tras la represión estatal. En la víspera de las protestas, el CEO de Telegram, Pavel Durov, denunció que se bloqueó el servicio de la red de mensajería instantánea en el país. La red social Instagram también fue restringida.

Los motivos que impulsaron a marchar por las calles de Teherán son el alto desempleo, la desigualdad económica y el vertiginoso aumento de precios. Además del cuestionamiento de la injerencia iraní en la Guerra civil siria como en el enfrentamiento entre Israel y Palestina en la Franja de Gaza, argumento que luego utilizó Estados Unidos para cuestionar el gobierno iraní por “gastar recursos en expandir el terrorismo fuera, antes que en asegurar la prosperidad en casa”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Sara Huckabee Sanders, recientemente.
Por su parte, en una posición más conciliadora el presidente Rohani reconoció la legalidad de las protestas y declaró ante la prensa iraní que “las expectativas y los reclamos de la gente son correctos, pero no es aceptable que elijan un sendero que crea problemas o que hace feliz al enemigo”, en indirecta referencia a Estados Unidos.

Mientras tanto, el líder religioso –y quien tiene la última palabra a nivel político -, el ayatolá Alí Khamenei apuntó directamente a los “enemigos” de Teherán como los responsables de incitar y mantener las protestas. Asimismo, el portavoz del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), el general de brigada Ramezan Sharif, puso nombre a los “enemigos” que mencionó el ayatolá y denunció el “apoyo encubierto de Estados Unidos, del régimen sionista y de los sauditas” a los manifestantes iraníes.

Para la administración de Donald Trump, la represión a los manifestantes significa la excusa perfecta para injerir desde la diplomacia y archivar el acuerdo nuclear. Para Rusia, es una nueva ocasión para frenar la avanzada estadounidense y defender a sus aliados.

El presidente Donald Trump, fiel a su estilo, utilizó la red social Twitter y publicó que “¡Estados Unidos está mirando con atención las violaciones a los derechos humanos!”. En respuesta, la Cancillería iraní respondió recientemente en una reunión extraordinaria en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que el país del norte debería revisar su propia historia “antes de ver la paja en el ojo ajeno”.
Efectivamente, el pasado viernes 5 de enero se realizó esta reunión extraordinaria a pedido de la diplomacia estadounidense por su gran amenaza a la paz. En la ocasión, el embajador de Irán, Gholamali Khoshroo, denunció el abuso de poder que realiza Estados Unidos tanto por la convocatoria a la reunión como por los dichos de Trump al alentar la violencia en los manifestantes.
“Tenemos pruebas de que la violencia a manos de un puñado de manifestantes, que en algunos casos ha supuesto la muerte de policías y de oficiales de seguridad, está siendo muy claramente dirigida desde el extranjero”, indicó el embajador iraní.

El gobierno de Putin ratificó su postura de no intervención

“Lo que está ocurriendo es una cuestión interna de Irán”, dijo el viceministro de Exteriores ruso, Serguei Riabkov. Además de brindar apoyo al gobierno de Teherán, Rusia puso en cuestión el fin que persigue la arremetida estadounidense.

Mientras que Francia, otra potencia nuclear, mostró su apoyo al país persa. “Por preocupantes que sean los eventos de los últimos días en Irán, no constituyen en sí mismos una amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Tenemos que reaccionar de manera apropiada a lo que está ocurriendo”, dijo el embajador francés, François Delattre, durante la reunión.
Lo que está en juego para el paladín de la libertad y la democracia internacional –que a su vez vetó el ingreso de iraníes a su país- Donald Trump, es acabar con el acuerdo nuclear de 2015. El mismo fue celebrado entre Irán y seis potencias mundiales: Reino Unido, China, Francia, Alemania, Rusia y Estados Unidos. El pacto limita el programa atómico iraní a cambio del levantamiento de sanciones económicas.

Para fin de enero, el gobierno estadounidense espera imponer nuevas trabas económicas al gobierno de Teherán en la prórroga del acuerdo que fue enviado con modificaciones al Congreso. Los parlamentarios decidieron devolverlo al despacho presidencial sin modificación alguna. Trump pretende alejarse de toda política de apoyo o distancia que efectuó su antecesor Barack Obama y detener el avance de la industria nuclear iraní, como intentó en 2017 con Corea del Norte. Hasta una resolución definitiva, cualquier argumento es válido para encender la mecha en el inestable tablero de la paz internacional.

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