Denuncian plan de “limpieza étnica” en Myanmar

Mundo 03/01/2018 Por
Médicos Sin Fronteras alertó que medio millón de rohingyas, parte de la minoría musulmana en el mayoritariamente budista país de Myanmar, son refugiados en Bangladesh. Además, alertó que 9.000 murieron entre agosto y septiembre de 2017.
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- Entrando al 2018, somos testigos silenciosos de otro conflicto que hasta el momento provocó más de 500 mil refugiados en el corriente año, de los cuales un 60% son niños.

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El documental “Los 100 días que no conmovieron al mundo”, realizado por la periodista argentina Susana Reinoso, trata sobre el genocidio vivido en Ruanda donde cerca de un millón de personas fueron asesinadas en, justamente, menos de 100 días.

El hecho, ocurrido entre abril y julio de 1994, muestra la realidad africana desnuda y despojada de tintes salvajes. Amén del efecto provocado por la colonización europea luego del tratado de Berlín (1878) en el cual el primigenio continente se dividió a piacere de los “civilizados” -casi parece haber sido trazado con regla-, los conflictos étnicos aumentaron. En Ruanda, el brutal genocidio enfrentó a la mayoría étnica hutu contra la minoría tutsi y hutus moderados.

El mundo, si cabe tal sustantivo para designar al colectivo de habitantes, en 1990 consumía guerras, balas y misiles por televisión. Un breve repaso incluye la Guerra del Golfo, la Guerra en Sarajevo, y después en Kosovo, pero no figura en el imaginario televisivo Ruanda. Hoy, casi entrando al 2018, somos testigos silenciosos de otro conflicto que hasta el momento provocó más de 500 mil refugiados en el corriente año, de los cuales un 60% son niños.

Según Médicos Sin Fronteras (MSF), al menos 9.000 rohingyas murieron entre el 25 de agosto y el 24 de septiembre de 2017 en Myanmar. De todas estas muertes, el 71,7% habrían sido causadas por violencia, es decir, al menos 6.700 rohingyas murieron asesinados por la represión del Estado. De ellos, 730 eran menores de 5 años.

¿Pero quién es este pueblo cazado por el gobierno de la antigua Birmania? Se trata de una minoría musulmana en un país predominantemente budista. El gobierno del país asiático, fronterizo con Tailandia, Laos, China y Bangladesh, considera a los rohingyas como “inmigrantes ilegales bengalíes” y no los reconoce como una de sus 135 etnias, aunque lleven siglos viviendo en la región.

La Organización de las Naciones Unidas los calificó como un pueblo “sin Estado” y prácticamente con pocos vínculos en relación a otras comunidades de la nación asiática. Los rohingyas, que escapan hacia Bangladesh, son de Rakhine, una provincia colindante con el país bengalí. Se estima que hay aproximadamente un millón de musulmanes rohingyas en dicha región.

El conflicto resurgió, ya que en 2012 los enfrentamientos dejaron miles de muertos, cuando un grupo autodenominado Ejército de Salvación Rohingya de Arakan (Arsa) reivindicó ataques perpetrados contra 30 estaciones de policías birmanas este año. Los ataques despertaron una ola de violencia por parte del gobierno que aún no para.

“Los budistas nos están matando con balas, quemaron nuestras casas, dispararon a mi marido”, detalló una mujer con rostro desencajado ante las cámaras de la BBC, en una nota publicada el último 1 de septiembre.

Resuena el fantasma del pasado cuando la palabra “limpieza étnica” hace su entrada triunfal para explicar el brutal accionar por parte de Estados para con sus propios ciudadanos. Al igual que Ruanda, o en las guerras yugoslavas, o bien local como la nuestra “Campaña al Desierto” de Julio Argentino Roca en 1880 donde se exterminó a gran parte de los pueblos originarios en el país, la imposición de una manera de ser, muchas veces ligada a las creencias religiosas, funcionan como el justificativo necesario para actuar.

Actualmente, y siguiendo el reciente informe de Médicos sin Fronteras, miles rohingyas siguen huyendo desde Rakhine hacia Bangladesh debido al incremento de la violencia desde el Gobierno que, a su vez, niega un plan de “limpieza étnica” y considera al grupo Arsa como terroristas.
Asimismo, la violación de sus derechos es una constante por parte del Estado de la antigua Birmania. Los rohingyas tienen prohibido casarse, no tienen derecho a poseer tierras ni propiedades, o viajar sin permiso de las autoridades.

Los rohingyas afirman que son descendientes de comerciantes árabes anclado en el estado norteño de Rakhine. Desde el gobierno los consideran migrantes musulmanes que arribaron a la región escapando de Bangladesh cuando ocurrió la ocupación británica.

Durante el imperialismo inglés, la “India Británica” incluyó los territorios de los actuales países de Paquistán, India y Bangladesh. Desde 1886, también la antigua Birmania permaneció bajo dominio inglés junto a los otros países hasta 1937. El siglo XX nos sacude con nuevos Estados constantemente, entre ellos la actual Myanmar cuya independencia se logró en 1948.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), consideró a la crisis del pueblo rohingya como una de las más largas del mundo, y también una de las más olvidadas.
Lo curioso radica en que quienes gobiernan el país actualmente tienen una larga lucha por la democracia y las libertades individuales ya que luego de la independencia británica, los birmanos estuvieron bajo gobiernos militares.

Una mujer es la líder del país. Se trata de Aung San Suu Kyi, quien ganó las elecciones en 2015 pero no pudo asumir ya que la constitución birmana prohíbe tomar el cargo a quienes tengan hijos con pasaportes extranjeros, y los de Suu Kyi tienen nacionalidad británica. Por su activismo, pasó dos décadas con prisión domiciliaria bajo fuerte control militar.
Actualmente, la presidencia es ocupada por Htin Kyaw, amigo íntimo de Suu Kyi quien ocupa cargos en distintos ministerios y en la Oficina de la Presidencia. Sin embargo, la activista por la libertad, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1990, fue cuestionada por 13 Premios Nobel quienes enviaron una carta.

“A pesar de repetidos llamados a Aung San Suu Kyi estamos frustrados porque no ha realizado ninguna acción para asegurar los derechos y la ciudadanía de los rohingya. Suu Kyi es la líder del país y la primera responsabilidad de un líder es liderar con coraje, humanidad y compasión”, señalaron a lo que la mujer negó las acusaciones de limpieza étnica y aseguró que el gobierno birmano “le daría bienvenida y seguridad a los rohingya que quieran regresar”.

No obstante, la represión continúa y las miles de personas, mujeres y hombres de todas las edades se ven forzados a dejar sus hogares para anclar en uno de los países más pobres y densamente poblados del mundo, Bangladesh.

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