Pequeños detalles, grandes gestos... una Joya

Paulo Dybala está cumpliendo 23 años y, por ende, recibe miles de saludos de todo el mundo. Entre ellos, Leandro Velázquez. En LA NUEVA MAÑANA te contamos el detrás de la foto del saludo de este fan de la Joya.
SALUDO

Es martes, junio de 2016. Hace mucho frío. En la Terminal de Ómnibus de Córdoba hay dos pibes que andan de un lado hacia el otro. Hasta que sacan el pasaje con destino a Laguna Larga. Los veo, me llaman la atención, yo también viajo a Laguna Larga.

(Disculpen que me entrometa con la primera persona en la crónica;, es necesario. Desde aquel 7 de junio que quiero contar lo que pasó, pero no tenía un documento gráfico para darle imagen a la situación).

Ellos suben adelante. Los tres tenemos el boleto naranja. Los tres acomodamos nuestro abrigo. El viaje en el colectivo desde Córdoba a Laguna Larga dura poco más de una hora. Descendemos en la terminal del pueblo. Y el destino por unos minutos nos separa. Pero nos vuelve a encontrar en la quiniela La Favorita. Los dos tratan de comunicarse y decirle a quien los atiende que están buscando a Paulo.

Paulo es Dybala.

La Joya está de vacaciones en su tierra natal. Aunque no se encuentra en su casa, ya que está reunido con amigos en el club Sportivo. ¿El motivo de la reunión? Organización de un partido solidario, que se llevó a cabo el sábado 11 de junio, y fue todo un éxito. Entonces, los dos se quedan esperando. Paulo no vuelve del club. No se pueden tomar la foto que fueron a buscar... Pero no se dan por vencidos.

Estos dos fanáticos de la Joya, Leandro Velázquez y su amigo, se enteran que por la noche en un bar a unas cuadras de la quiniela habrá una cena de la Filial de Instituto de Laguna Larga. Entonces, pasean por el pueblo en el frío atardecer cordobés. Hasta las 21, horario previsto del evento en la que se aguarda la presencia del futbolista de la Juventus.

Y Paulo llegó al horario indicado. Y los dos hinchas también. 

Hay decenas de fanáticos de Instituto en el lugar. Todos miran a la Joya, que sonríe y saluda por doquier. Estoy a unos metros de él. Y los dos pibes están afuera. Desde el ventanal le hacen señas. Paulo los ve. Les dice que entren. Ellos con gesticulaciones le hacen saber que no pueden. Paulo llama a uno de los organizadores, y les pide que los dejen pasar. El rostro de los hinchas se transforma. Se emocionan. La puerta se abre, pasan. Le hacen saber a Dybala que son sordos, que lo único que quieren es una foto. Paulo los saluda, les firma un autógrafo y se toma una foto con cada uno.

La fiesta continuó y le cumplió el sueño a varios hinchas que fueron al evento e incluso a los que se quedaron afuera para saludarlo. Y Leandro Velázquez, y su amigo, se volvieron a Córdoba, en el último colectivo, con una sonrisa difícil de borrar.

Pequeños detalles... grandes gestos... una Joya.

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