Balance político : “Macri devolveme el amarillo”

Opinión 27/12/2017 Por
“El año que viene los jubilados le van a ganar a la inflación”, mentí, mirando fijo la cámara. Rebaja de los haberes de los jubilados, pensionados por discapacidad, veteranos de las malditas Malvinas, beneficiarios de las asignaciones universales por hijo.
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Monólogo en el tejado (A modo de introducción)
Sólo dos meses atrás acaecieron los festejos. La victoria electoral (no importaba su contundencia) merecía champaña, globos al aire, música cumbiera, pasos de bailes gorilesco. El voto ciudadano (no importaba su contundencia) nos gritaba: vinimos para quedarnos. Ahora sí, disponemos del poder. De todo el poder. Es hora de concretar el sueño. Es la hora de las reformas. Es la hora del cambio. Es la hora de la verdad. Es la hora del ajuste contra los trabajadores, los jubilados, los pensionados, los beneficiarios del populismo.

El camino ha sido despejado. Avanzar como una topadora. Un prensa que nos eligió, incluso antes del voto. Los sectores económicos, a los que pertenecemos, iniciando un orgasmo eterno, con los Ceos atendiendo personalmente los negocios. Una Justicia que apretándola un poquito se ha vuelto servicial, hasta cargosa por allí, pero útil. Unos servicios de inteligencia que adivinan nuestros deseos. Una fuerza de represión, resucitada bajo una dirección clara, evocando sus mejores tiempos. Un radicalismo que se nos entregó como una doncella enamorada. Un peronismo arrinconado, con un sector dispuesto a bailar con nosotros, al ritmo de Gilda. Y su voto. Vinimos para quedarnos.

Sólo dos meses después

La metimos de prepo. Por un pelito apenas. Rebaja de los haberes de los jubilados, pensionados por discapacidad, veteranos de las malditas Malvinas, beneficiarios de las asignaciones universales por hijo. Otra vez el populismo. Nos ganó las calles. Nos venía ganando, de a poquito.

En el Senado, con patriotas como Pichetto, pasamos. Perdimos el primer round en diputados. Reprimimos para que no vuelvan a manifestarse. Excelente trabajo de la Gendarmería. Pero volvieron el lunes. Estamos jodidos. Ya no creen en nuestras mentiras, dichas como verdad. Estaba tan nervioso, que me fui a jugar al paddle. Los argumentos se caían en la boca de nuestros legisladores. Nos salvaron los gobernadores peronistas, con sed de neoliberalismo y unos mendrugos. Sin recursos, los tenemos en la palma de la mano (derecha). Se vendieron por cuatro monedas. Nos votaron a favor. Impusimos la ley.

No había que dar el brazo a torcer. “El año que viene los jubilados le van a ganar a la inflación”, mentí, mirando fijo la cámara. Pedí clemencia: “cada decisión la tomé para los argentinos”. No dije cuáles. Agradecí a la policía por su labor. Vamos a necesitar mucha decisión. “Hay noches que no puedo dormir por la magnitud de los cambios que hay que hacer”. Y el populismo allí al frente, mordiéndonos los talones.

1Paradoja. El gobierno de Macri indudablemente ganó al imponer su reforma previsional y en camino de sancionar las otras leyes que juzga centrales para su modelo de exclusión. Pero no es menos visible que el costo político es inmenso. Los sectores populares perdieron y la derrota la pagarán los jubilados, los pensionados por incapacidad, los ex combatientes de Malvinas, los beneficiarios de las asignaciones universales por hijo, los trabajadores y sectores medios. Pero no es menos visible que obtuvo una victoria en la consolidación de la Resistencia. Algo cambió en el país. Lo que se vaticinaba como un paseo triunfal hacia 2019, encontró inesperada e incipientemente una oposición popular en ciernes. Los triunfos electorales, por lo general, suelen producir una suerte de borrachera que les hace creer que los votos les han dado el poder absoluto, que les impide medir sus fuerzas y que desde el escrutinio final los habilita a actuar como elefantes en un bazar.

2El garrote. Desde el campo popular se sabía, por la fuerza de la experiencia, que un proyecto de exclusión como el impulsado por el macrismo, no podía imponerse sin represión. El macrismo también lo sabía e incorporó, junto a la policía federal, a la gendarmería y a la prefectura a la estrategia del garrote. La estrategia represiva venía desarrollándose desde hace tiempo y llegaron a un punto crítico con los asesinatos de Santiago Maldonado y Nahuel. Pero los hechos de diciembre, la expusieron en toda su magnitud, en toda su alevosía, con el apoyo explícito poniendo en crisis el relato mentiroso del “dialoguismo”, de la “grieta K”, del “todo juntos”, de “la paz”, de la alegría, de los globos amarillos. Sólo unos pocos, que no entienden que una multitud movilizada, incluso silenciosa, tiene más fuerza que una tonelada de piedras.

3La calle. Algo había comenzado a moverse en el “subsuelo de la Patria”. Hubo importantes manifestaciones contra el ajuste, con el retroceso en la política de derechos humanos, contra los asesinatos de Maldonado y Nahuel. El objetivo de la unidad en la lucha comenzaba a tomar cuerpo. La Corriente Federal, las dos CTA, la consolidación y desarrollo de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, los cambios en las bases de algunas organizaciones obreras, la línea de algunas regionales de la CGT (caso Córdoba), el descontento de dirigentes de gremios importantes.

La magnitud del ajuste comenzaba a plantear que en la instancia que se vivía era mucho más importante la disyuntiva de trabajadores sí o trabajadores no, que la de Cristina sí o Cristina no, como lo planteó la propia ex presidente. Estas insinuaciones hicieron eclosión cuando el gobierno lanzó las reformas previsional, laboral y tributaria y ganó la calle y empujó incluso al “triunvirato de los prudentes” al paro general, a pesar de sus mezquindades. Y el paso más importante, la ampliación de la participación de sectores de clase media, que salieron a la calle, con su modalidad. La oposición comienza a tener cuerpo, en el plano de la resistencia social, entre espontánea y organizada. Pero viva.

4El costo de los aliados. Los acontecimientos obligaron a jugar fuerte al “macriperonismo”, quedando en situación de ser fagocitados por el poder amarillo. Como ya fue devorado el radicalismo. Desde el peronismo es inadmisible el apoyo a las leyes que pretenden profundizar la exclusión de los sectores populares. “El pacto de la sensatez”, lo llamó Schiaretti, coparticipando del saqueo a los jubilados. Alto costo político, que incluso llevó a De la Sota a adelantar la Dama con la esperanza de quedar fuera del suicidio, aunque en Córdoba todos saben que fue el creador de la versión neoliberal del peronismo.

5La oposición política.
Los diputados de la oposición estuvieron a tono con la que pasaba en la calle. Hicieron un esfuerzo notable por actuar en unidad. Los legisladores de Massa, sin Massa, jugaron un importante papel. Pero una clave central, como bien apunta Martín Granovky, fue la transformación del bloque kirchnerista, conducido por Agustín Rossi, en un factor central de esa unidad.

6Conclusión. Algo nuevo está surgiendo. Es sólo un comienzo. “En la movilización que se oponga a este orden cerrado –como piensa Horacio González- deben estar las bases de la reconstrucción de la política. No puede haber política de masas, ya que ahora está a la vista, sin replantearse los universos conceptuales del movimiento social que atraiga con la fuerza de su valentía y de sensatez, a los trabajadores, a los jóvenes, a los estudiantes, a los jubilados, a todos los ciudadanos que pudieron escapar del “orden argumental cerrado”, la novela carcelaria de los hechiceros a sueldo del macrismo.

*Título de la poeta Luz Pearson, citada por Horacio Verbitsky

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