De democraduras y resistencias en tiempos de Macri

Opinión 08/12/2017 Por
La pasada fue una semana intensa. Bullrich. La violencia de gendarmería. Rafael Nahuel. Santiago Maldonado. Las reformas laborales y previsionales y la resistencia...¿y la resistencia?
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1. Una semana intensa. Mientras enterraban el cuerpo de Santiago Maldonado, muerto por la Gendarmería, los sectores populares comenzaban a llorar la muerte por la espalda del pibe Rafael Nahuel, por los fusiles de los Albatros de la Prefectura. Funcionarios y medios aumentaban la producción en la Fábrica de Mentiras. Los Mapuches, pobres y marginados, que luchan por la tierra, que resisten con palos la invasión de los represores, pasan a ser en el relato amarillo terroristas internacionales, entrenados por expertos y poseedores de un arsenal de armas infernales. Ni una prueba, ningún herido de balas en las fuerzas de la represión. Mala puntería. El mismo verso: guerrilleros de la RAM. “Un poder contrafáctico”, grita Pato Bullrich, vestida con ropa militar de fajina. “Un grupo minoritario de violentos que intenta imponer una agenda”, reflexiona el Presidente. Su aspiración: “Hasta ahora las fuerzas de seguridad eran tan sospechadas como los delincuentes. Necesitamos correr esa raya cultural. Hay que volver a la época en la que la voz de alto significaba que había que entregarse”. Videla sonríe desde el averno. Menéndez aplaude desde su cómoda prisión domiciliaria. Michetti, la vice, quiere imponer la doctrina consecuente: “El beneficio de la duda es siempre para la fuerza de seguridad”. Contra toda posibilidad de asombro: una Resolución permite ahora a las fuerzas federales ignorar órdenes de los jueces cuando consideran que no son legales. Ellos deciden por encima de la Justicia. Un diputado amarillo pide “medidas contra el juez si no actúa”. No les importa la investigación del asesinato de Nahuel, les importa que se proceda al desalojo. Contra los que claman por el diálogo. Las tierras del Sur son para los amigos extranjeros del Presidente.

2. Escribe Horacio González: Un Estado hace cuentas, desesperadamente, a ver cómo quitan de los jubilados para destinar la cosa a este otro o a aquel de más allá, es decir, a ellos mismos. El otro Estado cabalga sigilosamente junto a los fantasmas del General Roca, junto al rumor de la soldadesca, también haciendo cuentas, tantas cabezas de indio, tantas hectáreas. El billete de cien pesos todavía conmemora a Roca en el famoso cuadro de Blanes. Muy pronto será reemplazado, quizás no por un ejemplar de “nuestra flora y fauna”, sino por un hombre pertrechado de la Prefectura o la Gendarmería gritando “¡Alto! ¡No tenemos que probar nada”!

3. Avanza la aplanadora amarilla. En todos los campos, en todas las direcciones. A nivel económico, social, cultural. Los proyectos centrales para esta etapa, están en marcha. Uno ya pasó la instancia del Senado. Los votos propios y los de la alianza neoliberal: los “peronistas republicanos”, que ahora identifica a los gobernadores; los senadores peronistas de la “gobernabilidad” encabezados por Pichetto, que lo votaron sin sonrojarse; los peronistas “equilibristas” como Abal Medina que se escondió en una abstención trucha que favorece al macrismo, pero que le deja hándicap para moverse –si es necesario- en algún peronismo “negociador”. Los triunviros de la CGT, cómplices del robo a los jubilados y aplaudiendo el ingreso del Caballo de Troya de la reforma laboral. En el Congreso, 43 senadores cantan loas a lo “revolucionario” del proyecto que le mete la mano al bolsillo de los jubilados. Tres se vuelven “bosta de paloma”, diría el general, porque tratan de no tener ni buen ni mal olor. Por si sirve para el futuro. Los equilibristas siempre caen parados. 23 dicen NO, resistiendo. Por cierto hay ronistas, pero los del “hecho maldito del país burgués”. Afuera en tanto, en la calle, ante 200 mil trabajadores, la Corriente Federal, las dos CTA, los maestros, el sector que encabeza Pablo Moyano, las organizaciones sociales, cooperativas de trabajo, manifiestan su rechazo al ajuste jubilatorio y el acuerdo fiscal y prometen construir un “frontón” para que no pasen. Puede ser el comienzo. Muchos se sumarán y otros recularán. Importa que prenda.

4. Dice Palazzo: “Si algún compañero dice que no se ha tocado el núcleo duro de los derechos de los trabajadores se equivoca y confunde al resto. Sí, se afectan cuando se fijan indemnizaciones más baratas. Sí se afectan (…) cuando se resigna la irrenunciabilidad de los derechos. Sí se afectan (…) cuando antes se le pagaba a los trabajadores una indemnización por haberlos tenidos en negro y ahora solamente una multa al Anses. Sí, se afectan con los programas de pasantías que precarizan el empleo y como contrapartida lo único que nos dan es un blanqueo escandaloso que le da impunidad a aquellos que sometieron a los trabajadores a la indignidad de no tener seguridad social”.

5. Fue un liberal, Jean Revel, el que inventó el neologismo “democradura” para definir, hace tiempo ya, la “novedad” del estilo de gobierno de Macri y sus Ceos. Una prensa cómplice, que “empresariamente” comparte el poder. La Fábrica Amarilla de la Mentira que trabaja a destajo y que los funcionarios repiten una y otra vez. Una oportunidad única, si juntos construimos “futuro”. Si todos le robamos a los jubilados para pagar las cuentas presentes y futuras de la Hada Buena que gobierna Buenos Aires. Una decisión de destruir las organizaciones colectivas, “Sobran sindicatos”. Un parlamento que levante la mano para votar amarillo. Cercenar, dice Revel, comentando el inmenso libro de Maurice Joly, Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, la independencia de la Justicia. Redefinir el “estado de emergencia”, fabricar diputados incondicionales. Y repetir lo que Joly pone en boca de uno de sus personales: la gran tarea de “desquiciar” las instituciones republicanas sin abrogarlas expresamente. Resultado: una democracia desvirtuada. Una “democradura”.

6. Dice Horacio González: “La Argentina limita al Sureste marítimo con el ARA San Juan, el buque repentino que se hunde en nuestros propios lamentos, al suroeste fluvial con Santiago Maldonado (cuyo peritaje el sentido común puede y debe poner en duda, una ciencia presuntamente exacta, en casos como éste, no es superior a evidencias de la empirie más llana), y también con Rafael Nahuel, tiro en la espalda, prefectura diciendo redundante “Alto Prefectura”. Voces de las entrañas del Estado Argentino. El “otro” Estado dice yo no fui. Y al Noroeste linda con Milagro Sala, su martirio. En este trazado se mueven las fuerzas de reposición de lo justo. Nos referimos a las nuevas formas del sindicalismo, los nuevos estilos frentistas, todo aquello que quede en pie, que no será poco, y lo que aun estén dispuestos a ofrecer los antiguos movimientos populares”.

7. La contradicción se llama resistencia, que es el complejo proceso de decir No. Tiene algo que ver con la Resistencia Peronista. Tiene algo que ver con La Falda y Huerta Grande. Tiene algo que ver con las conductas del Negro Atilio, del Gringo Tosco, de Ongaro, de Elpidio, de Salamanca. Tiene que ver con la lucha, más allá de las identidades políticas. Dice González: “El resistente, en fin, es un ciudadano con una memoria que lo lleva y lo trae, que piensa en sí mismo para pensar en cómo se fue desfigurando el país, eso otro de sí que le devuelve su imagen bajo otras gesticulaciones. Lo comprueba y lo dice a los de su confianza, porque él es un pequeño locutorio ambulante, un antropólogo del presente que también sabe de su papel para estimular a los dirigentes.

A los que no fueron adormecidos por el macrismo, a los sindicalistas que deben recrear otra vez la CGT, pues ésta se halla totalmente sonambulizada por el gobierno, a los militantes nuevos y a los anteriores, a veces cómodos en su rito ya consumado. El resistente es el trabajador social de la memoria ciudadana, el operario que resguarda en su interior la cifra apenas audible de voces solicitantes, el militante que se amparó en la falda y vegetariano o no, se alimenta en Huerta Grande”.

8. García Linera, el vice de Evo, la democracia popular que perdura, aconseja: “Hay que ser ahí muy cuidadosos. Aprender lo que aprendimos en los 80 y 90, cuando todo complotaba contra nosotros. Acumular fuerzas, saber acumular fuerzas. Saber que cuando uno se lanza a una batalla y la pierde, nuestra fuerza va hacia el enemigo y se potencia y nosotros nos debilitamos.

Que cuando hay que dar una batalla, saber calcularla bien, saber obtener legitimidad, saber explicar a la gente, saber conquistar nuevamente la esperanza, el apoyo, la sensibilidad, y el espíritu emotivo de las personas en cada nueva pelea que hagamos. Saber que nuevamente tenemos que entrar a la batalla minúscula y gigantesca de ideas, en los medios de comunicación grandes, en los periódicos, en los pequeños panfletos, en la Universidad, en los colegios, en lo sindicatos. Que hay que volver a reconstruir nuevo sentido común de la esperanza, de la mística. Ideas, organización, movilización”.

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