Decidieron no ver más a sus abuelos

Sociedad 27/11/2017 Por
El pedido de dos adolescentes de 13 y 16 años, protagonistas de un caso familiar signado por la violencia, fue aceptado por la Justicia, luego de que solicitaran la suspensión del régimen de visitas de los padres de su progenitor.
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- Ilustración: Leandro Cirico

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Por: Consuelo Cabral

La historia de T.C. (13) y G.C.(16) no es mucho más distinta a la de un montón de niños y adolescentes cuyo núcleo familiar es destruido por la violencia de género y la violencia familiar. Ambos chicos, junto a una hermana mayor de edad y otra de ocho años, fueron víctimas de un sinfín de situaciones que terminaron destrozando los vínculos no sólo con su padre, sino también con sus abuelos paternos.
La primera diferencia de este caso fue que T.C. y G.C. acudieron en agosto de este año a la Justicia para solicitar la suspensión del régimen de visitas con los abuelos, padres de su progenitor, a quienes –dijeron- no querían seguir viendo.

Entre los motivos principales del pedido que presentaron a través de una asesora de familia, que actúo como abogada de ambos, en el Juzgado de Familia Nº2 de Córdoba, figura que la abuela paterna habría protegido al padre, negando los hechos de violencia de éste hacia la madre de los chicos.
El juez de familia Gabriel Eugenio Tavip hizo lugar a la solicitud de los adolescentes, la cual además hizo extensiva a la hermana menor, de 8 años, no sin antes enviarles un mensaje donde los invitó a reflexionar sobre las implicancias de su elección. Pero ésa segunda diferencia será desarrollada más adelante.

El caso

Si bien el matrimonio ya se había disuelto formalmente en un complejo proceso de divorcio, los niños seguían viendo a su padre cuando hace cuatro ocurrió un hecho que marcaría un punto de inflexión.
Fue durante un fin de semana de 2013 cuando los cuatro hermanos se encontraban visitando a éste en la casa de sus abuelos, que presenciaron un nuevo, brutal y definitivo episodio de violencia. Todo se desencadenó cuando una de las chicas se descompuso y llamó a su madre para que la buscara. Al llegar, la mujer fue atacada a golpes por su ex pareja, frente a la mirada de todos sus hijos y de los abuelos. Por ese hecho, el hombre pasó un año en la cárcel.
Desde ese terrible fin de semana, los niños no volvieron a ver nunca más a su papá y la relación con sus abuelos paternos también se vio afectada, especialmente con la abuela a quien los chicos acusan de “trazar alianzas con el agresor”.

En agosto de este año, los ahora adolescentes decidieron ir un paso más allá, y solicitaron a la Justicia cordobesa la suspensión de las visitas a los abuelos. Tras una audiencia donde acudieron todas las partes, tanto la asesora letrada de los chicos como una psicóloga y una trabajadora social del Cuerpo Asesor Técnico Multidisciplinario (Catemu) del Juzgado de Familia, coincidieron en que el régimen de visitas obligatorio no podía ser mantenido.
 
“T.C. y G.C. tienen una clara identificación con la madre. Si la abuela paterna no logra mostrar una imagen independiente de la figura paterna y empatizar con los sentimientos y angustia de sus nietos, difícilmente logrará un acercamiento afectivo con los mismos. Sí se vislumbran posibilidades de revinculación entre el abuelo paterno y estos nietos, pero en forma extrajudicial, con el ritmo, tiempo y forma que ellos puedan y decidan”, señalo el informe de las integrantes del Catemu.
 
En ese sentido, la asesora de los adolescentes propuso que el abuelo fuera fin de semana de por medio a la casa de los nietos, lo cual fue desestimado por la abuela bajo los argumentos de que el hombre, dada su avanzada edad, no se podía movilizar solo.

Sumado a los episodios de violencia de género, en la Justicia cordobesa hay distintos hechos asentados que dan cuenta de la grave situación familiar. En varios de ellos el padre deja constancia que la madre, quien tiene botón antipánico, le impide ver a sus hijos. En otros, hay intensas disputas por la cuota alimentaria. Después hay un pedido que la mujer hizo a la Justicia -con el fin de controlar los ingresos económicos de su ex pareja- para que registre las visitas que el hombre hacía a distintos barrios privados para dar clases particulares de física. Un esqueleto de la violencia, dividido en siete años de expedientes y con los chicos como huesos.

“La familia no es una foto que se elimina en Facebook”

 La segunda, y tal vez más resonante diferencia de este caso, tiene que ver con el mensaje que el juez de familia Gabriel Eugenio Tavip, quien además es licenciado en Comunicación Social y  profesor de la Universidad Nacional de Córdoba, les escribió a los dos adolescentes de 13 y 16 años, en el decreto donde accedió al pedido de ambos para dejar de ver a sus abuelos paternos.

Con un lenguaje claro y directo, el juez les explica que tienen derecho a elegir no ver a sus abuelos, pero que deben ser conscientes de que están vulnerando los derechos de dos adultos mayores que los cuidaron durante años y que los quieren. “Se los puedo decir de esta manera directa ya que tienen la suficiente madurez como para buscar un abogado que los represente y pedir el ejercicio de este derecho, por lo que presumo que pueden comprender lo que acá les digo y espero que esto les sirva de reflexión y ayuda”, les advierte.

Y agrega: “Pierden un abuelo que los quiere, y los quiere bien. Que muchas veces veló por sus sueños, que les contó historias, que los cobijó bajo su cariño, entre tantas historias que sólo ustedes como familia pueden conocer en profundidad. Eso no se olvida con facilidad, más allá de las impropias actitudes de su padre y de su madre. Aunque esto no lo quieran admitir. Su abuelo José E. ya es un hombre grande, que posiblemente se encuentra viviendo los últimos años de su vida y que seguro necesitaría el abrazo cálido de sus nietos. Lamentablemente ustedes han decidido no dárselo. Un ejemplo de lo frágil que es la salud de su abuelo José E. es que no pudo venir a la audiencia por su delicado estado”.


Los 9 puntos del mensaje del juez a los chicos

1. G. y T., ustedes han sido víctimas de sus dos progenitores –papá y mamá- que no han podido, ni sabido resguardarlos de sus constantes peleas, de sus broncas y de sus rencores. Ellos se divorciaron, pero en ese divorcio los arrastraron a todos ustedes sin contemplación alguna. Creo firmemente que ninguno de ellos los ha podido proteger adecuadamente.

2. En medio de esa constante lucha, ustedes han quedado parados en uno de los bandos opuestos. Y no han podido ver todo lo que pierden por  culpa de la actitud inapropiada de sus padres –reitero de su papá y de su mamá-.

3. En este caso pierden un abuelo que los quiere, y los quiere bien. Que muchas veces veló por sus sueños, que les contó historias, que los cobijó bajo su cariño, entre tantas historias que sólo ustedes como familia pueden conocer en profundidad. Eso no se olvida con facilidad, más allá de las impropias actitudes de su padre y de su madre. Aunque esto no lo quieran admitir. Su abuelo José E. ya es un hombre grande, que posiblemente se encuentra viviendo los últimos años de su vida y que seguro necesitaría el abrazo cálido de sus nietos. Lamentablemente ustedes han decidido no dárselo. Un ejemplo de lo frágil que es la salud de su abuelo José E. es que no pudo venir a la audiencia por su delicado estado.
 
4. Le digo también que no voy a desconocer que la relación con su abuela J. no ha sido lo fácil y placentera que cualquier adolescente o niño hubiera querido. Es que ella –como ustedes y sus hermanas- también se paró en uno de los bandos de esta guerra sin sentido. Así ustedes y su abuela  están en “territorios enemigos” y por eso no se han podido encontrar en los últimos tiempos. Pero también creo que eso no puede borrar tantas historias vividas con ella desde que eran muy pequeños, tantas comidas que les hizo, tantos regalos, celebraciones y compañía. La vida que hemos pasado y la calidez de la familia no se descartan así nomás, como si fueran una foto que publicamos en “Instagram”, en “Snapchat”, o en “Facebook” y que no nos gusta más.
 
5. J. también es una mujer grande, que se ha equivocado, como posiblemente ustedes se equivocarán alguna vez en el transcurso de su vida. Pero no creo que el desdén con el que ustedes la tratan en este pedido sea bueno para ella, ni tampoco para ustedes.  

6. Quiero contarles además que hace ya muchos años que en mi rol de juez he intentado que sus padres sanen sus heridas y que paren con tanta agresión mutua. Confieso que no lo he logrado. La obstinación de ambos es superior a cualquier intento realizado. Y esa obstinación de ellos les ha hecho mucho mal a todos ustedes, que son parte de una familia desmembrada y destruida. A ustedes mismos los he escuchado en varias ocasiones. Los he visto crecer en este conflicto. Nada más triste que eso. Ojalá nunca hubieran venido a los tribunales y hubieran podido crecer felices y ajenos a toda esa “locura” a la que han sido arrastrados impropiamente.
 
7. Más allá que con las medidas que se intentaron desde este tribunal no haya logrado revertir todo lo que pasó, no pierdo las esperanzas. Ojalá algún día de estos puedan tocarme la puerta de mi oficina y decirme que ese abrazo con sus abuelos finalmente se hizo.
 
8. Eso sí, les quiero contar que así como existe una “Convención de los Derechos del Niño” que los resguarda legalmente, también existe otra que se llama “Convención Interamericana Sobre  Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores” (Ley 27.360 aprobada por el Congreso de la Nacion Argentina y publicada recientemente con fecha 31-05-17),  que busca la protección de los abuelos. Creo que ustedes, deben ser conscientes que con esta decisión que toman están limitando los derechos de sus abuelos que también merecen un especial cuidado.
 
9. Finalmente quiero decirles que de ahora en más será su opción la de estar en contacto con ellos, asumiendo así las consecuencias de sus decisiones.
En un futuro podrán replantearse si lo que hoy hacen es lo mejor no sólo para ustedes, sino también para el abuelo José y para la abuela J.. Más adelante en su vida podrán evaluar si esta posición que tomaron ha sido egoísta o no. Ojala puedan mirar a sus abuelos como lo que son, dos personas de la tercera edad que necesitan a sus nietos y no como dos enemigos más en esta lucha de su mamá y a su papá. O mejor dicho sin ver el rencor y el odio que ha crecido dentro suyo. 

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