La hegemonía amarilla y el peronismo difuso

Opinión 22/11/2017 Por
El debilitamiento del movimiento popular, la fragmentación de la oposición y la indolencia de las centrales obreras dejan el camino libre a un oficialismo fortalecido que avanza con las reformas que afectan a los trabajadores.
Fernandez-Cristina-capitanich

chapa_ed_impresa_01

Mientras la hegemonía amarilla avanza en todos los frentes –político, económico, social, cultural- la preocupación de los preocupados (sí, porque no todos están preocupados) es cómo resistir estos avances, cómo hacer frente a una política de exclusión, cómo unir a los sectores populares en una resistencia a las políticas antipopulares.

Sin duda, estamos ante una manifiesta debilidad del movimiento popular. El triunfo electoral del macrismo le ha permitido iniciar una ofensiva sin contemplaciones. Los proyectos de reforma fiscal, laboral y previsional son la llave para la intención de dar vuelta el país como una media. El “tiempo político” está, en este momento coyuntural, de su lado. La oposición vive en una suerte de limbo, fragmentada y sin cauce. Y digo limbo, en el sentido popular que cuando dice “estar en el limbo”, significa estar desconectado de lo real, vivir en un mundo imaginario. Pertenezco al limbo, donde nos ha arrojado el triunfo amarillo.

La realidad es compleja y tratar de entenderla es aún más. Comparto con Roberto Caballero que “los intentos de autopsia del kircherismo agotan. Los intentos de resucitación del ´peronismo puro’, enternecen”. Pero intentemos, desde la desolación, ir por parte.

La carta de Aníbal Fernández, leída como un aporte a desentrañar la realidad del movimiento popular, puede ser un hecho positivo. Asumirla como una verdad revelada, como un destello luminoso, no sirve para nada. Coincido con Dante Leguizamón que su aporte más sobresaliente es el recuerdo de la frase de Néstor Kirchner, que debería ser el centro de nuestras reflexiones: “Con el Peronismo no alcanza, sin el Peronismo no se puede”. Cita que se desmerece cuando agrega al nombre del ex presidente, las palabras “un grande de verdad”, sumándose a la cantinela de ensalzarlo para denigrar a Cristina, injustamente porque no hay el menor atisbo de una diferencia entre ambos, tanto ideológica como políticamente. Si hubo errores, que los hubo, son de ambos.

Es posible incluso que la alusión picaresca a Cristina “como un hermoso jarrón chino, ese objeto valioso y preciado por toda la familia, al que nadie le encuentra el lugar adecuado” –sutileza no original recogida de la verba de Felipe González y de Duhalde, el malo- pueda tener parte de verdad en un futuro según los avatares de la historia. Los datos de la realidad nos dicen que –por ahora- fue el rol del jarrón chino el que mitigó el profundo dolor de la derrota, que fue el jarrón chino el que quedó como una incipiente alternativa, frente a las opciones desteñidas (de peronismo) de Massa y Randazzo. El jarrón chino, que “aun perdiendo por 350 mil sufragios, obtuvo tres millones y medio de votos” (M. Granovsky).

La queja de Aníbal y de muchos “unitarios” es que a Unidad Ciudadana le faltó “peronismo”. Puede llegar a ser una verdad, pero a medias. La propuesta, en esta ocasión, no fue “el mismo perro con diferente collar”. Incorporó a Jorge Taiana, como compañero de fórmula, no precisamente “un asteroide”, ni “una cometa que pierde su brillo”. La campaña se basó en las estructuras peronistas de los intendentes justicialistas y los votos se recogieron en el “subsuelo” de las zonas históricamente peronistas del Buenos Aires profundo. El discurso fue el rechazo del proyecto que pretende pulverizar al peronismo (El del “hecho maldito). No alcanzó. ¿Tendrá algo que ver el propio peronismo, que tendrá que reinventarse y encontrar su cauce, recuperar representación (que fue su fuerza), pero que por el momento vegeta en un cono de sombra? Excomuniones abstenerse, no creo en las iglesias.

Jorge Capitanich lo plantea con mucha honestidad. Las posibilidades de resistencia y las posibilidades de reinvención del peronismo después, parten de “una primera etapa de acumulación opositora”, que no habrá tal si no hay una identidad básica. Él se lo pregunta sin concesiones: “A la luz de la realidad: ¿cuántos peronistas comulgan con Macri?

Caló está con Macri, Moyano por lo menos no expresa oposición, gran parte de la CGT son adherentes al modelo. Urtubey, ¿en qué se diferencia cualitativamente?

Y lo digo con buena leche: el peronismo como expresión política no es el que define la contradicción”. Hoy, no define la contradicción con el gobierno neoliberal. A las dudas de Capitanich podemos agregarle la “opo amiga”, el “peronismo republicano” (¿?), los apostadores a la gobernabilidad, que en estos días han tendido alfombras para el paso de las reformas gorilas. Para ser la contradicción, se requiere al menos un discurso común. El proyecto amarillo acorraló al movimiento popular. En la lectura de Capitanich: hoy la contradicción que se nos impone “es pasado contra futuro, corrupción contra honestidad”. Con indudable habilidad –y con las propias deficiencias del movimiento nacional y popular- nos han birlado el presente, la posibilidad de hablar, rechazar, resistir, construir, a partir de los tarifazos, del endeudamiento, de la inflación, de las reformas laborales, previsionales; es decir, del presente.

Ni la resistencia social amplia, ni la recreación del peronismo, ni la unidad, vendrá -al menos por ahora- de la mirada “partidaria” o “electoral”. La resistencia, la acumulación opositora, la unidad para la lucha, surgirá de un tiempo social, basado en el presente. Vendrá de una convicción de resistencia que supone un discurso común y un ganar la calle. Saldrá de experiencias como la santafesina, que conformaron el Movimiento Obrero Santafesino, con el objetivo de frenar al neoliberalismo. Saldrá de la posición de la CGT Regional de Córdoba que ratifica su rechazo a la reforma laboral y previsional y como un símbolo evocará el ¨Programa de La Falda” a fin de este mes; de la decisión de los compañeros de ATE de Buenos Aires dispuesta a resistir los despidos; de la Corriente Federal en marcha; de las organizaciones de los trabajadores de la economía popular. De una estrategia del “presente”, al que deberán sumarse las estructuras políticas, con humildad, apoyando, convergiendo, aportando, rompiendo sus cascarones, compartiendo la calle. Hay que reconstruir el actor de la resistencia, que pueda cuajar después en una fuerza política que ojalá sea parecida al peronismo (del hecho maldito). “Hoy es una categoría difusa”.

cine_nota2 Chapa informativa para construcción páginas de estrenos de cine

Seguí el desarrollo de esta noticia y otras más,
en la edición impresa de La Nueva Mañana
 
[Desde junio en todos los kioscos de la capital de Córdoba]


Te puede interesar