Punta del Este, destino de placer

Turismo 23/11/2017 Por
Playas tranquilas con atardeceres únicos, comodidad, propuestas culturales y gastronómicas para todos los gustos y bolsillos explican porqué la ciudad glam del Uruguay es uno de los destinos favoritos para los argentinos.
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1 / 8 - - Sin ser arquitecto, Páez Vilaró se inspiró en el hornero para construir Casapueblo.

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Al este de Uruguay, en el departamento de Maldonado y a tan sólo una hora de Montevideo, en medio de un verde intenso y playas de curvas suaves y delicadas se alza Punta del Este, el balneario más popular del país y una de las ciudades que genera en quien la visita un imaginario propio que conjuga lujo, vida nocturna, grandes hoteles sin dejar de lado naturaleza, tranquilidad y familia.
A la “Perla del Atlántico” se accede por la Ruta Interbalnearia o por Ruta 10, luego de pasar Punta Ballena y antes de llegar al puente ondulado de La Barra, obra arquitectónica del uruguayo Leonel Viera. Por vía aérea, a través del pequeño Aeropuerto Internacional de Laguna del Sauce o el Aeropuerto Internacional de Carrasco en Montevideo, que es la principal puerta de entrada, y desde allí en bus o alquilando un vehículo.
Este centro turístico pujante y sofisticado fue fundado en 1829 por Don Francisco Aguilar con el nombre de Villa Ituzaingó, cuando todavía era una península perdida entre las dunas, y en 1907 pasó a llamarse oficialmente Punta del Este, el mismo año en que por primera vez arribó un barco con turistas argentinos que la denominaron “La Brighton de América del Sur”.

Según cuenta Marcelo Sivak, guía de turismo, una buena forma de recorrerla es empezar por la Avenida Gorlero, el clásico paseo donde confluyen restaurantes, cafés, teatros, casinos, cines y tiendas de ropa de importantes marcas del mundo; y que conduce a la Feria de los Artesanos de Plaza General Artigas, que cuenta con unos 200 stands con trabajos de artistas locales.

El arte también encuentra un refugio privilegiado en el Museo Ralli, uno de cinco establecimientos distribuidos en Marbella (España), Santiago de Chile y dos en Cesarea (Israel), que juntos conforman una de las más grandes colecciones de arte latinoamericano contemporáneo con obras de maestros de la talla de Dalí, Botero, Volti, Robinson, Juárez y Amaya, entre otros. El ingreso es gratuito y no se aceptan donaciones de organismos públicos o de particulares porque desde su creación en 1988 la filosofía de su fundador, Harry Recanati, era “abrir el arte al mundo”.

Sin dudas la obra más representativa y una parada obligada para cualquier turista es “La Mano”, la escultura del chileno Mario Irarrázabal terminada en febrero de 1982 que refleja al hombre emergiendo a la vida en contacto con la naturaleza, y que junto con la que se encuentra en el Desierto de Atacama, al norte de Chile, simbolizan un gran abrazo a Sudamérica.
Se trata de un ícono de la Playa Brava, un paraíso de arena blanca y fina elegido por los amantes de los deportes acuáticos por su fuerte oleaje oceánico y que contrasta con las tranquilas playas de la Mansa por dar al Río de la Plata, de arena gruesa y dorada con espacios para la recreación de chicos y grandes.

Desde allí parte la excursión a la Isla de los Lobos, por la presencia de una colonia de 200 mil lobos y leones marinos, la más grande de América del Sur y la segunda más importante del planeta después de Sudáfrica. En ella se destaca el Faro Isla de Lobos con una altura de 60 metros sobre el nivel del mar, por lo que es considerado uno de los más altos y luminosos del mundo (dicen que emite un destello cada cinco segundos que se alcanza a ver a 40 kilómetros de distancia).
“En el tiempo de la colonia la isla era conocida como ‘El infierno de los mares’ por las peligrosas corrientes que la rodean”, comparte Marcelo y agrega: “Se calcula que en toda la costa uruguaya desde el Chuy (límite de frontera entre Brasil y Uruguay) hasta Montevideo hay dos mil naufragios. Uno de los más famosos es el de ‘Lord Clive’, un barco inglés hundido por los españoles frente a Colonia del Sacramento en 1763 que podría contener más de mil millones de euros en monedas de oro”.
Otro de los más populares es el Faro de Punta del Este de 45 metros de altura, construido con material volcánico procedente de Roma y que todavía conserva los prismas de cristal para su iluminación, de origen francés. Frente a él resalta el edificio de la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria de fachada celeste, que en su interior cobija una imagen de la Virgen de la Candelaria, patrona de Punta del Este, y por quien en un principio se llamó a la ciudad “Puerto de la Candelaria”.

La casa del sol

Antes de que la gran estrella regale sus últimos rayos, Casapueblo – el museo, atelier y hogar del artista plástico Carlos Paéz Vilaró - espera a cientos de turistas cada día para eternizar en la retina un atardecer tan mágico como emocionante.
La ceremonia de unos 10 minutos es un culto al sol, que recostado imponente sobre el mar custodia la construcción blanca de estilo mediterráneo ubicada sobre los acantilados rocosos de Punta Ballena y que Paéz Vilaró tardó 40 años en construir con la “libertad de un hornero”.

“Gracias Sol, por regalarnos esta ceremonia amarilla. Gracias por dejar mis paredes blancas impregnadas de tu fosforescencia (…) Chau Sol, gracias por provocarnos una lágrima, al pensar que iluminaste también la vida de nuestros abuelos, de nuestros padres y la de todos los seres queridos que ya no están junto a nosotros, pero que te siguen disfrutando desde otra altura. Adiós Sol. Mañana te espero otra vez. Casapueblo es tu casa”, reza el artista durante parte del ritual.
Dentro de la edificación – que él mismo definió como “su escultura habitable” - conviven el arte y la historia de vida del uruguayo, que entre tantos capítulos recuerda aquel 13 de octubre de 1972 cuando su hijo Carlos Miguel se convirtió en uno de los protagonistas de la tragedia aérea en la cordillera de los Andes.

Un conjunto de retazos de diarios y revistas refleja la lucha incansable de un padre por encontrar a su hijo, aun cuando ocho días después del accidente las autoridades dieron por muertos a todos los pasajeros y tripulantes, y él parecía ser el único en mantener la esperanza, que dio frutos.
Fue poco antes de la Navidad de 1972, cuando “Carlitos” apareció como uno de los 16 sobrevivientes, en una odisea que luego fue retratada en la película “Viven” y escrita en su libro “Entre mi hijo y yo, la Luna”, del que extraemos un fragmento:

“…Entonces se produce lo inevitable: alguien trae la noticia de que no hay información del hallazgo del avión. Las ilusiones se derrumban en todos y los sollozos cubren los comentarios. Debo preparar mi viaje de inmediato y como sólo llevo lo puesto, Mercedes abre el ropero de Carlos Miguel y me dice:
-Papá, si Carlitos te saca a ti la ropa para viajar, ¿por qué no haces tú lo mismo y te pones la suya?
Ella tiene razón y me pruebo lo que me queda mejor. Voy hasta el cuarto, abrazo a Madelón, a Buba, a las chicas, que en la misma cama están llorando confundidas en una sola forma, y les prometo que volveré con Carlitos a toda costa.
- Estamos seguras papá - me dice Agó - siempre que nos prometiste algo lo cumpliste.
Con cuidado paso por encima de los amigos de mi hijo que, vencidos por el sueño en la larga espera, duermen amontonados sobre la alfombra o en el pasillo.

Aún me faltan algunas horas para partir pero la ansiedad me empuja a irme al aeropuerto. Para ganar tiempo, para hacerme a la idea de que ya estoy en marcha, para no demorarme en el encuentro con mi hijo...”

El Caribe más cerca

Entre las propuestas que ofrece Punta del Este está la de sumergirse en la primera laguna de agua cristalina del Uruguay, un paraíso de aguas turquesas, arenas blancas y palmeras que recuerda a las mejores postales del Caribe pero a sólo tres horas y media de Córdoba.
Se trata de Solanas Cristal Beach, un emprendimiento desarrollado por Crystal Lagoons que posee una superficie de tres hectáreas y se destaca por ser sustentable y amigable con el medioambiente, ya que permite un uso racional de la energía y el agua. Además, brinda las condiciones ideales para la natación y práctica de deportes náuticos sin motor, y es un espacio perfecto para descansar rodeado de naturaleza.
Forma parte del complejo Solanas Vacation Club, ubicado en el kilómetro 118,500 de la Ruta Interbalnearia, un amplio resort vacacional enclavado en un bosque de 140 hectáreas rodeado de aroma a pinos y eucaliptos. Un destino turístico en sí mismo pensado para la familia que cuenta, entre todas sus tipologías habitacionales, con 7.500 camas, e instalaciones de primer nivel.

DATOS ÚTILES

Cómo llegar. La aerolínea Amaszonas ofrece tres vuelos semanales directos Córdoba-Montevideo (ida y vuelta) desde $5.337 (u$s 299) con tasas incluidas. Parten del Aeropuerto Taravella los días lunes, miércoles y viernes a las 6 de la mañana y llegan al Aeropuerto Carrasco a las 7.30. Retornan desde Uruguay los martes, jueves y domingos a las 22.30 para aterrizar en Córdoba a las 00 horas. Desde Montevideo a Punta del Este se puede conseguir un bus desde $170.

Gastronomía. Parrillada desde $180; pizza desde $145; cerveza de litro y medio desde $50; gaseosa de litro y medio desde $45; botella de agua de litro $20; desayuno completo desde $170. La mayoría de los comercios y restaurantes reciben pesos argentinos, pesos uruguayos y tarjeta de crédito o débito.

Alojamiento. Hostel desde $500 por noche; un departamento por noche para tres personas desde $2.140. Complejo Solanas Vacation Club: $5.340 por noche en habitación doble; $8.900 por noche en habitación premium. Para más información www.solanasvacation.com.ar.

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