Recetario negro para el cielo amarillo (Papeles del Sr. Pro)

Opinión 16/11/2017 Por
El cielo amarillo no es para todos. Imaginate, si no es para los laburantes, no puede ser para los pobres, sean chicos, grandes o ancianos. No son productivos. Son una carga para el desarrollo económico.
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El cielo amarillo no es para todos. Nos sobran los viejos, por ejemplo. No son productivos. Son una carga para el desarrollo económico. No podemos matarlos. Habría mucha protesta, empezando por el Papa, los organismos de DD.HH en el mundo, los intelectuales. Optamos por una muerte gradual, pero efectiva:

1. Cambiamos la fórmula de actualización de las jubilaciones, que nos dejó con mala leche la Yegua y que produce aumentos desmedidos. Por empezar, le rebanamos unos 100 mil millones a los fondos jubilatorios, con un fin más noble: pagar la deuda externa que nos permita seguir gozando de nuestro Edén para escogidos. El año que viene, falta poquito, le reducimos $900 por mes a cada jubilado y que vayan a cantarle a Gardel. A eso le sumamos la restricción de medicamentos, de atención médica, menos reparto de anteojos para que no vean ni mierda, que por otra parte ya lo estamos realizando, con eficacia empresaria, a través del PAMI, y empiezan a caer viejitos, a viajar al abismo, gradualmente. Los liberamos de su pesar. Nos sobran. El Cielo amarillo es limitado.

2. Acabar con la joda. La Yegua, para meternos palos en la rueda de la felicidad, jubiló a medio mundo. ¿Qué hacemos? Por empezar elevamos la edad jubilatoria a las mujeres, que son cinco años más.
Mezclado con la inflación es un cóctel maravilloso.
Y vemos cómo seguimos. Les traemos las AFJP y apuramos el trámite y de paso premiamos a algún amigo del Jefe.

El cielo amarillo no es para todos. Nos sobran los negros de mierda, que el populismo peronista modeló para jodernos: vagos, revoltosos, engreídos, agremiados. Hay que bajarles el copete y lo que ganan inmerecidamente, en detrimento de nuestra felicidad. Nos sobran los sindicatos. Para qué nos sirven. Pero vamos a comenzar, como dice el Jefe, gradualmente:

1. Cambiamos la ley de contrato de trabajo que es un grano en el culo para nuestros intereses. Terminamos de cuajo con la cantinela de los derechos del trabajador que el Viejo Libinidoso impuso contra nosotros, que somos cristianos solidarios, siempre y cuando la negrada ocupe el lugar que la vida les ha asignado como seres inferiores, ignorantes y vagos. Inviables. Ahora, hay que ser vivos.

Nosotros debemos hablar que la relación entre ellos y nosotros parte de considerar el trabajo como “una cooperación entre las partes, con derechos y deberes recíprocos”. Somos Derechos y Humanos. Es un buen verso para los ilusos. No vamos a decir que nuestra intención, que nuestro objetivo histórico, es que reine el Gran Dios, el Dios Mercado, que nos haga más ricos a los que tenemos ya algo acumulado, y más pobres a los que solo tienen su laburo para vender.
Hablemos de “liberar las fuerzas de la producción y el trabajo de todos aquellos mecanismos regulatorios (que nos impusieron con sus luchas despiadadas) que nos ahogan”.

2. Hay que acabar con las grietas. Así dice el catecismo de Durán. Basta por favor con la Marchita ésa, que habla de “combatir el capital” (allí se desgañita la negrada). Respetando el Orden de ciertas Digestiones, hablemos de recuperar “la vía natural de la cooperación entre capital y trabajo”. ¡Qué lindo suena! Mientras tanto, condonemos, sí a nosotros mismos, “la deuda por capital e intereses por falta de pagos de aportes y contribuciones a los subsistemas de seguridad social”. Que le cobren a Magolla. Y, además, les reducimos las indemnizaciones por despidos. Y les damos sólo un año para iniciar juicios, qué joder. Impulsemos la tercerización laboral, rompamos con la jornada histórica. Flexibilización en todo sentido. Pongámonos contento: “Se va acabar, se va acabar, la orga sindical”. Horas extras, ni minga. “Banco de horas” y nosotros decimos cuánto dura la jornada de trabajo y el tiempo libre.

El cielo amarillo nos es para todos. Imaginate, si no es para los laburantes, no puede ser para los pobres, sean chicos, grandes o ancianos. Mantener a esos vagos es una carga y no nos aportan nada. No es para “trabajadores, ahora le dicen, de la economía popular”. El cielo es para los emprendedores, los jóvenes rubios que estudian en nuestros colegios privados. Allí aprenden rápido cómo evadir, cómo se abre una sociedad off shore. Los más intrépidos llegarán a CEOS, después a ministros, como los nuestros, con nuestros adelantados Caputo, Aranguren y Arribas. Y ahora le sumamos a Etchevere. Sabrán armar una familia productiva como la de los Macri.

El cielo amarillo nos es para todos. Las recetas están. La medicina, hay que pensar. Con los excluidos del cielo amarillo, no hay diálogo. Si joden, palos. Hemos hecho una nueva gendarmería y se está portando. Vamos a hacer un nuevo país. Tenemos todo desplegado. Los grandes industriales nos piden profundizar. Los patrones del campo nos aplauden a rabiar. No tendremos multitudes, pero tenemos los medios, que se adelantan a nuestros deseos. Tenemos jueces que les gusta el amarillo y a los otros, los presionamos. Era muy Gil la Carbó que creía que podía torcernos el brazo. Lorenzetti que hablaba y hablaba, lo tenemos mudo, marcando el paso. Los votos nos han dado legisladores. Si no alcanzan, está la opo amiga. Hay algunos que se desesperan por aprobarnos el paquetazo. Peronistas rubios que deberán hacer buena letra, si quieren entran en el patio trasero de nuestro cielo. Siempre habrá un Pichetto amigo. Y los gobernadores comen de la mano de Mauricio. Sí, hay algunos que son del palo. Urtubey compra la ropa en las mismas casas de marca. Con los gordos sindicales hay que tener cuidado, son medios ladinos. Pero si los amenazamos con las obras sociales, si les mostramos la puntita de un carpetazo, entran en razones. La medicina es eficaz. Mirá el enema que le pusimos a los K, que tienen que pasar todo el día denunciando jueces y tramoyas como si fuera una diarrea. Mientras, nosotros, avanzamos. El cielo amarillo ya está. Para pocos. Para los escogidos.

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