Milena, la profe trans que vive con su hijo y su ex mujer

Sociedad 06/11/2017 Por
Tiene 49 años, da clases en cuatro escuelas secundarias de Córdoba, y a fines de 2016 se operó para cambiar de género. Junto a su ex mujer y Gregorio, hijo de ambas, conviven en una misma casa y construyen nuevos paradigmas vinculares.
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1 / 2 - “Hace 19 años que estamos juntos, toda la vida de Gregorio. Construimos una pequeña Grecia en la casa”.

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Por: Consuelo Cabral

El día que le dieron su nuevo documento nacional de identidad, en el Registro Civil de avenida Colón, Milena Zoledad Moreno preguntó por qué le cortaban el margen superior derecho al otro, al que había sido de Claudio Moreno. El empleado, desde el mostrador, levantó la mirada y le dijo: “Porque este señor acaba de morir”. Milena había esperado ese momento durante toda su vida, durante 49 años. No es que ella quisiera matar a Claudio. Sino que, en sus propias palabras, necesitaba parirse, nacer, que finalmente cuerpo y alma se alinearan en un todo.

“Claudio fue una persona muy querida antes de que muriera, él me ayudó en su momento a ser quien soy. Escuchaba a las mujeres y tenía el cariño maternal que los padres no tienen. Se portó muy bien con mi cuerpo, lo cuidó hasta el final, incluso cuando al sentirme atrapada, intenté suicidarme”. Las palabras de Milena son fuertes y suaves a la vez. No hay medias verdades o cosas no dichas. Como cuando le preguntó a su mamá, a los 5 años, si podía cambiar de cuerpo porque el que tenía no le gustaba porque le sobraban cosas y Edith, profesora de inglés, con marido y casa en barrio en Alto Alberdi, sólo atinó a decirle que se fuera a jugar afuera.

Filósofa y docente en cuatro escuelas secundarias cordobesas, Milena alguna vez intentó ser el padre Claudio. Se ríe cuando lo cuenta, pero reconoce que fueron justamente los tres años en el seminario, donde a la vez cursaba el magisterio superior en el Garzón Agulla, los que la llevaron a Europa, a España y de algún modo al lugar donde fue apareciendo por primera vez la mujer por fuera y por dentro. “Yo tenía un rodete y monseñor Audisio me decía que me cortara el pelo. Después, monseñor Primatesta nos llamó, a mí y otros cuatro y nos ofreció ir de laicos a Madrid porque no ‘teníamos la imagen sacerdotal’. Íbamos a ser empleados del Opus Dei, que son la inteligencia móvil de la iglesia, y allá fuimos”.

Milena estuvo un año en España y pidió permiso para ir a convento ortodoxo en Grecia. “Cuando llegué decidí que me quedaba en Atenas. Llamé por teléfono al Seminario y dije que dejaba. No me preguntaron por qué ni se esforzaron, claro, en retenerme. Y tardaron tres cuadras en bloquearme la cuenta bancaria. Así que me quedé en una plaza mientras buscaba trabajo”. Milena, cual Dolce Vitta de barrio Alberdi, se bañaba en la fuente y escondía sus cosas atrás de unos arbustos para ir a distintas entrevistas. Hasta que consiguió trabajo en una agencia de publicidad, y decidió inscribirse en la licenciatura en filosofía, en la Universidad Nacional de Atenas.

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Mi papá se llama Milena

Cuando terminó de estudiar, regresó a Argentina. Ya había venido varias veces a visitar a sus papás, pero después de cinco años sintió que tenía que volver y quedarse a cuidarlos. Pero cuando llegó, se chocó con su padre, un ex empleado del Servicio Penitenciario, recibido luego de profesor de Economía, que no aceptaba un hijo “maricón”. “Para mi viejo estaban las mujeres, los hombres y los putos. Yo me recibí de hija recién cuando pude cuidarlo, curarlo, llevarlo al médico, ahí recién lo fue aceptando”.

En esos años de regreso a Córdoba, y de regreso a Claudio, Milena conoció a una mujer, se enamoró “de su esencia” y tuvieron un hijo al que llamaron Gregorio. A los seis meses, se separaron, pero siempre continuaron criando juntos a su hijo. Archivera en la Facultad de Filosofía, Mercedes, la “Rule”, formó otras parejas que con el tiempo se fueron disolviendo, hasta que finalmente volvieron a vivir los tres, Milena, ella y Gregorio, bajo un mismo techo.

“Una vez, cuando Gregorio tenía tres años, intentamos ser pareja nuevamente pero fue un desastre, así que volvimos al ritmo de antes. Y después de muchos años, volvimos a vivir juntos, en la casa que era la casa de mis padres, en barrio Alto Alberdi. Nosotros pensamos que ante todo somos familia, como una instancia superadora de la concepción de la pareja como pilar del núcleo familiar. Somos familia como una forma que implica proyectar juntos, acompañarnos. Rule es archivera, y cuando se presentó a concurso para la Dirección de la Biblioteca de Filosofía, hicimos el proyecto juntos, y eso fue muy gratificante para los dos. Lo presenta, va a concurso, gana. Y creo que así funcionó toda nuestra vida. Hace 19 años que estamos juntos, toda la vida de Gregorio. Construimos una pequeña Grecia en la casa.

Milena asume que al comienzo a Mercedes le costó un poco entenderlo. Gregorio, en cambio, “lo entendió de una forma maravillosa y con mucho humor”. Cuando los chicos le dicen cosas en la escuela les responde que él tiene un papá transexual y que ellos tienen un papá común. “Un día, cuando yo estaba en el posoperatorio, se había peleado con la madre, y viene a la cama y por primera vez me dice: ‘Che Mile, ¿cómo estás? ¿Vos no tendrás por ahí una platita que te haya quedado? Sí, le digo, pero pedile a la mamá porque no sé dónde tengo. Entonces me dice ‘es que mamá no me quiere dar’. Y bueno, le digo, si mamá no te da, hijo, yo no te puedo dar. Vos sabés que coincidimos con la mamá en eso. Y el guacho me respondió: ‘Bueno, Claudio, cuando te haga falta agua o algo, avisame”. 

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“Y mis alumnos lo entienden porque yo hablo de la libertad como el valor más grande que tenemos para ser felices, pero también para cuidar nuestro cuerpo y nuestra vida”.
La profe Mile va a cirugía

Durante 21 años Milena dio clases en la escuela Juan José Paso como el profesor Claudio Moreno. Usaba tiradores, fumaba pipa y se ponía sombrero. También es profe de Filosofía en dos Cenma (bachilleratos para adultos) y en el ISIM (Instituto Integral Modelo). Sin embargo, la angustia de sentirse en un cuerpo que no le correspondía se hacía cada vez más fuerte. “Si yo no me hubiese podido operar, tal vez me hubiera terminado suicidando. Claudio me frenó y me salvó de algún modo, pero esos impulsos venían de la imposibilidad de parirme, de vestirme con la ropa que yo quería y sentía, y de llevar esa parte en el cuerpo que no me correspondía”.  Tras haber comenzado con tratamientos hormonales, finalmente decidió quitarse lo que tanto le molestaba tener.

Fue a cada una de las escuelas donde da clases y habló con los directivos. Habló también con Reconocimientos Médicos de la Provincia y con el Apross. “Fue como si todo conspirara para que Milena pudiera llegar. No encontré obstáculos, la obra social me cubrió todo, en Reconocimientos Médicos la doctora Mara Rodríguez, y René Disantis, sexólogo, cuando iba a consulta por la carpeta médica, cuidaban detalles claves. No me llamaban por la pantalla, sino que salían y me llamaban por mi nombre. Me apoyaron mucho. El Apross me cubrió todo, sin cuestionarme nada”, recuerda.

Finalmente, el lunes 19 de septiembre de 2016, a las 15.30, y tras una cirugía que duró menos de una hora, Milena pudo estar en paz. Le practicaron una Orquiectomía Bilateral, a través de la cual le extirparon las glándulas sexuales y los conductos, lo cual posibilita la reducción de los niveles de testosterona. “Los días de frío o humedad el dolor me hace parir una mona ciega, pero el resto salió todo perfecto, el posoperatorio lo pasé en cama”.

Luego de la cirugía pasaron algunos meses y en marzo Milena volvió a dar clases. A través de las redes sociales, donde muchos de sus alumnos la siguen, había ido contando este proceso, el antes, el durante y el después. “El primer día que volví al cole estaba nerviosa. Las primeras veces para mí son definitorias. Sabía que era o me aceptan o no. Había algunos chicos que no me conocían. Ese día llegué, saludé, me presenté y pregunté si tenían alguna pregunta para hacerme. Y desde el fondo una alumna levantó la mano. Fue un instante donde pensé, ‘bien, acá vamos’. Pero preguntó: ‘Profesora, usted toma prueba?’ ¿No es genial? Yo creo que los chicos entendieron todo. En la operación conocí dos virtudes de las cuales se habla mucho pero son difíciles de comprender, aprendí la paz y la libertad. Lo que te hace libre es ejercerla, no sólo predicarla. Y mis alumnos lo entienden porque yo hablo de la libertad como el valor más grande que tenemos para ser felices, pero también para cuidar nuestro cuerpo y nuestra vida.

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