Una imagen, un recuerdo de hace 30 años, y un saludo eterno a un héroe con la 10 en la espalda

Porque los héroes de infante siempre quedan en la memoria, por más que el tiempo quiera arrebatarlos, estas líneas para el Pelusa.
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Los héroes de la infancia jamás se olvidan.

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La memoria... Tantos han escrito con maestría sobre la memoria... Y yo busco tratar de conocer, de alguna forma, el misterio de la memoria. En mi mente tengo una fotografía, que no se si es real, o si la memoria me juega una mala pasada. Pero está en mi memoria, y por algo debe ser.

Fue hace unos 30 años... Sentado en un sillón en mi antigua casa. En aquel entonces vivíamos en barrio Villa Irupé, de Embalse.

Vivíamos mi mamá, mi papá, mis hermanos Néstor y Diego, y yo. Juntos... Fue hace unos 30 años, un 22 de junio de 1986...

El televisor estaba cerca del hogar. Era en blanco y negro. Se jugaba la Copa del Mundo en México, y en mi casa lo seguíamos por la tele. Y recuerdo que el más maravilloso futbolista de todos los tiempos hacía el gol más espectacular de todos los tiempos. Y recuerdo que mi mamá festejaba, yo saltaba, mis hermanitos no entendían nada, pero reían. Mi papá celebraba.

Nos abrazábamos.

Le ganábamos a Inglaterra.

Argentina clasificaba a semifinales del Mundial.

Todos en el barrio, en el pueblo festejaban. El país festejaba...

Estaba asombrado con lo que hacía ese héroe con la camiseta número 10 en la espalda. Era yo un niño de 6 años, poco me puedo acordar... dicen. Pero en mi memoria está esa imagen inolvidable: Mi mamá, mi papá, mis hermanos y yo, abrazados festejando por MARADONA...

Al año mis padres se separaron.

Y yo seguí disfrutando de las genialidades del Pelusa...

Ese 22 de junio es inolvidable. No me importa que el tiempo quiera destruir ese recuerdo y a ese héroe. No me importa. No me importa, porque siempre seré un agradecido a ese tipo que me hizo vibrar con el gol más asombroso jamás convertido y con el abrazo familiar que no recuerdo que se haya repetido nunca más.

Desde ese 22 de junio de 1986, cada 30 de octubre miro hacia el horizonte. Y exclamo, a modo de suspiro, para que el viento lleva las palabras hacia donde se encuentra aquel héroe: ¡Feliz cumpleaños, Pelusa!

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