El imperialismo ataca primero a sus propios ciudadanos

Mundo 05/10/2017 Por
Esta ola de protesta de deportistas recuerda la de los años 60, cuando Mohammed Alí (Classius Clay) se negó a ir a la Guerra de Vietnam y enfrentó al Estado. Trump sigue ganando enemigos.
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- Colin Koepernick, jugador de San Francisco, empezó hace unos meses hincándose rodilla en tierra mientras suenan los acordes del himno nacional para protestar contra la brutalidad policial y el racismo

Donald Trump sigue ganando enemigos, pero ahora adentro de su propio país.

La llamada “Guerra del Fútbol Americano” no estaba en los cálculos de nadie. Colin Koepernick, jugador de San Francisco, empezó hace unos meses hincándose rodilla en tierra mientras suenan los acordes del himno nacional para protestar contra la brutalidad policial y el racismo, que dejó en 2016 más de 250 afroamericanos asesinados por el Estado en el país del norte.

La semana pasada, sin que nada lo hiciera prever, el presidente se lanzó con una catarata de insultos contra el jugador, llamándolo hijo de puta y pidiendo que lo dejaran sin trabajo los dueños de las franquicias de la NFL.

La reacción fue masiva y el tiro le salió por la culata cuando hicieron causa común con él muchos deportistas más, ya no sólo del fútbol americano sino también del básquetbol y de otros deportes, entre ellos el mismísimo Emanuel Ginóbili.

Incluso del mundo del espectáculo, como George Clooney, quien escribió y publicó en redes sociales este poema:

Rezo por mi país.
Rezo para que podamos encontrar más cosas que nos unan que cosas que nos dividan.
Rezo para que los líderes de nuestro país quieran hacer lo mismo.
Rezo para que los niños como Tamir Rice puedan sentirse seguros en su propio barrio.
Rezo por todos nuestro niños.
Rezo por nuestros policías y nuestros servicios de emergencia.
Rezo para nuestros hombres y mujeres de las fuerzas armadas.
Rezo para que el disenso siempre será protegido en este gran país.
Rezo para una unión más perfecta.
Y cuando yo rezo, me arrodillo.

Por su parte, Donald Trump siguió destilando su odio racista y también se la agarró con los dueños de los equipos, a quienes criticó por no expulsar de sus equipos a quienes protestan contra el himno. Es que el himno estadounidense es de lo más racista que pueda haber.
La letra de The Star-Spangled Banner (“La bandera tachonada de estrellas”) corresponde al poema “Defensa del Fuerte McHenry”,  escrito por Francis Scott Key en 1814 en alusión al  bombardeo británico del Fuerte McHenry en Baltimore, durante la Guerra de 1812.

Los ingleses, en esa guerra, habían prometido la libertad a los esclavos que pelearan en su bando, y en una parte el himno de Estados Unidos dice: “Ningún refugio salvará a los mercenarios y esclavos del terror de la huida o la oscuridad de la tumba”.

Por todo esto, hay cada vez más afroamericanos que no se sienten representados ni por ese himno, ni por esa bandera, ni por ese Estado que se vuelca con terrorismo de Estado contra ellos. Esta ola de protesta de deportistas recuerda la de los años 60, cuando Mohammed Alí (Classius Clay) se negó a ir a la Guerra de Vietnam y enfrentó al Estado incluso a costa de perder su cinturón de campeón mundial de los pesos pesados de boxeo y afrontar la cárcel.

También recuerda a los atletas olímpicos que en 1968 en los Juegos Olímpicos de México festejaron en el podio con su puño enguantado en alto, como protesta contra la marginación y discriminación racial.

Colonialismo puro

Este martes 3 de octubre, el propio Donald Trump visitará la isla de Puerto Rico, colonia norteamericana desde que el Imperio se metió en la guerra cubano-española con el objetivo de quedarse con las posesiones que Madrid todavía ostentaba en Cuba, Puerto Rico, las Filipinas y Guam. Si bien Puerto Rico es jurídicamente un Estado Libre Asociado, eso es un eufemismo porque no es ni un Estado, ni libre, ni asociado. Es una simple colonia de Washington. Hace dos semanas, el huracán María arrasó la isla y dejó 16 muertes oficiales y devastación por todos lados. Actualmente, más de 10.000 personas siguen en refugios. Tan solo un 5% de la red eléctrica funciona y devolver la electricidad a todo el país tomará al menos seis meses, dijo el sábado pasado la Autoridad de Energía Eléctrica, que cuenta con la colaboración del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU.

La secretaria de Interior, Elaine Duke, había dicho que el huracán era “una buena historia noticiosa en términos de nuestra habilidad para llegar a la gente”. Fue una provocación que obtuvo respuesta de la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín, quien dijo: “Cuando no tienes comida para un bebé, no es una buena historia noticiosa. Nos estamos muriendo aquí y no puedo entender que la nación más grandiosa del mundo no pueda descifrar la logística para una pequeña isla de 100 millas por 35 millas (160 por 36 kilómetros)”.

Trump, inefable, tuvo que meterse y fustigó a los portorriqueños por Twitter: “En Puerto Rico no son capaces de poner a sus trabajadores a ayudar. Quieren que les den todo el trabajo hecho, cuando esto debería ser un esfuerzo comunitario”.
Antes de eso, y en plena catástrofe, Trump había dicho que a pesar del desastre y la tragedia, Puerto Rico debía saldar sus deudas con Wall Street y sus bancos acreedores.

Por ahora, lo que manda Estados Unidos a Puerto Rico son 7.000 soldados, para mantener el orden y tratar de colaborar en algo de la reconstrucción. Pero para una verdadera reconstrucción, Puerto Rico no necesita soldados, necesita ingenieros, médicos y, sobre todo, dinero.
El país más rico del mundo mira para otro lado, y sigue tratando a los portorriqueños como ciudadanos de segunda. Luego sorprenderá si surge con fuerza algún movimiento independentista.
 

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