"Teté" González: “Belgrano cambió el paradigma del fútbol cordobés”

Actualidad deportiva 06/09/2017 Por
Esteban González hizo su primera experiencia como DT en Alberdi, logrando una histórica clasificación internacional, aunque luego los resultados no colaboraron y tuvo que irse. Dijo que el “Pirata” elevó la vara de los objetivos en los equipos de Córdoba.
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1 / 4 - - Fotos: Diego Roscop

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La dicción de Esteban González para hablar el idioma del fútbol lo ubica a la altura de un catedrático. Conceptualmente y sobre todo, tácticamente. En ese sentido, el “Teté” es un refresco importante en la nueva camada de entrenadores cordobeses, a pesar de que en su primera experiencia, con Belgrano, vivió sensaciones y logros inusitados como cruzar los límites territoriales argentinos en un torneo internacional, hasta su salida por resultados negativos casi a los empujones.
No se desespera. Mientras el mercado voraz y competitivo de los entrenadores no deja silla libre y la compulsa es cada vez más feroz, quien fuera jugador y DT de Belgrano y con una gran reseña en Gimnasia La Plata elige esperar, aunque ya las ganas de volver a calzarse el buzo de a poco lo van consumiendo. Mientras tanto, destina energías en actividades deportivas: paddle, golf, fútbol amateur, además de pasar mañanas enteras en el gimnasio “Win” de Cerro de Las Rosas. “El golf es una actividad especial. Si te gusta, te volvés adicto”, comienza contando “Teté”, mientras relata su primer accidente doméstico por esa nueva actividad lúdica. “Uno se compenetra en el golf. Te saca todo lo bueno y todo lo malo, porque depende de tu estado de ánimo en ese momento. Tengo 12 de hándicap. La cuestión es que en casa suelo entrenar, apuntando a tirar la pelotita desde el piso de arriba hacia abajo y viceversa. Una vez le pegué “refilón” y mientras se elevaba, rogaba a dios que cayera en la pared. No se pudo: rompí un ventanal de 5 metros. Mi mujer me quería matar”, se ríe Tete, en su nueva faceta complementaria al entrenador que hoy es desempleado pero con la vocación y las ganas de siempre.

-Fue un paso rápido de ser jugador a DT y encima, después quedar al margen…
- Sí, es todo un proceso. Ahora me vino bien un poco aislarme de toda esa vorágine, desenchufarme fue el primer paso para tomar fuerzas. Extraño trabajar, es la realidad. Me vino bien ese descanso, ahora apunto a insertarme en el medio otra vez. Viajo a ver partidos, veo todo los de Belgrano, inferiores, y lo sufro como hincha.

-¿Fue apurada esa conversión rápida de jugador a DT?
-Siento la verdad que por mi nivel podría haber jugado un año más tranquilamente pero no reniego de eso, no me arrepiento. Físicamente estaba bien. Belgrano necesitaba que de una mano desde otro lado, como hombre de la casa me puse a disposición y casi ni lo pensé. La etapa del jugador ya esta asumida. Acepté este desafío, yo ya me venía preparando en esto de embarcarme como DT, sabiendo también como son los tiempos: no coinciden los del fútbol con los de uno.

-¿Tuviste ofertas en este mercado de pases?
-Sí, no me convencieron del todo, me gustaría estar en un proyecto serio donde no se mida todo por los resultados sino por la calidad del trabajo. Y no es fácil de conseguir. Así que decidí esperar un poco más. Igual, me sigo formando, leyendo, observando, anotando…Estoy listo para un nuevo desafío. El hecho de haber estado en Belgrano me reposicionó. Y no es consuelo.

-¿Encontrás alguna explicación de lo que te pasó en Belgrano?
-(Piensa) En Belgrano se empezó bien y los resultados no acompañaron después pero nuestro trabajo se valoró después. La campaña siguió mal, con tres entrenadores sin torcer el rumbo. No me amparo en eso, claro está. Me hago responsable. Pero hubo aspectos positivos e inolvidables.

-Como el partido en Brasil…
-Gente e hinchas de toda la vida me decían que ese fue uno de los mejores partidos que hizo Belgrano desde que ellos tienen memoria. Que hayamos salido del país por primera vez de manera oficial y con esa imagen, quedará en el recuerdo. Tendríamos que haber metido dos goles más como mínimo.

-¿Y qué pasó en Córdoba?
- (Piensa) Arrancamos igual, con la misma tónica, incluso ganando, pero después nos pusimos nerviosos, nos empataron y los penales nos dejaron afuera... A partir de ahí todo se hizo cuesta arriba, el golpe anímico fue muy fuerte, la ilusión era grande. El grupo no se recuperó más en toda la temporada.

-¿El plantel no era corto, para las tres competencias en simultáneo?
- Llegamos la semifinal de la Copa Argentina también. Era parte del proyecto institucional, de dotar al plantel superior con valores de las inferiores. Apostamos a ellos, con juveniles propios, ese era el objetivo. Jugar con Saravia, Gaitán, Álvarez, Luján, Alanís, etc. Perdimos confianza y seguridad en nosotros mismos. Y cuando la pelota pega en el palo y sale, todo es más difícil.

Sobre estilos e historia

-Algunos aducen que el plantel no tenía intérpretes de acuerdo a tu idea de juego…
-Pero si en Brasil jugamos de esa forma, y sacamos réditos. No es solamente eso. Se trata de cambiar un adn, un estilo de juego de varios años en ciclos exitosos, a otra idea, a otra concepción. Por momentos se logró. Cambiar el chip de los futbolistas habituados a una manera a actuar de otra parte de un proceso paulatino. Un cambio de hábito no se logra con rapidez cuando la idea ya está instaurada de años. Pagamos eso.

-¿Te dejó conforme?
-Algunas cosas sí, otras no tanto. Pero puedo contar con orgullo que mejoramos la forma de jugar y de atacar, porque con el otro estilo. Belgrano generó otro protagonismo con la pelota en ataque. Antes se creaban cinco chances de gol por partido, cuatro de contragolpe. En mi proceso se elevó a siete oportunidades netas, y solo una o dos de contra. Está en las estadísticas del club. Por eso Claudio Bieler creció como goleador cuando lo abastecimos más. Fue clave contra Estudiantes por la Copa porque es un gran terminador de jugadas. Lamentablemente no se dieron los resultados y la dirigencia decidió mi partida. La tolerancia en el futbol es ínfima. Mi salida podía generar alguna reacción en el grupo, pero nunca llegó.

-¿Qué fue lo mejor de tu último paso como jugador?
-Haber pertenecido al grupo que hizo historia internacional es un orgullo. Yo me sumé al plantel del ascenso y creo haber hecho mi aporte. Pero el máximo honor es lo que conseguimos colectivamente y el legado. Ese Belgrano cambió el paradigma del fútbol cordobés. Ahora la vara de las exigencias y de los objetivos es más alta. Históricamente los equipos cordobeses peleaban mitad de tabla o por no descender. A ese Belgrano ya los hinchas y la prensa le pedían algo más, no solo llegar a alguna Copa internacional. Algunos reclamaban un campeonato. Ese pensamiento era imposible de imaginar 10 años atrás. Era una utopía. Y no salimos campeones. Talleres está en ese mismo rumbo. Eso antes no existía. Y Belgrano puede contar con orgullo que fue el que marcó esa ambición.

Elogios a Griguol

-¿Qué entrenador te marcó cuando fuiste jugador?
-Carlos Timoteo Griguol. Todos te dejan alguna marca, como cuando vine a Belgrano desde Banco de Córdoba y asé esa prueba con el “Mingo” Cevalle y Syeyyguil. Se comprometía a hacer mejorar a cada jugador, con mucha precisión, explotando las virtudes. Un fenómeno.

-¿Te gustaba recibir sus cachetazos antes de cada partido?
-(Risas) Sí, más vale, era un ritual. En la boca del túnel, con una mano nos ofrecía chicles Adams y con la otra nos golpeaba el pecho o la cara, dependiendo el partido. Un maestro. A esa altura nos gustaba participar de ese rito.

-¿Vas a la cancha a ver a Belgrano?
-No, dejé de ir para no generar algunas suspicacias y porque tampoco me siento cómodo del todo. Ya iré a conocer la nueva tribuna, me da curiosidad y alegría a la vez. Voy al predio como padre, porque mi hijo juega en la 7° división de AFA y 5° de Liga y lo asumo desde ese lugar. Es más técnico para jugar que yo, aviso (risas). Lo vivo alentando y creo que Belgrano trabaja bien en ese sentido. Padre que pierde la paciencia y se pone nervioso, le aplican derecho de admisión.

-¿Tenés contacto con la dirigencia?
-No mucho. Pero sí hay una relación de respeto.

-Como DT, ¿Cómo abordarías el tema de las redes sociales en los jugadores?
-Hablando permanentemente. Hay que entender que cuando uno es futbolista, la vida ya no es privada, es pública. Es así y punto, entonces requiere de una mayor responsabilidad. Cada cosa que uno hace toma trascendencia mediática, en todos los ámbitos. Y las redes sociales en eso pueden ser un punto en contra si no se asume como debe ser. Hay requisitos como la dialéctica y la expresión que son vitales para captar la atención de los jóvenes.

El crecimiento de Rigoni

“Lo de Rigoni se da como parte el proceso. Siempre tuvo calidad pero su mejor progreso fue emocional. Hay jugadores que se abstraen y no asumen la presión de lo que hay en juego, otros directamente lo incorporan como una obstáculo inconsciente y no saben cómo salir de ese estado. En Independiente alcanzó su pico máximo, su madurez. En el jugador a veces le juega más en contra el nerviosismo que otra cosa. Cuando uno es juvenil a la parte emocional la manejás vos, cuando llegás a Primera la maneja la gente. Es así. Una responsabilidad personal que uno debe saber controlar. Rigoni siempre mostró aptitudes para llegar lejos. Un gusto haber podido colaborar con algún consejo o apoyo para su progreso profesional”.

Del “Teté” cuestionado al aceptado

En sus inicios fue mirado con cierta indiferencia Esteban González, aunque con un reconocimiento por su entrega y sacrificio, valores que lo acompañaron en toda su carrera. Su venta a gimnasia La Plata en 750 mil dólares fue el primer recurso que cobró el fideicomiso en tiempos de quiebra. En su retorno al club por 2011, logró aceptación, para ganarse después su lugar como referente, de manera natural.
“Las pasamos por todas. Me tocó vivir el club desordenado, que no cobrábamos, antes de la quiebra, que peleábamos el descenso, al Belgrano que peleaba arriba y jugaba copas internacionales. Encima una vez con Gimnasia La Plata le dimos vuelta un 3 a 0 para ganar 4 a 3 y me tocó convertir. Festejé el gol de la euforia pero después pedí perdón. Son cosas del fútbol. Belgrano es mi club de toda la vida”, graficó “Teté”.

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