La mentira como estrategia

Opinión 06/09/2017 Por
La sombra de la mentira suele estar ligada, en la conciencia de la sociedad, a la política y a los políticos. A la mala política y a los malos políticos. No es un fenómeno nuevo y termina favoreciendo al desprecio de la política.
RODEIRO

Es cierto que, por lo general, a los políticos más que el significado de las palabras les importa sus efectos. No buscan la exactitud, sino el fervor. Y ello no es un fenómeno nuevo ni de exclusividad nacional. Ya Platón, en el Libro VI de La República, habla de la reacción de los grupos sociales, del “pueblo”, frente a las palabras del político, que si son lisonjeras, si acarician, provocan las exclamaciones y, si irritan, las reprobaciones. Esta observación platónica le permite decir a Ranciere que la ciencia de quienes se presentan en un recinto consiste enteramente en conocer los efectos de la voz que hacen gruñir al gran animal popular y los que lo tornan débil y amable”. El texto entre comillas me pertenece. Lo escribí hace catorce años, en un artículo que apareció en un diario local y que pienso seguir empleando para asomarme a un fenómeno actual, que preocupa y azora, como es la utilización sistemática de la mentira como eje fundamental de una estrategia política del bloque en el poder que conjuga el gobierno de los Ceos, los grandes intereses económicos, el poder mediático, el Poder Judicial y los servicios de información. La mentira presente en los anuncios de brotes verdes que nadie ve, en los anuncios de reparación histórica a los jubilados, en la recuperación del empleo, en la persecución sistemática a la ex presidenta, en la denigración de líderes sociales, en la perversa negación de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, en el traslado de prisión de Milagros Sala bajo la denominación falaz de prisión domiciliaria. Han convertido –parafraseando al pensador liberal Jean-Francois Revel- a la mentira en la primera de todas sus fuerzas estratégicas.

En aquel 2003, veníamos del asombro del colega Mario Wainfeld que recordaba que “uno de los daños fenomenales que infligió Menem a la sociedad (fue) devaluar el contrato electoral y degradar la palabra (política) a un mero artificio o simulacro”. La historia parece repetirse. Basta recordar las promesas de campaña del hoy presidente Macri. El ex presidente Menem admitió públicamente que no había dicho con exactitud lo que pensaba hacer en caso de llegar a la presidencia, porque si no perdía la elección. Del hecho mentiroso quedaron palabras memorables, como la “revolución productiva” y el “salariazo”. Quedaron también sufrimientos y desazones. Los ejemplos sobran. Quien no recuerda aquel eufemismo histórico de Alsogaray cuando decía “hay que pasar el invierno” y, para muchos, no hubo más veranos, ni primaveras. “El que apuesta al dólar pierde”, sentenciaba Lorenzo Sigaut, también ministro de Economía de la Nación, dos meses antes de devaluar el peso en un 60 por ciento. Porque la mentira admite distintas modalidades y el maltrato de la palabra puede ser inmenso. Los políticos y los economistas la utilizan para convencer, aun empleándola con engaño y falsedad. Los ideólogos, en el sentido con que los define José Isaacson como burócratas del pensamiento, la utilizan y la imponen como velo.


La escritora estadounidense Marguerite Feitlowitz, autora del libro “Un léxico del terror”, sobre la dictadura procesista argentina, sostiene que los militares no sólo ejercieron violencia sobre las palabras, sino que usaron “el lenguaje con una habilidad diabólica”. Ella afirma que “hay casi un diccionario íntegro que acompañaba el ejercicio de la tortura en los campos de concentración. Son palabras tremendas por su simpleza, por su cotidianidad y por la forma en que fueron tergiversadas (...): parrilla, quirófano, terapia intensiva, submarino...” Otra forma de mentir. En 2003, Amato, periodista de Clarín, comenzó su artículo “Mentir no cuesta nada”, con una descripción subyugante: “En la iglesia de Santa María in Comedin de Roma, hay esculpida una gran tapa de cloaca en forma de máscara humana con algo de león y su boca abierta. Se llama “Bocca della verità”, la boca de la verdad. Dice la leyenda que todo aquel que colocaba la mano dentro de esa boca, no podía sacarla más si se trataba de un mentiroso. Obviamente, una filosa espada solucionaba el trance y la boca de la verdad quedaba libre para una nueva prueba. La leyenda dice también que los senadores de la Roma de entonces se cuidaban mucho de pasar por el inquietante lugar y mucho más de estirar sus patricios dedos hacia la boca siempre abierta e implacable de la verdad”. La fortuna acompaña al macrismo y sus aliados. No hay Bocca della veritá en Argentina. Peña tiene todos los dedos.

En el sitio (www.santiagomaldonado.com) realizado por Sergio, el hermano de Santiago, según dato de Alliverti, se lee la siguiente cronología:

  • 9 de agosto. Infobae. “Un hombre asegura que llevó en su camioneta a Santiago Maldonado, en Entre Ríos”.
  • 10 de agosto. Canal TN/Infobae. “Aparece un video donde Santiago estaría de compras en un comercio”.
  • 11 de agosto. Clarín. “Hay un barrio en Gualeguaychú en donde todos se parecen a Santiago”.
  • 15 de agosto. Canal TN/Clarín. “Tras la declaración de un cura buscan a Santiago en Mendoza”. El sacerdote manifestó que se le acercó un joven “con ojos similares a los del artesano”.
  • 17 de agosto. Diario Lavoz.com.ar. “Un puestero asegura haber apuñalado a un desconocido durante un ataque del grupo RAM”. Se investiga si podría ser Santiago.
  • 20 de agosto. Clarín. Columna de Eduardo Van der Kooy. “El artesano se hizo humo”.
  • 21 de agosto. Infobae. “Chile encontró a un joven muy parecido a Santiago en Osorno”.
  • 22 de agosto. Programa Odisea Argentina, canal del diario La Nación. “¿Qué pasa si a Santiago no lo mató Gendarmería, sino un mapuche?”.
  • 23 de agosto. Clarín. “Vecinos denunciaron al 911 haber encontrado un cuerpo en Epuyén”. Investigan la denuncia y si puede ser Santiago.
  • 24 de agosto. Clarín. “Analizan muestra de ADN para saber si Maldonado fue herido en una estancia”.

En la Fábrica Amarilla de la Mentira, bajo la dirección ideológica de Durán Barba, trabaja el presidente, los ministros, los funcionarios, los periodistas militantes, los jueces amigos, el gran diario argentino, los servicios. Algunos locos proponen convertir las urnas de octubre en la Bocca della veritá.

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