El macrismo, ¿es democrático?

Opinión 01/09/2017 Por
“Derecha democrática”, que trasunta un “movimiento potente que se encuentra en el trance de construir una nueva hegemonía”. Tanto el término “democracia”, como la interpretación del significado de “derecha”, así como su conjunción en una calificación, ofrecen material para la polémica.
Opinion

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Hay un debate a partir del análisis poselectoral de José Natanson, director de Le Monde, en Página 12, donde entre las razones que da del voto al macrismo está la novedad de una  ¿El macrismo es democrático? Los postulados y la acción de Gobierno pertenecen a una definición histórica de la “derecha” y que s u aparente novedad es haber llegado a la conducción del país a través de elecciones, abandonando la tradicional vía golpista y después de doce años de vigencia de una alternativa popular.

¿La elección define por sí a la democracia? La derecha, desde siempre, ha entrado en contradicción con los valores democráticos. La novedad del macrismo, en todo caso, es precisamente presentarse como una idea y una acción desprovista de historia; pero los hechos no dejan de asimilarlo a experiencias ya vividas.
La novedad es una renovación del envase, que en líneas generales no altera al contenido. Como dice Horacio González, en uno de las más profundas e incisivas respuestas, “el macrismo es un sistema formidable de anulación de la memoria y de los legados históricos y de cualquier síntoma de que la historia sea constitutiva de un debate público”. De la memoria tantopropia como ajena.
La democracia es mucho más que el voto. Su sentido social, sin negar su base formal, fue interpretada por el kirchnerismo de una manera potente, al privilegiar el rescate de la política y la incorporación de derechos para las mayorías. Una democracia sin participación es una entelequia.

El rescate de la actividad y de la voluntad, de la plenitud de la palabra, fue innegablemente el motor de las transformaciones. La política había sido secuestrada –como bien explicaba Rinessi- por el poder de las corporaciones, por el discurso de los economistas y por la estética de los medios, con el apoyo blindado de la manu militari. Esto significó el paso de gobiernos dominados por las corporaciones, a comienzos –quizás incompletos - de una lucha contra algunas corporaciones.
A su vez, la idea de centralidad de los derechos en la formulación K –como apunta Rinessi- fue un motor de avances democráticos. No sólo de los derechos humanos conculcados bajo la dictadura, sino también por la incorporación –entre otros- de cientos de miles de ciudadanos a los beneficios previsionales, caso de amas de casa o de personal doméstico que estaban excluidos de una jubilación como si fuera expresión de un orden natural; la recuperación de derechos laborales que habían sido avasallados, como debatir salarios y condiciones de trabajos; la Asignación Universal por Hijo, el matrimonio igualitario, el derecho de una jornada humana para el peón de campo; la Ley de Medios. Y podríamos seguir con la enumeración. Había un proyecto democrático que iba más allá de un mero acto electoral.
Por cierto, una democracia social incluye, siempre, respeto a las instituciones, libertad en su sentido más amplio, igualdad de oportunidades. Democracia y elecciones no son sinónimos.

El juicio que hace Natanson sobre el macrismo, parece más que exagerado: “No es una anomalía, un accidente o un golpe de suerte; es una fuerza potente que se encuentra en trance de construir una nueva hegemonía. Los resultados socialmente negativos de sus políticas, el fondo individualista que late detrás de las decisiones, la concepción liberal de la justicia sobre la que sostiene su discurso lo empujan sin remedio a la derecha del cuadrante ideológico, pero es una derecha democrática y renovada (los subrayados me pertenecen) que hasta el momento estaba ausente de nuestra escena política”. Esa sería la gran novedad.
El macrismo no está “empujado” a la derecha. Es la derecha. Quizás renovada, pero no ajena a su historia. Desde la política, desde la economía, desde lo social, desde la cultura. En su respuesta, Martín Granovsky, hace un listado de otras novedades” que cada lector puede engrosar sin esfuerzo y que sería preciso no subestimar:

El uso de decretos de necesidad y urgencia para decisiones sustanciales como la integración de los miembros de la Corte Suprema o la liquidación del régimen de legislación audiovisual que tenía previa sanción de ambas cámaras y un fallo favorable de la Corte Suprema.

La resistencia a continuar con la tradición de sintonía con el derecho internacional de los derechos humanos, sus convenciones con rango constitucional para el derecho interno y sus organismos, como la Comisión Interamericana.

La selección de nuevos miembros de la Corte Suprema tras valorar, entre otros antecedentes, sus cuestionamientos al sistema interamericano de derechos humanos. Una de sus consecuencias fue el fallo de la Corte aplicando el dos por uno a los genocidas. Otra, el fallo del supremo tribunal sobre la causa Fontevecchia, donde directamente cuestionó la jurisdicción del sistema interamericano.

• El discurso pre-Nunca Más de Mauricio Macri sobre derechos humanos, con alusiones vagas y livianas a los años de plomo y su imposibilidad de pronunciar la frase “terrorismo de Estado”. En el caso de un Presidente lo discursivo no queda en el plano de las palabras. Siempre se traslada a los hechos.

• La generalización de figuras como la imputación de resistencia a la autoridad para restringir la libertad de movimientos sobre todo de los adolescentes, y sobre todo de los adolescentes pobres.

• La frivolización de un caso de desaparición forzada como la de Santiago Maldonado y el posible acto de encubrimiento que siguió a esa actitud.

• La presión sobre la Justicia laboral a partir de palabras del mismo Presidente de la Nación, que llamó a nombrar “jueces que nos representen”.

• El pedido de juicio político a camaristas laborales por convalidar la homologación de un acuerdo como el de la Asociación Bancaria con la patronal del sector.

• La detención irregular, señalada por el propio Grupo de Detención Arbitraria de la ONU, de la dirigente social Milagros Sala.

El estilo barra brava aplicado para resolver la integración del nuevo Consejo de la Magistratura.

• La bolilla negra al abogado de Abuelas Alan Iud y el retiro de su pliego de los candidatos a fiscales.

La designación de un juez subrogante a medida para manejar la Justicia electoral en la provincia de Buenos Aires.

• El modo mañoso en que el Ejecutivo manejó los cómputos de las Paso en Santa Fe y en la provincia de Buenos Aires.
Lo mismo sucede en Economía, donde día a día, desde un punto de vista democrático, se excluye, se ignora, se acosa, se persigue, se reprime a los sectores populares y se beneficia, se respalda, se solivianta a las minorías que expresan el poder económico.

Natanson distingue que la novedad de este Gobierno es que practica un neoliberalismo “no privatizador ni anti estatista”, lo que como apunta González, resulta más que dudoso. En primer lugar porque no es ajeno a “la oscuridad de su alma verdadera”, mediados por el “gradualismo” como política declarada o como en el caso de Aerolíneas donde “todas las medidas adoptadas en materia de política aeronáutica rodean amenazadoramente a esta compañía estatal hasta que caiga como fruto maduro en la privatización”.


Macri es la derecha, por cierto renovada. Capaz de “conjugar –como analiza María Pía López- entonaciones sensibles a la vida popular con énfasis represivos que hereda de las antiguas dictaduras. Que combina algo de los saberes golpistas, el ejercicio antidemocrático del poder, con investigaciones precisas sobre lo que el electorado espera y desea y con actitudes resueltas a partir de estas pesquisas”.

Entender el macrismo es una obligación que pasa contrariamente a lo que solicita Natanson, por denunciar la simulación y desnudar la oscuridad de su alma verdadera.

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