Historias de fútbol: “¡Dibuje, Poroncho!”

Entrevistas 26/07/2017 Por
En LA NUEVA MAÑANA hablamos con José Álvarez, que ya alejado del fútbol se dedica a la gastronomía en España. Un repaso por su vida y el recuerdo de un talento del potrero cordobés. Su agradecimiento a Racing de Nueva Italia y su presente en el continente europeo.
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1 / 2 - - José “Poroncho” Álvarez pasa sus actuales días en España

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Era un jueves por la mañana. Práctica de fútbol en el estadio Miguel Sancho. Sentado en la platea baja se vio esa jugada fabulosa. Esas jugadas maravillosas que regalan futbolistas talentosos. Pero era en un entrenamiento. No había cámaras, eran pocos los periodistas presentes. Si mal no recuerdo estábamos sólo Diego Huberman, Agustín Saravia y quien escribe. Pero esa jugada de José Álvarez fue magia. Sí, mágico. Y es más, pareció que fue un regalo para ese escaso público que presenciaba la práctica del Racing de Nueva Italia en aquel jueves del 2001.
“Poroncho” encaró en contra mano, lo fue a cerrar Sergio Watson, y el volante de andar riquelmiano le tiró un caño de frente, miró picaronamente a la platea y mientras el delantero se lamentaba por ser víctima futbolera de la jugada, “El Poro”, de espaldas, le tiró el segundo túnel a Watson. ¡Poesía de Álvarez! ¡Dibuje, Poroncho!

“Racing fue el club que me tendió la mano para seguir jugando y poder demostrar que mi carrera recién empezaba, y sin duda los mejores años de mi vida futbolística profesional. Racing es un club que me marcó mucho.

José Álvarez fue de esos talentos que dio el potrero cordobés. Una especie particular para jugar al fútbol. Admirado por algunos, cuestionado por otros. Pero nadie puede dudar de su capacidad para manejar la pelota, y que su juego en el mediocampo jamás pasó desapercibido. Y en Racing se pudo disfrutar por aquellos últimos años de los ’90 y primeros del nuevo siglo.
“Poroncho” se formó en Belgrano. Sin embargo, el mundo del fútbol lo conoce por vestir la casaca de la Academia, con ese equipo comandado por el Negro Ramos que ascendió desde la Liga cordobesa hasta llegar a la B Nacional. Se lo recuerda por alguna pared con el Ariel Juarez o el Pajarito Caminos. Se lo recuerda por alguna asistencia a Urbani o al propio Watson, el mismo que en la práctica sufrió el doble caño. Se lo recuerda porque además de su juego elegante, era sacrificado por el equipo. Tenía alma de potrero.
Ha pasado ya más una década de que dejó el fútbol profesional. Y su vida está lejos de Córdoba. Lejos de Argentina. Y lejos del fútbol. José “Poroncho” Álvarez pasa sus actuales días en España con la añoranza de volver a caminar otra vez por esas calles que lo vieron tirar lujitos en algún picado.

“Andorra es donde viví el fútbol como cuando jugaba en el barrio, pero mejor organizado. El deber de ganar los partidos, pero sin esa presión del fútbol profesional. Todos nos conocíamos y es donde existe el famoso tercer tiempo. Puede disfrutar el jugar la Intertoto, la UEFA y la Champions”.

- ¿Qué fue el fútbol en tu vida?
- Uffff, el sueño, la meta, lo que me ayudó para vencer mi timidez, a ser mejor persona sin lugar a dudas. El deseo cumplido de niño que con cuatro años ya sabía que quería jugar al fútbol profesional.

Así inicia la charla que LA NUEVA MAÑANA mantuvo con Álvarez. Y esa respuesta ya lo pinta. Porque “Poroncho”, no fue un jugador más. Era (es) alguien comprometido. Tal es así que siendo jugador de la “Academia” cordobesa supo abrir un comedor barrial en su propia casa, para darle de comer a varios pibes de la zona. Ese era (es) José Álvarez.
El mismo que explica que “puedo decir que amigos que me dejó el fútbol son muchos gracias a Dios. Pero si tengo que nombrar a uno en particular, diría Norberto Urbani. ¿Por qué el Beto? Porque cuando realmente estaba mal, fue quien me llamo y me dijo, quiero que te vengas mañana para Andorra. Y si hoy estoy acá en gran parte es gracias a él, a su hermano la “Chancha” y a toda su familia, que hizo todo para ayudarme a salir adelante en mí momento más difícil. Y más allá de que en Córdoba ya habíamos estrechado una relación de amistad, fue en ese momento que te das cuenta que esa amistad que empieza por el fútbol, pasa a ser una amistad para toda la vida. Es más, yo le llamo hermano y es el padrino de mi hija, la mayor”. Valores. Admirar a “Poroncho” Álvarez, es admirar ese juego particular antes referenciado, pero también esos valores de vida.
“Poroncho” desde hace trece años está fuera del país. Y extraña, por supuesto. ¿Qué extraña? “Los amigos, los hermanos los sobrinos y sobrinas, que algunos no conozco, los asados, la ciudad, jugar al truco. Pero lo que más extraño es a mis viejos, que están cada día más mayores. Ojalá pueda ir estas vacaciones a la city cordobesa”, expresa con añoranza.

- ¿A qué te dedicas ahora? ¿Qué te gusta de tu “nueva vida”?
- Desde que llegué, hace 13 años, me dedico a la gastronomía, camarero, mozo. Empecé en un hotel en Andorra y ahora trabajo en un restaurante en el centro de Alicante que se llama Larruzz, hace ya tres años. Lo que más me gusta es estar con mi familia, mis hijas Yraya(10), Cathaisa(6) y mi mujer Lara. Me he vuelto una persona muy hogareña y disfruto mucho de sus compañías y el ir a la playa, montaña y el hacer vida familiar es lo que más me gusta de mi vida alicantina.

“Talleres de Jujuy fue una vía de escape al principio, y resultó una experiencia inolvidable. Me dio la oportunidad de conocer gente espectacular y una ciudad hermosa y donde me trataron como a uno más desde el primer día que llegué”.

- ¿Extrañás jugar al fútbol profesional?
- Esa sensación va de a ratos. Jugué hasta los 35 años; pero profesional lo dejé con 28 años. Y muchas veces me gustaría, o desearía volver a jugar al fútbol profesional; y te diría que lo extrañare hasta de muy mayor, porque va dentro de mí.

- Si pudieras volver el tiempo atrás, a un partido en especial que jugaste, ¿a cuál sería y por qué?
-Habría muchos. Pero creo que me quedaría con aquel San Lorenzo-Belgrano en el Nuevo Gasómetro. Y aunque terminamos perdiendo, fue el primer partido de titular como profesional y esa sensación no se olvida...

“Siempre me acuerdo que lo veía entrenar y jugar a Chiche Sosa, y saiempre a un nivel alto. Cuando lo tuve de compañero me enseñó mucho, ya sea dentro como fuera de la cancha y cada vez que me llevaba en su coche me daba consejos”.

“En MEDEA tuve un paso fugaz pero me enriqueció para lo que iba a venir. Agradecido a Pascual Noriega, que me invitó a ser parte de un club que empezaba a dar sus primeros pasos”.

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