El revés de Fuenteovejuna

Opinión 12/07/2017 Por
En Argentina se consiente y alienta -desde los poderes fácticos y sus voceros, los medios concentrados- una Fuenteovejuna, la obra de Lopez de Vega escrita en 1612, pero al revés. Se busca linchar a los desprotegidos para salvaguardar a los poderosos.
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 Hacia 1612 Lope de Vega escribió “Fuenteovejuna”. Magnífica representación de lo que puede un pueblo cuando se levanta contra el poder tiránico de turno. Un poder, en este caso, en manos del lujurioso y rico Comendador, que no solo forra sus bolsillos, sino que lleva a su cama a las doncellas del pueblo; de los pelos y a los golpes si es necesario. La rebelión de los habitantes, labradores pobres, se cocina de a poco hasta que un buen día el Comendador recibe lo que se merece: palas y escardillas, horquillas y picos lo mandan a mejor vida.

De un tiempo a esta parte en la Argentina se consiente y alienta -desde los poderes fácticos y sus voceros, los medios concentrados- una Fuenteovejuna al revés. En esta puesta en escena argentina se trata de linchar a los desprotegidos para salvaguardar un sistema que, en cambio, protege los intereses de los poderosos. Lo que ocurrió en Córdoba la semana pasada, cuando dos adolescentes de 13 y 14 años (1) fueron apaleados por una turba medioclasera, expresa un odio que supera lo que cualquier persona sensible, racional, puede entender. No es la primera vez que ocurre (2), y por el modo en que el ruin periodismo usa el viento para mover las aspas de la violencia, el horror continuará. ¿O acaso alguien se preocupó por contar y mostrar dónde y con quiénes viven estos chicos? ¿cuál es el entorno? ¿cuántas veces comen por día?

La ignorancia y el miedo cierran con candado la reflexión y abren la llave del odio. Ya no se discierne. No se piensa en las causas. La gentuza represora no se pregunta por qué, en nuestro país, el 10% de los más ricos tiene ingresos 2.500 veces superiores al 10% más pobre (3). Por qué los que están arriba se quedan con el 31,5% de la torta, mientras los de abajo sólo mordisquean el 1.2%.

¿Es justa, es tolerable una alienación así?

El gobierno que preside Mauricio Macri -de pobrísima oratoria pero de escandaloso patrimonio-, ha profundizado la fisura económica que desde la década de los 70 empuja y empuja hacia los bordes del abismo a gran parte de la población. Son los sobrantes del neoliberalismo, los que van en caída libre hacia un infierno con rejas.

Los intentos de revertir el estado de las cosas -que los hubo en el pasado- chocan con inmensos poderes económicos, políticos, mediáticos. Pero sobre todo chocan con la ignorancia cultural de una parte de los argentinos, esa porción de la clase media que se ilusiona con subir a un globo amarillo que los deposite en un country. Torpeza total: los ricos son un círculo cerrado con guardianes en la puerta y quienes logran escurrirse son aquellos que, como el Maestre de Fuenteovejuna, lamen los pies del Comendador y se babean  con un ascenso social siempre esquivo.

Del mismo tema se desprende otro aspecto ligado al estigma de clases, y vale la pena echarle una mirada. Al común de los ciudadanos, vapuleados sus cerebros por diarios, tevé y radios con discursos de derecha, les indigna que vastos sectores de obreros y empleados tengan sueldos decentes. Les parece bien que un juez arranque ganando más de $150.000, o un empresario embolse millones, pero se retuercen si una conductora de trolebús, con siete años en su trabajo, percibe $19.000 al mes.

El odio ventilado a través de las redes sociales durante los días de paro de la Unión Tranviarios Automotor (UTA Córdoba), pone la piel de gallina y saca a luz el gigante fascista que anida en no pocos de nuestros coterráneos. Azuzados por los patrones mediáticos que no dudan en mentir y ocultar la verdadera raíz del conflicto, la gente desconoce los manejos de la intervención “decretada” por los burócratas porteños a la sección cordobesa, y los reclamos de las bases no solo por salarios, sino por las deficiencias de un servicio público carísimo y malo.

Pero además, y esto es fundamental, son pocos los medios que se animan y alertan sobre la impericia de un intendente que lleva dos mandatos sometiéndonos a la mugre, y no tuvo muñeca política para solucionar el conflicto apenas comenzaba.

Si no frenamos a tiempo el descalabro cultural que hoy vivimos. Si no somos capaces de analizar y comprender que no son los pobres los que engendran la miseria y la violencia, sino los que manejan los hilos desde arriba, entonces estamos, como quien dice, fritos.

*Graciela Pedraza es periodista y escritora cordobesa.

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