El programa económico de Cambiemos y su profundización

Economía 12/07/2017 Por
“Argentina salió de la recesión”, sentenció Marcos Peña. Es una afirmación técnicamente correcta, sin embargo esto no implica cambio alguno en la realidad material del pueblo argentino.

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El gobierno de Macri pretende profundizar su modelo económico después de la elección de octubre. Repetirá la táctica que tan buen resultado le dio en el 2015; desarrollarán una campaña marketinera apuntada a las emociones de su electorado y construirán a sus candidatos como “personas comunes que hacen lo que hay que hacer”. A las claras, no dan a conocer su modelo porque sus políticas económicas, ideas y visión de mundo buscan apuntalar el interés de clase del poder económico dominante del cual forman parte. Con el arribo de los CEOs a la función pública el apotegma que define a la democracia como: “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, es reemplazado por: “gobierno del establisment, para el establishment y por el establishment”.

Más allá de estas reflexiones de Perogrullo, cabe un análisis más profundo sobre el modelo económico que proponen para nuestro país. Modelo que, al beneficiar a una minoría, no pueden hacer público, y de conocerse pondría en riesgo cualquier estrategia electoral. Tal es así que según el diario La Nación un funcionario cercano a Macri reveló que: “hasta las elecciones no se toca nada para evitar ruidos, pero luego de octubre se reducirán gastos”. Declaración que visibiliza el engaño electoral que están pergeñando desde las altas esferas del poder. Lo que podemos asegurar, de acuerdo a declaraciones de altos funcionarios a los medios de su mayor confianza, es que después de octubre habrá una fuerte devaluación y ajuste fiscal, al margen del resultado de las elecciones.
“Maquillajes” económicos de ocasión

“Argentina salió de la recesión. Es una buena noticia para todos los argentinos”, sentenció el jefe de gabinete, Marcos Peña Braun, en su informe de gestión frente al parlamento. Es una afirmación técnicamente correcta, sin embargo esto no implica cambio alguno en la realidad material del pueblo argentino. Puesto que según el FMI una economía se encuentra en recesión cuando acumula dos trimestres seguidos de contracción y, en consecuencia, se termina cuando hay dos trimestres seguidos de crecimiento. El análisis se realiza respecto al trimestre anterior del mismo año, sin establecer comparaciones interanuales.
Entonces, la comparación que hace Peña Braun se realiza en función de trimestres deprimidos. Si, por el contrario, realizamos una comparación interanual vemos que en enero de este año se creció solo el 0,1 respecto a un mes muy malo como lo fue enero del 2016, en donde la actividad había caído -0,4 respecto al mismo mes de 2015 (mes en el que la actividad presentó un incremento de 0,4, según el Estimador Mensual de Actividad Económica del Indec). Ergo, salimos conceptualmente de la recesión pero la economía continúa peor que en 2015. Abandonamos la recesión con la ayuda de convenciones matemáticas y estadísticas pero no a fuerza de trabajo y producción. La reactivación económica sigue siendo una materia pendiente.El mismo informe del Indec concluye que los sectores que más contribuyen a la contracción de la actividad son aquellos de mano de obra intensiva como por ejemplo: “Industria Manufacturera, Comercio y Explotación de Minas y Canteras”. Siendo el sector más determinante en este exiguo crecimiento desestacionalizado la construcción, apalancada por obra pública. El informe oficial nos muestra que la actividad está planchada, la prometida “lluvia de inversiones” brilla por su ausencia y la única suma (poco significativa, por cierto) viene de la mano de la intervención del Estado inyectando dinero para obras en un año electoral. Un oprobio para cualquier neoliberal.

El Gobierno pretende efectivizar su promesa de reducir el déficit fiscal, lo desean, está en el ADN de todo gobierno políticamente de derecha y económicamente liberal. De hecho, figuras del liberalismo empiezan a presionarlo, Carlos Melconian, por caso, declaró en Clarín que el gobierno “actuó rápido en la corrección cambiaria y lento en lo fiscal, lo que dificulta la meta de inflación. Hay híper gradualismo fiscal de hormiga que sube el déficit”. Como respuesta, estipulando un déficit fiscal de poco más de 4% para este año, el ministro de economía prometió llegar al 2018 con un déficit de 3.2% del PBI.

Desde la cartera económica están haciendo mérito para lograrlo y no precisamente mediante el crecimiento del producto bruto. Pretenden lograrlo reduciendo las erogaciones del Estado, lo que comúnmente se conoce como “ajuste”. Esto explica la quita de pensiones por discapacidad que, lejos de ser “otro error de gestión”, responde a la meta de reducir el déficit sin tener en cuenta el perjuicio a la calidad de vida de la población afectada. Un dato importante, el 56% de las erogaciones del Estado corresponden a prestaciones de Anses (jubilaciones, pensiones y AUH) y los sueldos de los estatales representan otro 17% del gasto. La tijera del ajuste seguramente pasará por alguno de estos puntos, más temprano que tarde.

El endeudamiento y la inflación en la sintonía fina del gobierno de Cambiemos

Así como Nicolás Avellaneda se propuso pagar la deuda “sobre el hambre y la sed del pueblo”, todo parecería indicar que el presidente del BCRA, Federico Struzenegger, no solo refrenda el juramento de Avellaneda sino que también desea aplicarlo para cumplir su meta de inflación. La agudización de la restricción monetaria, las altas tasas bancarias para absorber dinero y “efectivizar el crédito”, sumado a la emisión de bonos de deuda con jugosos retornos para reducir la liquidez, además de enfriar el consumo, generan las condiciones propicias para la especulación.
Las únicas inversiones significativas de esta gestión vienen de la mano de negocios financieros especulativos. Los pesos pesados del mercado financiero (bancos, financistas, etc.) aprovechan la falta de controles cambiarios y la libertad para hacer giros económicos al exterior, previo a endeudarse a bajas tasas en el mercado financiero internacional, cambiar aquí los dólares por pesos, invertir en Lebac y luego comprar dólares para cancelar la deuda con una porción de las ganancias obtenidas. Esta bicicleta se nutre de los retornos del BCRA y de los dólares provenientes del endeudamiento del país. Deuda que debe asumir todo el pueblo y debería de destinarse para obras de infraestructura que permitan incrementar la productividad de los distintos sectores de nuestra economía, de acuerdo a lo que habían explicitado los funcionarios del PRO y el Frente Renovador al pagarle a los buitres y volver a los mercados de crédito internacional.
Esto no sucederá, puesto que el plan de las metas de inflación que tiene a la contracción monetaria como principal acción implica que el dinero del endeudamiento no sea utilizado productivamente y se direccione hacia el sistema financiero y la especulación. De utilizarse con fines productivos, el BCRA debería de emitir en pesos el equivalente a los dólares provenientes de préstamos. Por caso, las obras de infraestructura realizadas en el país no se financian directamente con dólares, se hacen con pesos, de modo tal que esto incrementaría la base monetaria de inmediato. Situación que se da de bruces con el plan cortoplacista del director de la entidad monetaria para parar el aumento de precios.
Asimismo, la tendencia alcista de la cotización del dólar de las últimas semanas influirá en los precios internos, históricamente así ha sido, por motivos reales (la dependencia de nuestra economía) y por la especulación de los actores económicos que buscan cubrirse aumentando los precios frente a cambios en las variables económicas.

Por otro lado, los funcionarios del gobierno nacional sostienen que las inversiones tardan por dos factores principalmente; la inflación y los altos costos laborales. Respecto a la segunda variable, más allá de mitigar los salarios poniendo techos a la baja respecto a la inflación anual, desde el gobierno saben que para reducir el valor del precio del trabajo deben quitarle a los sindicatos el poder que les otorga el modelo sindical de un sindicato por rama de actividad con el monopolio de la negociación. Base de la estructura sindical que permite la redistribución de parte de la ganancia entre el capital y el trabajo. Rasgo que diferencia a la Argentina de los diversos países de la región en donde la precarización laboral y la concentración de la renta es aún mayor. La profundización del modelo de los CEOs implica llevar adelante los cambios estructurales deseados por el establishment, en donde menoscabar el poder político y social de los trabajadores es crucial para Cambiemos. Eso es lo que estará en juego en octubre.

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