Deuda externa: reescribiendo el pacto colonial

Opinión 02/07/2017 Por
En lo que ahora se conoce como Bono Caputo, los intereses a cobrar por los tenedores a 100 años son un nuevo negocio financiero a pedir de la banca internacional, Citi, HSBC, Santander, étc.
Ver galería bono caputo
1 / 2 - Los intereses a cobrar del "Bono Caputo", por los tenedores a 100 años son un nuevo negocio financiero de los bancos.

Es contrario a la naturaleza que un imbécil conduzca a un hombre sabio. La sentencia de Rousseau interpela (acusa, además) a tantos que creen ver en el Presidente argentino un hombre errático, vacilante, equivoco por “inexperto”. Solo eso. Solo por eso… El Jefe del Estado es un hombre inteligente. Sabe lo que hace. Interpreta intereses que nos son ajenos; pero así lo quiso el electorado que lo encumbró.

Cuanto más admonitorio sería el diagnostico si tomáramos los datos que la historia ofrece como si se tratara de una amiga grave, seca, pero incondicional.
Hablamos de los compromisos por siempre. Hablemos de la deuda internacional.

Para empezar, lo conocido: en 1947 se terminó de pagar la deuda que contrajera Rivadavia – aquel que aún sobrevive inexplicablemente en tanta plaza y avenida del interior profundo que ahogó en su escritura centralista – 120 años antes; “…la Confederación no tiene parte en la deuda de Buenos Aires, que algunas veces suena como
argentina para los que ignoran su origen, administración y destinos, en el período de aislamiento y desgobierno interior en que ha tenido nacimiento y desarrollo (...) La deuda llamada del empréstito inglés tiene el siguiente origen: fue contraída en virtud de una ley de la provincia de Buenos Aires de 19 de agosto de 1822, que autorizó al gobierno local para negociar dentro y fuera del país un empréstito de tres o cuatro millones de pesos, valor real.

La misma ley determinaba los destinos provinciales del capital que se obtuviere a préstamo.

La cantidad que se obtenga por el empréstito (decía su art. 3) será destinada:
1° A la construcción del puerto... (de Buenos Aires)
2° Al establecimiento de pueblos en la nueva frontera y de tres ciudades sobre la costa entre esta
capital y el pueblo de Patagonia;
3° A dar aguas corrientes a esta ciudad... (de Buenos Aires).

$ 3.5 millones de pesos fuertes (1 millón de libras esterlinas) Si algo llegó, no fue más que la sexta parte del préstamo inicial, porque antes, convenientemente, se cobraron las comisiones, seguros, intereses adelantados y demás menudencias. Parece ser que esos capitales sirvieron para organizar el Banco de Buenos Aires; institución que que al momento de la cancelación ya tenía mucho tiempo de difunta. Para cerrar esta primera aproximación al tema, diremos que don Bernardino, el del famoso sillón presidencial, era admirador de las ideas de Jeremy Bentham. Quién es? Pues el autor de “En defensa de la usura”…

De acuerdo con los datos expuestos en el debate del Congreso General Constituyente (Benjamín Gorostiaga), en 1853 la nación tenía tres deudas con el exterior. Lo dicho ya, la de Rivadavia; la de 1851, contraída para sufragar la campaña de Urquiza que acabaría con el largo ciclo de Rozas. Más la del mismo año 53, autorizada por aquel Congreso Constituyente. Total, 13 millones de pesos fuertes, cuyos intereses anuales significaron 700 mil de aquella moneda.

En la Constitución Nacional aparecerá un atributo del Congreso – aún vigente, apuremos a decir – referido a la deuda: “arreglar”, dice la carta magna. Una conjetura que desborda el propósito de este ensayo indica que se refiere a resolver en los términos menos lesivos posibles aquel primer acto de coloniaje financiero que legara el inaugural jefe político de las Provincias Unidas. Será el artículo 75 en el punto 4 el que disponga como atribución indelegable del parlamento “contraer empréstitos sobre el crédito de la nación”. El crédito público. “La ley 24156, en el artículo 56, párrafo 2, dice que el crédito público es la capacidad del Estado para endeudarse a fin de financiarse y realizar inversiones reproductoras, atender casos de evidente necesidad nacional, refinanciar pasivos o reestructurar su organización”. El tercer párrafo del mismo artículo - siguiendo el texto de Tratamiento Constitucional de la Deuda Externa – prohíbe realizar operaciones de crédito público para financiar gastos operativos (corrientes, la diaria, o sea) Dos casos se consideran. A) Urgencias de la Nación, situaciones extraordinarias como guerras, epidemias, inundaciones. B) Empresas de utilidad nacional, como obra pública o desarrollos tecnológicos.

Ciclo inextinguible

Si tomáramos en cuenta la etapa pre organizativa, el ciclo de la deuda externa efectivamente comienza con Rivadavia. Lo que sigue nos situará en los años del “progreso indefinido”, el de la generación del ’80, Cané y Groussac en literatura, Roca y Sáenz Peña, en política son algunas de las personalidades que lo forjan. 980 millones de dólares en 1890 serían a valores de hoy algo así como 250 mil millones, si se ajustara la cifra, por ejemplo, a la evolución de los salarios públicos. Ese segundo gran endeudamiento exterior se contrajo para obra pública, al menos ese fue el pretexto; no obstante lo cual, solo 1 peso de 4 se destinó a ese plan, lo demás se disolvió entre el gasto público y…créditos para la élite dominante. Cuesta dimensionar lo que significó en términos de obligaciones “patrióticas”, pero apuntamos que recayó sobre solo 2.8 millones de argentinos.

Los primeros años del siglo XX encontrará a la Argentina en default. Y así estaríamos hasta 1906 cuando, con otra deuda de las llamadas “puentes”, se salió. 75 millones de dólares a 3 años contra garantía de los derechos aduaneros; toda una osadía considerando que era el principal recurso financiero. Una vez más y por obra de la división internacional del trabajo tan afín a los intereses coloniales, la excepcional producción cerealera disparó un superávit comercial de 120 millones.

Algunas líneas atrás decíamos que solo un cuarto de los créditos externos fueron destinados a obra pública, porque gran parte de aquellos casi 1000 millones de dólares se destinó a los placeres de la obligarquía. Así las apetencias de la clase dominante se tragaron al Banco Nacional que terminó fundido.”

Antes de entrar al capítulo contemporáneo de la deuda externa, conviene repasar el mecanismo que se pone en marcha cuando se toma crédito internacional, lo dice el texto de Sistema Económico y Rentístico; escuchemos a su autor, Juan Bautista Alberdi:

“El gobierno que toma prestado no necesita tener fondos disponibles para reembolsar más tarde la totalidad de su deuda. Le bastará tener el necesario para pagar los intereses o renta puntualmente. Este interés o renta forma todo el precio de la deuda del Estado. No importa que la deuda sea perpetua cuando el deudor tiene vida inmortal en la tierra, es dueño de un vasto territorio y dispone de rentas públicas, que inevitablemente tienen que ser más ricas y abundantes cada año. Al tenedor de los títulos o efectos del gobierno poco le importa que éste no reembolse su valor nominal, si hay otras personas dispuestas a tomárselos por ese valor. Para que haya compradores de esos títulos, basta que el interés o renta estipulados en ellos se pague puntualmente, lo cual depende, en el crédito público como en el privado, que el gobierno deudor tenga con qué pagar los intereses y respete la puntualidad de sus promesas. Necesita, a más de ser puntual y fiel en sus promesas, tener seguridad de ser estable y de que sus obligaciones serán respetadas por sus sucesores".

Con la carnicería desatada en los años de las dictaduras se obturó la autonomía de los pueblos para decidir cómo resolver las desigualdades de sus estructuras económicas. Y el ciclo de la deuda recomenzó. Al caer María Estela Martínez (vice de su marido Juan Perón), y por arrastre de los compromisos residuales que detallamos más arriba, cada argentino debía al exterior 320 dólares. Recuperada la democracia, esa ecuación había crecido 5 veces. La deuda pasó en poco más de 7 años de 8 mil a 45 mil millones dólares.

Esta caracterización de los alcances de la deuda internacional deja de lado la crisis del 2001, con las secuelas que aún presenta batalla a cualquier proyecto nacional, porque la secuencia se repite y no aclara mucho más que lo ya dicho. Crisis con represión, crisis con sangre derramada. Maximiliano Kosteki . Darío Santillán. 35 por ciento de pobres. Default. Desendeudamiento sin separar paja de trigo. Buitres.

En lo que ahora se conoce como Bono Caputo, los intereses a cobrar por los tenedores a 100 años es un nuevo negocio financiero a pedir de la banca internacional, Citi, HSBC, Santander…bonos cuyos cupones obligan a pagar una tasa de 7,125 semestrales. El ministro de finanzas es un ex directivo del Deutsche Bank y la J. P. Morgan. Luis Andrés Caputo, el “más indicado para resolver la cuestión de los fondos buitres”, como lo señalaran los mercados, es el agente del coloniaje siglo XXI.

Thomas Piketty dirá, “no tiene ningún sentido que los mercados, que ni siquiera saben ponerles precio a los productos financiero que ellos mismos crearon, especulen con los títulos de la deuda pública de 27 Estados (europeos)” ¿Por qué motivo deberíamos los argentinos emancipar al gobierno del control popular con refriegas abiertas en el cosmopolita mundo de las finanzas?...El autor de El Capital en el Siglo XXI dirá para cerrar este ensayo, “librado a sí mismo, el capitalismo nos lleva de la mano a las catástrofes, ya que es profundamente inestable y antiigualitario. Lamentablemente, parecerían que hacen falta más crisis para que los gobiernos tomen plena conciencia de ello”. La historia da cátedra, pero nos obstinamos en faltar a clases…

*Néstor Pérez es periodista.

Te puede interesar