Nuevas relaciones carnales

Opinión 17/06/2017 Por
Tras el papelón de haberse jugado por la candidatura de Hillary Clinton, el triunfo de Donald Trump no fue gratuito. Fiel a su idea de una Argentina semicolonial, el Gobierno se apoya en la jefa máxima de Europa: Angela Merkel.

chapa_ed_impresa_01

El Gobierno argentino vuelve a la teoría de Carlos Escudé y Guido Di Tella de las Relaciones Carnales. Aunque ahora no con Estados Unidos, sino con Alemania y la Unión Europea.
Es que la “administración” Macri sigue de papelón en papelón en materia de política exterior. Después del papelón de haberse jugado abiertamente por la candidatura de Hillary Clinton, el triunfo de Donald Trump no fue gratuito y las facturas fueron pasadas. Entonces, fiel a su idea de una Argentina semicolonial, se apoya en Europa y en su jefa máxima: Angela Merkel. Es coherente, no lo digo peyorativamente, de hecho me lo dijo en persona antes de las elecciones de 2015 Fulvio Pompeo, el asesor principal de Macri en estos temas: “Nuestra idea es dejar de jugar en el club de los perdedores, basta de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Tenemos que volver a relacionarnos seriamente con el Primer Mundo”.


Lo que pasa es que también es fundamental dilucidar lo que cada uno entiende por relacionarse seriamente. Para la ceocracia que gobierna la Argentina parece que eso significa otra vez “relaciones carnales”, una figura de muy mal gusto y cero vergüenza que acuñó Carlos Escudé en los ‘90 para graficar la política exterior del canciller Guido Di Tella de genuflexión ante los poderosos.
Y cuando hay este tipo de relación, nunca será seria y menos que menos equivalente, sino que siempre será de dominación de uno sobre otro. Como quedó demostrado este jueves en la efímera visita de Merkel a la Argentina.


Ante la lucha intracapitalista que se libra (en la que Trump desairó a sus propios socios europeos con trabas al libre comercio y a la lucha contra el cambio climático), Macri quedó bastante desorientado y para no quedar huérfano (quizá evitando la angustia que él les atribuye a nuestros héroes cuando buscaron la emancipación) se aferró de las polleras de la Merkel.


La canciller alemana vino a Buenos Aires con un objetivo claro. No fue el de anunciar inversiones alemanas en Argentina. No, para nada, para la famosa lluvia de inversiones habrá que seguir esperando, quizá eternamente. Tampoco fue para anunciar un acuerdo Mercosur-Unión Europea por el cual Macri se muestra desesperado. Ese acuerdo puede ser que llegue, quizá a fin de año. Y significará un nuevo paso en la entrega del país, ya que desafío a cualquier economista o politólogo a que me muestre un ejemplo en el que un acuerdo de libre comercio entre un débil y un poderoso haya beneficiado al débil.


Entonces, ¿a qué vino Merkel a la Argentina? Vino a alinear a Macri para la próxima reunión del G-20 (Grupo de los países más industrializados con algunos emergentes) que tendrá lugar el mes que viene en Alemania. Allí, Merkel quiere fortalecerse frente a Donald Trump. Por eso, después de Buenos Aires, voló directamente a México, el otro país latinoamericano del G-20.
Ya entendiendo a qué vino Merkel, podemos analizar los gestos y dichos públicos. Hubo elogios de ocasión, sobre todo de la jefa alemana hacia Macri, felicitándolo por la apertura comercial que viene implementando, con la consiguiente pérdida de empleos y de calidad de vida para los argentinos. Es lógico que desde los centros imperiales actuales aplaudan una política pensada para ellos, y a lo sumo para una minúscula minoría argentina. Ya lo decía Manuel Belgrano en 1813: “La apertura de la economía y la importación de mercancías que impiden el consumo de las del país, trae tras de sí necesariamente la ruina de la Nación”.Pero claro, para la ceocracia seguro es más importante leer a Milton Frydman (padre del neoliberalismo) que a Belgrano.


Sin embargo, detrás de las sonrisas fingidas, a Merkel le afloró el espíritu alemán, directo y sin eufemismos, y le dijo en la cara a Macri: “Tendrán que hacer concesiones, no serán todos beneficios para la Argentina. Alemania no es un socio fácil”. Directa y contundente. El que avisa no traiciona. Y si no, pregúntenle a ese protectorado de Alemania que se hace llamar Grecia. País donde nació la democracia y donde podría estar muriendo.


No contenta con eso, Merkel pidió ir al memorial por los desaparecidos y aceptó escuchar a Vera Jarach, de Madres de Plaza de Mayo. Vera le contó a Merkel que su familia se salvó del Holocausto Nazi escapando hacia Argentina, pero que su abuelo quedó en Auschwitz. Y que tiene una hija desaparecida, víctima de los vuelos de la muerte de la dictadura cívico militar argentina. “No tienen tumba, ni mi abuelo en Auschwitz ni mi hija en el Río de la Plata”, dijo Vera a Merkel. Y le dijo otra cosa: “Está volviendo el negacionismo, en Alemania con los grupos de extrema derecha y en Argentina con este gobierno, por ejemplo con el agregado cultural que tienen ustedes en Berlín en la Embajada argentina”. Se refería a Darío Lopérfido, exfuncionario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y actual agregado cultural en la Embajada argentina en Alemania. Un negacionista conspicuo del macrismo, como el propio presidente que dijo que no le importa si son 30 mil o 9 mil desaparecidos.


En cambio, a Merkel parece sí importarle, porque luego de su visita al memorial y de su charla con Vera, escribió en su cuenta de Instagram: “La dictadura militar de Argentina entre 1976 y 1983 fue una de las más sangrientas de América latina, con un máximo de 30.000 víctimas, entre ellas alemanes”.


Como se ve, papelón tras papelón. La semana pasada se produjo la salida por la puerta de atrás de la canciller Susana Malcorra, desgastada por las pruebas en su contra de que cuando fue jefa de Gabinete del secretario General de la ONU encubrió violaciones y abusos sexuales de los Cascos Azules en República Centroafricana y Chad. También por haber usado dinero y tiempo del Estado en su campaña personal para ser secretaria General de la ONU. Su sucesor no es mejor, Jorge Fourie tiene antecedentes tan negros como Malcorra, pero todavía ni siquiera asumió. Así que la visita de Merkel lo agarró a Macri sin siquiera ministro de Relaciones Exteriores. Más evidente entonces fue la deriva en que está la Argentina en materia de política exterior.
 
Y a eso le llaman “volver al mundo”.
 

Te puede interesar