La hipocresía y el ataque a los trabajadores municipales

Opinión 01/06/2017 Por
El conflicto entre trabajadores municipales y el ejecutivo acaparó la atención de la opinión pública y el coro de periodistas se horririzó por los dichos de Daniele. Fue un día después de que se llenaran la boca recordando el Cordobazo.
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Esta semana hubo un tema que acaparó la atención en la opinión pública cordobesa: el conflicto entre los trabajadores municipales y el ejecutivo.
Y sobre todo se habló mucho de la asamblea multitudinaria donde el secretario general del SUOEM, Rubén Daniele, respondió a la publicación de los salarios de los trabajadores.

Inmediatamente salió el coro de periodistas a horrorizarse porque Daniele había dicho que la ciudad sería “un quilombo” por la reacción sindical.

Fue un día después de que el mismo coro de periodistas se llenara la boca recordando los 48 años del Cordobazo, e intentando como cada año, vaciar de contenido aquella gesta y decorarla como algo pintoresco o romántico, y por lo tanto, inofensivo.

Lo más grave es que no estoy hablando de los periodistas militantes de la derecha mediática, sino de los que intentan darse una pátina de progresismo, pero terminan siendo funcional a un plan mayor de avance sobre los derechos de los trabajadores.

Porque no hay que engañarse, este episodio es parte de algo mayor. Y la estrategia la viene marcando la derecha mediática. Sobre todo La Voz del Interior desde hace casi un mes, cuando a principios de mayo publicó lo que ganan los trabajadores de la EPEC. Luego fueron los municipales y el fin de semana pasado los empleados públicos provinciales.

En cada caso, con una excusa diferente. En el de EPEC, para sembrar en la población la idea de que los aumentos de la factura de la luz es por culpa de que los trabajadores ganan mucho. En el caso de los municipales y los provinciales, colgándose del lugar común y el estereotipo del empleado público ineficiente, vago, “comecriollo”.

Algo totalmente injusto porque conozco tantos trabajadores municipales y provinciales serios, honestos y esforzados, como periodistas vagos. De hecho, apelar al más básico de los sentidos comunes y seguir repitiendo frases hechas y mentirosas, es una muestra de la pereza mental de algunos periodistas. Nos pagan por pensar, no para reproducir mentiras en un círculo vicioso que se retroalimenta con la charla de café.

Con esta actitud, estos periodistas son cómplices de un plan integral que surge del gobierno Antinacional y Antipopular de Macri, y de sus mandantes, que es el poder económico, justamente dueño de los medios hegemónicos. Ese plan queda claro cuando hablan desembozadamente del “alto costo laboral argentino” que es necesario bajar.

Para pasarlo en limpio: bajar los sueldos de los que todavía conservan su trabajo, no sólo para maximizar las ganancias de ese poder económico concentrado, sino también como disciplinador social. Porque más allá de los cientos de miles de trabajadores que este Régimen Neoliberal dejó en la calle, necesitan precarizar sus condiciones laborales, entre ellas el salario.

Y como todo tiene que ver con todo, ese discurso es posible porque el coro de periodistas funcionales se encargó (el lunes pasado y todos los 29 de mayo anteriores) de vaciar de contenido al Cordobazo. Porque vaciado de contenido, no se puede nunca explicar por qué esa gesta fue hecha por los trabajadores mejor pagos de América Latina.

Se pierde la memoria de que justamente una clase trabajadora estable y bien paga, tenía conciencia y voluntad de luchar contra una dictadura que empezaba a quitarles derechos. Y que empezaba a aplicar algunas de las políticas económicas que luego se potenciarían en la década siguiente con un genocidio, y que hoy vuelven a imponerse con otros métodos.

No hay que engañarse, Onganía era el instrumento del verdadero poder que representaba Adalbert Krieger Vasena, como Videla y Menéndez fueron después instrumentos del verdadero poder que representaba Martínez de Hoz y del cual eran parte constituyente los Macri y el resto de nuestra clase dominante parasitaria, que nunca quiso ser una verdadera burguesía nacional.

El otro tema central en esta polémica es justamente darse cuenta del lugar que le corresponde a cada uno. Porque la verdadera grieta en Argentina es la que divide a esa clase dominante parasitaria con la clase trabajadora, a la cual pertenecemos la inmensa mayoría de la población, no sólo los obreros de fábrica, sino también los empleados públicos, los comerciantes, los cuentapropistas, los profesionales, los pequeños empresarios, los estudiantes, los desocupados, vos y yo.

Entonces, para empezar a hablar, hay que tomar conciencia de clase, es decir, que somos trabajadores, y tenemos intereses comunes. Y por supuesto, contrapuestos con los intereses de la clase dominante parasitaria.

Sin embargo,  cuando vos, que sos de clase media, repetís el versito mediático de que “el empleado público es nuestro empleado”, te aflora tu veleidad de patrón. Y así justificás alegremente que la derecha mediática encabezada por La Voz del Interior publique lo que gana cada trabajador de la EPEC, de la Municipalidad o de la Provincia.

Pero resulta que el empleado público no es empleado tuyo, es empleado del Estado, algo muy distinto. Es un compañero tuyo de clase, y tiene los mismos intereses que vos. Uno de ellos es lograr un salario digno, que arrastre a los salarios del sector privado para arriba y que genere algo fundamental para el bienestar de todos: el mercado interno. Porque los 20, 30 o 40 mil pesos que pueda cobrar un trabajador estatal, ¿en qué creés que lo va a gastar? Lo va a gastar en mercado interno, en vivir más dignamente, en comer y vestir él y su familia, en el almacén de la esquina, en tu negocio o en ir a verte a vos al teatro. Lo va a gastar en vos, en mí, en nosotros. No lo va a llevar a las guaridas fiscales de Panamá o las Islas Caimán, como hace la clase dominante parasitaria.

Es triste que los periodistas sean tan desclasados como para conspirar contra sí mismos. Porque uno puede entender la actitud de un Osvaldo Salas, presidente y gerente general de La Voz del Interior Sociedad Anónima, o de Carlos Jornet, director periodístico y miembro de la Junta de directores de la misma empresa. Ellos ganan mucho más de 100 mil pesos mensuales, si vamos a decir cuánto gana cada uno.

Y esos también son dineros públicos, porque viven de la pauta oficial, de la Nación, de la Provincia y de la Municipalidad. Así que si es por saber adónde van tus impuestos, es más importante saber cuánto ganan Salas y Jornet que saber cuánto gana un trabajador municipal. 
Pero decía que es lógico que Salas y Jornet formen parte de esta embestida contra los trabajadores, porque están haciendo una defensa de clase. 
Lo que no se entiende es la actitud del o la periodista que escribe las notas escrachando a otros trabajadores. Esa periodista quizás crea que no es trabajadora, que es algo distinto, y ahí está el problema.

Para que vos veas hasta dónde llega el grado de explotación de La Voz del Interior SA hacia sus trabajadores, un par de datos nomás. Por supuesto, como desde hace muchos años, son casi imposibles las asambleas en la redacción. Por supuesto, como desde siempre, el diario encabeza la posición patronal en la paritaria, condenando a sus trabajadores a un mísero aumento anual del 19 por ciento.

Pero últimamente surgió la novedad de que nombran jefes por todos lados y a cambio de migajas, porque de esa manera se aseguran de que la mayoría de los trabajadores no hagan paros, condenados por un sello en la frente que dice “jefe”.

Y el colmo de los colmos. Les cobran a sus empleados algo que es gratis. Una muestra de pillaje menor. El miércoles de la semana pasada, 24 de mayo, se hizo un avant premier del espectáculo del Cirque du Soleil. La productora mandó entradas gratis a algunos medios de prensa. Sin embargo, los directivos de La Voz del Interior SA se las cobraron a sus trabajadores. Ningún medio llegó al extremo de cobrarles a sus trabajadores algo que en realidad no se podía vender.

Esa es la calaña de nuestra clase dominante parasitaria.
Vos, ¿de qué lado estás?

Tenés las dos fotos para ubicarte en la cancha:
o con Marcos Peña y Carlos Jornet
o con Rubén Daniele y los trabajadores

(*) Periodista y politólogo

Peña y carlos Jornet

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