Sampaoli y la revolución organizativa

La Selección 04/05/2017
Cuando los capos de la nueva vieja AFA eligieron al santafesino que entrena al Sevilla, hicieron un escaso esfuerzo para blindar las gestiones. Al contrario: lo comentaron con la prensa cómplice. Entonces se armó la balacera, en la que el propio técnico resultó herido.
Ampliar
Jorge Sampaoli

chapa_ed_impresa_01

Es una verdad a medias que Argentina lleva mucho tiempo sin ganar un título mundial: los micrófonos generosos de los periodistas han inflado temas y protagonistas, al punto tal que todo el mundo siente que tiene el derecho (cosa que no se discute) y la autoridad (mmmm…) para opinar de lo que venga. En ese rubro, no hay quién nos gane: somos los campeones del mundo de la opinología, un deporte moderno que consiste en manosear los temas para rebajarlos al límite de lo vulgar, un espacio mínimo en el que aparecen los todólogos.


El fútbol, vaya novedad, es un escenario de fácil acceso. Socialmente fértil para recibir a todos. Si una charla cualquiera queda en piloto automático, seguro que desemboca en el “fulbo”… Nuestro primer juguete fue una pelota. Y al día de hoy, muchos de nosotros no nos vamos a la cama pensando en una gran nota, sino en un gol inolvidable, heroico… y sobre la hora.
Por eso, los asuntos del fútbol se convierten en temas de Estado. Tal vez no sepamos quién es el ministro de Educación, pero seguramente todos tienen (tenemos) una posición referida al entrenador de la Selección nacional.


A Edgardo Bauza ya le hicieron la autopsia. Primero los dirigentes, que lo maltrataron innecesariamente; luego, claro, los opinadores… La construcción de teorías capaces de explicar por qué la Selección del “Patón” jugó mal, desmintiendo incluso los preceptos básicos de la filosofía de juego del entrenador, dejaron a Bauza con una calificación extremadamente baja. Es cierto: la mejor editorial de los entrenadores es el comportamiento de sus equipos en el campo. Y éste equipo dio pena.
La cuestión es ¿y ahora? ¿De qué debemos despegarnos? ¿Quién podrá defendernos? Como el héroe salvador no es el Chapulín Colorado sino que el Chiqui Tapia, caminamos en un piso resbaladizo desde hace rato. Seamos justos: antes del Chiqui ya veníamos con la luz apagada, aunque su nombramiento como presidente de la AFA legitimó la idea de que los cambios profundos deberán esperar… Perdemos aceite con los juveniles; vamos de mal en peor con los grandes, con estructuras organizativas trazadas con lápiz; con clubes endeudados… y la muchachada reclamando que el fútbol continúe gratis para todos.
En ese escenario, aparece el nombre de Jorge Sampaoli. Acribillado por Carlos Bilardo y ahora por el Diegote, su presencia parece resistir los cuestionamientos ante la necesidad de consensuar un entrenador serio, inteligente, de capacidad probada, focalizado en que para ganar, primero hay que jugar bien. Y para jugar bien, es necesario ordenar la casa.


Si logramos aislar a su figura del mamarracho de Tapia y sus secuaces, podremos intentar una interpretación sobre los cómo y los porqués. Cuando los capos de la nueva vieja AFA eligieron al santafesino que entrena al Sevilla, hicieron un escaso esfuerzo para blindar las gestiones. Al contrario: lo comentaron con la prensa cómplice…. Entonces se armó la balacera, en la que el propio técnico resultó herido.
Tapia debería explicar cuál es el criterio y de qué proyecto se habla, porque a ver si nos entendemos: los proyectos no deben ser de los entrenadores, sino de los clubes. En este caso, la AFA. Sí, ya sé, estamos en Argentina.  

Entonces, ¿quién es Jorge Sampaoli? ¿Acaso no hay buenos entrenadores en el país? ¿A quién le ganó Sampaoli? ¿Es como dice Maradona, que está inflado? ¿Merecen una oportunidad otros excampeones del mundo? La lista de preguntas es interminable, pero las respuestas no logran superar la instancia del ruido.
Jorge Sampaoli es la consecuencia de un clamor. No necesariamente se exige por él, pero sí por alguien que le ponga un final urgente a 15 años de decadencia insoportable. No es un mago, ni un cultor del perfil alto. Se ganó el respeto en Chile después de luchar en Ecuador y Perú, países con ligas de vuelo muy inferior a la argentina, pero que no le regalaron nada.


Oficialmente, desconocemos las razones que condujeron a Sampaoli, aunque el legajo del exentrenador de Universidad de Chile es clarito. Le gusta trabajar con orden; planificar; tomar las decisiones sin tanta democracia en el vestuario; le asigna a su rol una importancia alta en la preparación y la modera muchísimo durante los partidos; confía en los jugadores. Aunque no es un tema del que hable todos los días, Sampaoli está enamorado futbolísticamente de los manuales del entrenador que redactó Marcelo Bielsa en el campo, en los hechos. Con gestos y conductas.
El problema de don Jorge es que le tocó entrar a escena en medio de la polvareda, porque en Sevilla lo tienen como un caballero. Y los caballeros no tienen amantes. Menos si se trata del Chiqui Tapia.
Si finalmente, Sampaoli se hace cargo de la Selección argentina, lo espera una tarea mayúscula. No existe otra manera de trabajar que generando un clima nuevo. Y eso se obtiene proponiendo una revolución organizativa que le devuelva a los jugadores el orgullo de vestir esa camiseta y a los dirigentes la certeza de que ya es hora de comprender que no existen los milagros. Ni siquiera, con Messi de nuestro lado.

Te puede interesar