Caso David Moreno: “Hubiera preferido perder a mi hijo por una enfermedad y no de esta manera”

Córdoba 20/04/2017
Lo dijo Rosa Martínez en el juicio por el asesinato de su hijo, ocurrido durante la represión policial el 20 de diciembre de 2001. Durante el proceso se calcula que prestarán declaración más de 120 testigos.

Después de 15 años  y tres meses, los padres de David Ernesto Moreno de 13 años, declararon  como testigos ante el tribunal conformado por  Susana Moreno Cordi, Carlos Ávalos Granda y Mario Capdevila. Tras el rechazo al incidente planteado por los defensores particulares de los imputados Hugo Cánovas Badra y Daniela Adán se inició la etapa testimonial.

Luis Eduardo Moreno y Rosa Elena Martínez de Moreno, los padres de David, trazaron el perfil del adolescente y sus perspectivas de futuro truncadas por  las balas de plomo disparadas por  orden del estado que debía cuidar su integridad. Ofrecimientos de dinero de parte del gobierno provincial. Amenazas, enfermedades y dilaciones. El dolor sigue vivo. Confían en que este proceso tal vez les traiga un poco de alivio.

El niño es una de las 39 víctimas de la rebelión del 19 y 20 de diciembre que culminó con la renuncia de Fernando de la Rúa. En Córdoba, gobernaba José Manuel de la Sota señalado por María Elba Martínez, la abogada que inició esta causa, como “el responsable político” de lo ocurrido.

Rosa: “No estaba preparada”

El 19 de diciembre por la noche David llegó cansado había estado jugando a la pelota”, evocó Rosa. “Hicimos una canchita y mañana vamos a volver”, le había comentado su hijo. Cenaron y se acostó. La hija mayor que trabajaba en el comercio la llamó por teléfono para recomendarle que “no salgan los chicos; hay un ambiente feo en la calle”. La televisión mostraba imágenes de lo que estaba pasando. Salieron a la calle con su esposo y vieron desde lejos las luces de los patrulleros.

Al otro día, Eduardo no se sentía bien. Fueron al médico y lo dejaron internado en Terapia Intensiva en una clínica de Villa Allende. Cuando regresó David jugaba con su nieta y le daba caramelos. En un momento dado, cuenta, lo llamó para que juntos ordenaran sus cosas de la escuela. “Pueda ser que el año que viene sea más prolijo”, le dijo mientras se acercaba. Por esos días, había terminado de rendir ocho materias  y pasaba a segundo año.

A la siesta -calcula que a las 14:30 – salió a bañarse con los chicos en el canal. Ella le dice que debía volver antes de las 17 así se iba a la clínica y le compraba unas ojotas. A eso de las 16 escucharon unos disparos. Entonces, el mayor de sus hijos notó su preocupación por que el niño no volvía y fue a buscarlo por la zona. Volvió y le dijo para tranquilizarla que efectivamente se estaba bañando.

Cuando retornó de la clínica en horas de la noche su hija menor la esperaba en la puerta y le avisó que “David  no volvió en toda la tarde”. Pensó  “qué le habrá pasado”. Salieron a buscarlo. Fueron  al precinto 34, llamaron a la seccional 14. Alguien deslizó ¿No habrá ido al MiniSol? Circulaba la versión que durante la represión “habían matado un chico en el barrio”.  Ella no lo sabía. Llegaron el yerno, la suegra, cuñados, tíos y otros familiares. Cuando su yerno se arrodilló y le dio la peor noticia “No estaba preparada. Me cambió la vida. Perder un hijo no tiene palabras”, le dijo al Tribunal. “Nunca supimos cómo llegó al supermercado”. Con el tiempo se enteró que habían estado con su amigo Alejandro en un local de video juegos de la zona. Y que el amigo se volvió antes.

Al poco tiempo se acercó un señor Ullúa quien aseguraba haber visto todo. Habló con la abogada y cree que declaró. Nunca más fue visto.  Después vendrían las amenazas.

Los días hermosos

Tras responder otras preguntas sobre la causa evocó “Esos días hermosos que pasamos” cuando lo ayudaba a estudiar.  “Era un chico súper capaz, inquieto, conversador. Le gustaba estudiar conmigo. Yo le preguntaba y el respondía. Me quedó eso tan lindo. Esa unión que hubo para que él saliera adelante”.   “Era hincha de Belgrano y de Boca y en el barrio de Peñarol. Era un niño feliz. Le gustaba pescar, jugar al fútbol y en las navidades los fuegos de artificio” . Y se acordó de una nochebuena cuando un globo cayó del cielo sobre ellos. “Me quedó eso, tan lindo. Ese compañerismo que hubo y que duró tan poquito”, expresó, conmovida.

Y acotó: “Hubiera preferido perder a mi hijo por una enfermedad y no de esta manera tan injustificada, tan inútil.  Víctima si se quiere de una violencia o de una corrupción de la que no tuvo nada que ver.  Acá hubo represión policial. Pero la policía no trabaja sola”, comentó, sobre las jornadas del 19 y 20 de diciembre. Aludió a la situación política y social de aquel momento y a las víctimas inocentes.

Contó las situaciones difíciles que afrontaron en todos estos años. Enfermedades graves como cáncer de mama y luego de colon. Su esposo otro tanto. Fue operado tres veces de cadera a lo que sumaban problemas renales y cardíacos. Todas afecciones de lenta recuperación que les restaron tiempo para desandar los pasillos de tribunales.

Fue una lucha permanente. Estar pendientes de todo. El tiempo que pasó hasta que se logró hacer la reconstrucción y la elevación a juicio en 2008. Pero se presentaban recursos, apelaciones, la feria judicial. Y así fue pasando el tiempo. Todos los años una nueva  frustración”, señaló. También hizo referencia a los costos de la justicia.  En 2014, les llegó una cuenta por un recurso extraordinario presentado ante la CSJN por María Elba Martínez  y que además no fue aceptado. “Sumado al dolor, encima tenés que pagar y sin que haya una respuesta. No puede ser así”, amplió.

Uno de los abogados, codefensor del imputado Cánovas, le expresó sus condolencias y le avisó que debía hacerle unas preguntas para dilucidar lo que pasó y llegar a la verdad real.

-  El David ¿Militaba en algún grupo social, de derechos humanos, centro vecinal? -Interroga el letrado.

        No. Tenía 13 años. La militancia de él era el  fútbol y las  figuritas-responde la madre.

Le preguntó además sobre la abogada, el padrino de bautismo del niño y los vínculos con los hermanastros de su esposo, ambos policías. Así como la contextura física, peso, talla y vestimenta de la víctima. También sobre su amigo Alejandro Martínez y otras precisiones sobre un tal “Alonso” que desconoce.

 Eduardo: Había mucho miedo en el barrio”

Antes, precisamente a las 10:46, ingresó Luis Eduardo Moreno. Vestido de sport y de buen semblante. Tiene 64 años y trabaja como empleado. Durante 45 minutos respondió las preguntas de las partes y revivió aquellos momentos de dolor cuando su esposa y otros familiares le avisaron que David había sido asesinado el día anterior en cercanías del supermercado MiniSol. Estaba internado en Terapia Intensiva en un sanatorio de Villa Allende.

Lo que pasó en adelante, hasta que lo sepultan, pasé esos días con tranquilizantes. Recuerdo haberlo visto en el cajón, muerto. Los abrazos de familiares y amigos”, revive, y se le quiebra la voz.

A los días, mientras la abogada María Elba Martínez  se había hecho cargo de la causa judicial y realizaba las tramitaciones correspondientes, el matrimonio fue visitado por un  funcionario del Tesoro provincial. Venía en nombre del gobernador José Manuel de la Sota a ofrecerles dinero. “Le dije que lo que nosotros necesitábamos era saber qué había pasado. En  qué circunstancias había muerto. No sabemos quién tiró. No tenemos idea. Y este señor nos ofrece dinero. Nosotros queríamos Justicia”, rememora. Al otro día, desde el gobierno dijeron que se trataba de una ayuda para los gastos de sepelio.

 Miedo y Amenazas

En otro tramo de la declaración recordó que en aquel momento “Había mucho miedo en el barrio por la represión que había habido. Había gente que decía que fue la policía”.

Contó que en todos estos años recibieron  amenazas y mensajes mafiosos.  Asedio telefónico. Insultos, frases intimidatorias o largos silencios eran moneda corriente.

A su hijo el mayor, en una oportunidad,  lo paró un móvil policial. “Lo rodean. Le preguntan qué andaba haciendo y le meten la mano en el bolsillo. Cuando llega a la casa, asustado, ve que le habían dejado 5 cartuchos de escopeta. Era un mensaje mafioso.  Dos verdes y tres rojos”, revela.  No era difícil interpretar el mensaje. Sin David la familia se redujo a cinco integrantes. Ellos y sus hijos Verónica, Mario y María Laura.

Los abogados de la defensa tras manifestarles sus condolencias lo interrogaron sobre los vínculos familiares que lo unían a los hermanos Sergio y Claudio Araya. El testigo respondió que eran medio hermanos. (Hijos de la misma madre, el padrastro era el padre de ellos). Uno de ellos, era el padrino de David. Ambos son policías. Y asistieron al sepelio del chico.

También se interesaron por el aspecto físico de la víctima que era alto para su edad y robusto. Su padre recordó que “en el pasillo (de la casa) nos chocábamos”. También averiguaron sobre los amigos del joven, la ropa que llevaba puesta ese día, y precisiones horarias.

Eduardo respondió con entereza y tranquilidad a todas las preguntas que le hicieron los abogados defensores de Cánovas. Solo reaccionó, enfático, ante la pregunta ¿A qué se dedicaba su hijo? formulada con cierto desdén por el abogado de la provincia.

También declaró Marcelo Fregenal, víctima de  lesiones graves, al igual que Luciana Parra y Ruben Fosarelli. Las audiencias se realizarán lunes, martes y jueves desde las 9, en la Cámara Primera del Crimen. El juicio es oral y público.

Fuente: Prensared

Te puede interesar