Perú y sus contrastes, como en 2012

Opinión 06/10/2016
(*) Arturo Jaimez Lucchetta. Especial desde Lima
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1 / 2 - - Gentileza Carlos Gómez

El clima juega, piensa el cronista seguro de que la hora y media de trote le pesó más que en Córdoba. Mientras corre mira a oriente y occidente, el mar está del otro lado, acostumbrado a las playas del Atlántico. Sopla una brisa fresca que trae el aliento de un océano más contaminado que Pacífico. La humedad lo ahoga pero igual sigue su rumbo. Mientras la Selección Argentina descansa en San Isidro, la Manhattan de Lima, en los bares y en las calles los peruanos gritan, tocan bocina y piensan que para perder hubiera sido mejor contra Messi. La gente bate el parche madiático contra Gareca y asegura que la Plaza Roja de Moscú queda más lejos que Qatar. Argentina es favorita por 10 soles. Desde Miraflores a San Borja y los suburbios el ojo del periodista no ve grandes cambios. Desde 2012 que pasó por estas tierras, la cosa sigue más o menos igual. Las miserias de la “estabilidad económica” muestran pobres establemente pobres y ricos establemente ricos, como Dios manda, diría un neoliberal católico apostólico y romano. Mientras tanto niñas, señoritas y señoras se prostituyen por un par de soles y a pleno sol. Cae la tarde y es una sola nube gris parda, del mar viene una brisa con un blend que huele a hierba y meada. El redactor corre suda y piensa que ya es una buena hora para cambiar de rumbo y medio de transporte. En la visita guiada del citytour por el centro histórico y plaza de armas, el guía asegura que San Martín es tan libertario y peruano como Tupac y Atahualpa. Habla de la gesta independentista a sable corvo, de libertad de vientre y sueños de república. Argentina marca tendencias, en la historia y la cultura. En los bares rockeros Fito Páez es más popular que en Rosario y Calamaro tan esperado como los Guns´n Roses. El Salmón y la banda de Axel estarán en Lima antes de fin de año. Ráfaga también suena por la calle de las pizzerías junto a estridores de cumbia local e importada. Allí gentes de mil lenguas ponen en jaque el disparate de la torre de Babel y el cronista se despide preguntando dónde andará Chabuca Granda.

(*) Relator de Radio Impacto, médico recibido

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